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LA HEREDERA DEL SILENCIO

LA HEREDERA DEL SILENCIO

Status: En proceso
Genre:Aventura de una noche / Casarse por embarazo / Malentendidos
Popularitas:869
Nilai: 5
nombre de autor: Genesis YEPES

Valentina Rivas es la heredera de un poderoso imperio empresarial. Tras desaparecer dos meses, regresa a casa marcada por un secreto que no puede revelar. Su matrimonio por contrato con Aniel, un hombre reservado y observador, se tensa cuando comienzan a llegar amenazas silenciosas: fotografías de su hija y mensajes que demuestran que alguien cercano conoce cada debilidad de su familia.
Mientras el tiempo del contrato se agota, Valentina debe decidir entre seguir callando para proteger a los suyos o enfrentar la verdad que podría destruirla. En un mundo donde el poder se hereda y el silencio tiene un precio, algunas herencias no se eligen.

NovelToon tiene autorización de Genesis YEPES para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

SILENCIO

El resto de la jornada pasó como una niebla espesa.

Firmé documentos que no leí del todo. Aprobé reuniones que no recordaría después. Sonreí cuando alguien entraba a mi despacho y respondí con la voz firme que se esperaba de Valentina Rivas. Pero cada vez que la puerta se abría, el estómago se me contraía. Cada vez que el teléfono sonaba, pensaba que sería él.

La fotografía de Anisette seguía dentro del cajón con llave. La había mirado una sola vez más, solo para confirmar que no era un delirio no lo era. La imagen era nítida. El ángulo, profesional. Alguien había estado lo suficientemente cerca de mi hija como para capturarla sin que nadie lo notara.

Cuando salí de la oficina eran casi las siete. El solecito de la tarde ya se estaba apagando. En el estacionamiento revisé el auto dos veces antes de subir miré por el retrovisor más de lo necesario. Cada coche que se detenía demasiado cerca me ponía los nervios de punta.

Llegué a casa con el corazón todavía acelerado. Apenas entré, escuché la risa de Anisette en la sala. El sonido me golpeó el pecho con una mezcla de alivio y terror.

Estaba sentada en la alfombra con Aniel, construyendo una torre de bloques de colores. Él estaba en el suelo, en mangas de camisa, el cabello un poco desordenado, sonriendo de verdad por primera vez en días. Cuando me vio, la sonrisa se suavizó, pero no desapareció del todo.

—Mami llegó

dijo Anisette, levantándose de un salto.

Corrí hacia ella y la levanté en brazos con más fuerza de la necesaria. La apreté contra mí, oliendo su cabello, sintiendo el calor de su cuerpecito. Por un segundo cerré los ojos y pretendí que el mundo fuera solo eso.

—Te extrañé

susurré.

—Yo también, mami. Mira lo que hicimos con papi.

Aniel se puso de pie con calma. Me observó mientras yo todavía no soltaba a la niña.

—¿Todo bien en la oficina?

preguntó.

—Sí

mentí.

—Solo mucho trabajo acumulado.

Él asintió, pero no apartó la mirada. Sabía que algo no estaba bien lo había sabido desde el primer día. La diferencia era que ahora yo ya no podía permitirme que se acercara demasiado a la verdad.

Durante la cena intenté actuar normal. Hablé con Anisette de su día en el colegio, le pregunté por sus amigas, reí en los momentos correctos. Aniel comía en silencio, interviniendo solo cuando la niña le dirigía la palabra de vez en cuando nuestras miradas se cruzaban y yo era la primera en desviarlas.

Después de bañar a Anisette y acostarla, me quedé un rato sentada en el borde de su cama, acariciándole el cabello mientras se dormía. La fotografía me perseguía. La idea de que alguien hubiera estado tan cerca de ella me revolvía el estómago. Me pregunté si Rafael había sido el que tomó la foto… o si había pagado a alguien para hacerlo. Cualquiera de las dos opciones era aterradora.

Cuando salí de la habitación de mi hija, Aniel me esperaba en el pasillo, apoyado contra la pared con los brazos cruzados.

—Necesitamos hablar

dijo en voz baja.

—Estoy cansada, Aniel.

—Lo sé. Pero esto no puede seguir así.

Me quedé quieta. Él se acercó un paso, lo suficiente para que bajara la voz todavía más.

—Desde que volviste estás… distinta. Te estremeces cuando alguien se acerca demasiado. No duermes en nuestra habitación. Apenas comes y hoy llegaste a casa con la misma cara de quien acaba de recibir una mala noticia.

Tragué saliva.

—El trabajo está pesado nada más.

—No me mientas.

La forma en que lo dijo no fue agresiva. Fue cansada casi resignada.

—No te estoy mintiendo

respondí, aunque la mentira me quemaba la lengua—Solo necesito tiempo.

Aniel pasó una mano por su rostro y suspiró.

—¿Tiempo para qué, Valentina? ¿Para seguir fingiendo que estás bien delante de mí?

El uso de mi nombre me dolió más de lo que esperaba.

—No estoy apagándome.

—Sí lo estás. Y yo… yo no sé cómo ayudarte si no me dejas entrar.

Hubo un silencio largo. En ese silencio cabían todos los años de distancia, todas las noches en las que dormimos en la misma casa sin tocarnos, todas las conversaciones que nunca tuvimos sobre aquella primera noche y sobre el contrato que nos ataba.

—No necesito que me ayudes

dije al final, con la voz más fría de lo que pretendía.

—Solo necesito que cuides a Anisette. Eso es suficiente.

Aniel me miró como si le hubiera golpeado.

—Eso siempre lo he hecho.

respondió con suavidad.

—Y lo seguiré haciendo. Pero no voy a quedarme de brazos cruzados viendo cómo te destrozas en silencio.

Se apartó de la pared y caminó hacia nuestra habitación. Antes de entrar, se detuvo sin girarse.

—Cuando quieras hablar de verdad… estaré aquí. Aunque sea solo por ella.

La puerta se cerró con un clic suave.

Me quedé sola en el pasillo, con la espalda apoyada contra la pared y las manos temblando. Quise correr detrás de él y contarle todo. Quise gritarle que Rafael me había destruido, que ahora amenazaba a nuestra hija, que tenía miedo de que el siguiente paso fuera mucho peor.

Pero no lo hice.

Porque el plan de Rafael no era solo lastimarme a mí.

Era usar a todos los que yo amaba.

Y si abría la boca demasiado pronto, no sabía qué precio terminaríamos pagando.

Esa noche volví a dormir en el cuarto de huéspedes. Me acosté vestida, con la luz del pasillo filtrándose por debajo de la puerta, y me repetí una y otra vez que tenía que aguantar. Que tenía que ser más fuerte que el silencio, por ahora, era la única forma de protegerlos.

Pero el silencio empezaba a pesarme demasiado.

Y vez desde que había vuelto, me pregunté cuánto tiempo más podría cargar con él antes de quebrarme por completo.

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karencitha
no entiendo porque se queda cayada porque no le cuenta lo que le paso 😡
rey marisol
oh Dios
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