Una joven condenada como villana renace antes de su muerte y, al descubrir el legado oculto de las Espinas, deberá aliarse con el temido Duque Raven para enfrentar una antigua conspiración que amenaza al Imperio.
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Capítulo 8. Las Sombras Comienzan a Moverse
Durante años, Aria había imaginado muchas veces cómo comenzaría todo.
En su vida anterior, las conspiraciones aparecieron lentamente.
Como una enfermedad.
Invisible al principio.
Mortal cuando finalmente era descubierta.
Ahora estaba ocurriendo de nuevo.
Pero esta vez ella podía verlo.
Después de la aparición de los jinetes, Aldric reforzó inmediatamente las medidas de seguridad alrededor de su refugio.
Cambió rutas.
Borró rastros.
Ocultó provisiones.
Incluso trasladó varios documentos importantes a escondites que solo él conocía.
Aria observaba todo aquello con atención.
Aquello no era el comportamiento de un simple guerrero.
Era el comportamiento de un hombre acostumbrado a ser perseguido.
—¿Cuánto tiempo llevas huyendo?
La pregunta escapó de sus labios una mañana.
Aldric afilaba una espada junto a la cabaña.
No respondió inmediatamente.
—Mucho tiempo.
—¿Desde la muerte de Elara?
El movimiento de la piedra sobre el acero se detuvo.
Por apenas un segundo.
Pero Aria lo notó.
—Sí.
Aquella fue toda la respuesta que obtuvo.
Los días siguientes estuvieron llenos de entrenamiento.
Pero algo había cambiado.
La amenaza era real ahora.
Ambos lo sabían.
Aldric comenzó a enseñarle cuestiones más prácticas.
Cómo escapar de una emboscada.
Cómo detectar vigilancia.
Cómo reconocer señales secretas.
Cómo desaparecer entre una multitud.
Lecciones que ninguna dama noble aprendería jamás.
Y que resultaban mucho más valiosas que cualquier baile de la corte.
Una tarde, mientras regresaban de una aldea cercana, encontraron algo inesperado.
Un niño estaba siendo acosado por tres muchachos mayores.
Nada particularmente extraordinario.
Un incidente común.
Uno que la mayoría de las personas ignoraría.
Sin embargo, Aria se detuvo.
El niño intentaba proteger una pequeña bolsa de tela.
Los otros trataban de arrebatársela.
—Devuélvemela.
—Entonces deja de esconder cosas.
—No es asunto suyo.
Aldric observó la escena.
—Ignóralo.
Aria giró la cabeza.
—¿Qué?
—Te estoy enseñando observación. Observa.
La joven volvió la vista hacia los niños.
Y comprendió inmediatamente.
Aquello no era una pelea común.
Los agresores no intentaban robar dinero.
Buscaban información.
Insistían demasiado.
Presionaban demasiado.
—No son niños normales.
Aldric sonrió.
—Exacto.
Aria intervino.
Y pocos minutos después los tres muchachos huían en direcciones distintas.
El niño permaneció allí.
Temblando.
Abrazando su bolsa como si fuera un tesoro.
—¿Cómo te llamas?
—Liam.
La respuesta fue apenas un susurro.
Aria observó al muchacho.
Cabello oscuro.
Ojos inteligentes.
Movimientos rápidos.
Y una costumbre muy peculiar.
Mientras hablaban, Liam no dejaba de observar todo a su alrededor.
Personas.
Entradas.
Ventanas.
Calles.
Todo.
Aldric también lo notó.
—¿Qué escondes en esa bolsa?
Liam dudó.
Luego la abrió.
Dentro había varios papeles.
Notas.
Nombres.
Direcciones.
Observaciones.
Información.
Mucha información.
Aria quedó sorprendida.
El muchacho apenas tendría doce años.
Pero llevaba meses recopilando rumores de pueblos cercanos.
Movimientos de comerciantes.
Viajes de nobles.
Actividades sospechosas.
Todo perfectamente organizado.
Como una pequeña red de espionaje improvisada.
—¿Por qué haces esto?
preguntó Aria.
Liam bajó la mirada.
—Porque la gente desaparece.
El silencio se volvió pesado.
—¿Qué gente?
—Personas que hacen preguntas.
La respuesta hizo que Aldric y Aria intercambiaran una mirada.
Aquello era peligroso.
Demasiado peligroso.
La información recopilada por Liam resultó todavía más inquietante.
Varias desapariciones recientes estaban relacionadas con personas que investigaban ruinas antiguas o familias desaparecidas.
Justamente los temas sobre los que trabajaban ellos.
Aquella noche, Aria revisó cada uno de los documentos.
Y encontró algo que hizo que el corazón le diera un vuelco.
Un símbolo.
Pequeño.
Oculto en varios informes.
Una rosa negra.
El mismo símbolo que había aparecido varias veces en el diario de Elara.
—Aldric.
El hombre levantó la vista.
Aria le mostró el papel.
La expresión del maestro se endureció inmediatamente.
—Entonces ya comenzaron.
—¿Quiénes?
—Las personas que destruyeron a los Espina Negra.
El silencio llenó la habitación.
Por primera vez desde que encontró las ruinas, Aria sintió que la distancia entre el pasado y el presente desaparecía.
La historia ya no estaba escondida en un diario.
Estaba ocurriendo.
Aquí.
Ahora.
Y se estaba acercando.
Aquella noche nadie durmió demasiado.
Porque mientras observaban la rosa negra dibujada sobre el papel amarillento, comprendieron una verdad inquietante.
Los enemigos que habían perseguido a Elara Espina Negra no habían desaparecido.
Solo habían esperado.
Y acababan de volver a moverse.
Más bien parece apodo como: Roberto Gómez Bolaños "Chespirito",
Javier López "Chabelo", Yolanda Montes "Tongolele", Roberto Cobos "Calambres", Germán Valdés "Tin Tan", Gaspar Henaine "Capulina", Manuel "Loco" Valdez, Jorge "Burro" Vanrranqui, etc.🤷♀️🙎♀️
Si apenas estás viviendo la segunda "según".🤨 "🤷♀️"
A no ser que ya tuvieras vivido otra antes de la de la higuera. Y entonces está sería la tercera y ya tendría sentido la frase de " sus dos vidas". 🧐