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EL NIDO DEL FENIX. ALIANZA DE ALQUILER

EL NIDO DEL FENIX. ALIANZA DE ALQUILER

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Matrimonio arreglado / Matrimonio contratado / Romance / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Natalia tiene 25 años y es la exitosa CEO de un prestigioso bufete de abogados en Londres. Sin embargo, su imperio de cristal esconde un pasado oscuro: huyó de Zúrich para escapar de un matrimonio forzado impuesto por su multimillonario y arcaico padre. Cuando el patriarca la localiza y le lanza un ultimátum económico para arrastrarla de vuelta a Suiza, Natalia y su mejor amiga diseñan una solución desesperada: contratar a un marido de alquiler para blindarse legalmente.
Lo que Natalia no imagina es que el candidato enviado en secreto por su hermano es Óscar Alexander Sterling, su primer amor de la adolescencia. Nueve años de separación lo han transformado de un chico desgarbado con gafas en un imponente, musculado y sofisticado ingeniero naval. Ella no lo reconoce, y él decide ocultar su identidad para protegerla. Encerrados en una convivencia forzada dentro de un ático de una sola habitación, la pasión y los roces domésticos no tardarán en estallar.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 3. EL CHICO DE LAS SUDADERAS ANCHAS

Al escuchar aquella voz, el tiempo pareció detenerse en el patio del instituto. Marcus y sus amigos se giraron con brusquedad, molestos por la interrupción. Yo, con las palmas de las manos ardiendo por los raspones del asfalto, levanté la cabeza lentamente, apartándome un mechón de pelo de la cara.

Frente a nosotros se encontraba un chico. A primera vista, no parecía el tipo de héroe que uno esperaría encontrar en las novelas. Era dos años mayor que yo, tendría unos dieciséis, y se notaba a leguas que estaba en esa incómoda etapa de la adolescencia donde el cuerpo crece más rápido que la gracia para manejarlo. Era muy alto, considerablemente más alto que Marcus, pero tenía una postura desgarbada, un tanto encorvada, como si intentara disculparse por ocupar tanto espacio. Vestía una sudadera gris tres tallas más grande que le bailaba en los hombros y unos pantalones deportivos amplios que reforzaban su aspecto descuidado. Llevaba el cabello oscuro rapado muy corto y unas gafas de montura gruesa que, debido a la fina lluvia, se le resbalaban constantemente por el puente de la nariz.

—¿Y tú quién eres? No te metas donde no te llaman, cuatro ojos —escupió Marcus, intentando mantener su fachada de tipo duro, aunque dio un medio paso hacia atrás al verse superado en estatura.

El chico de las sudaderas anchas no se inmutó. Dio un paso al frente, interponiéndose con total naturalidad entre los agresores y yo. Se subió las gafas con el dedo índice y los miró fijamente desde la altura de sus cristales. No había miedo en sus ojos oscuros, solo una determinación fría y serena que impactó de inmediato a los matones.

—He dicho que os larguéis —repitió él, con una voz calmada pero que arrastraba una autoridad imponente—. Somos tres contra uno si cuentas a tus amigos, Marcus, pero te aseguro que el primero que dé un paso no va a salir bien parado. Y mañana el director sabrá exactamente quiénes han sido. Decidid vosotros.

Marcus miró a sus secuaces buscando apoyo, pero estos ya estaban mirando hacia la salida, intimidados por el tamaño del recién llegado y la mención al director. Tragando saliva y soltando un bufido despectivo para intentar salvar el orgullo, Marcus dio un paso atrás.

—Vámonos, tíos. No vale la pena perder el tiempo con esta estirada y su guardaespaldas —dijo Marcus, dándose la vuelta.

Los tres chicos se alejaron apresuradamente por el patio, dejándonos a solas bajo la llovizna de Zúrich. El silencio volvió a reinar, roto solo por el sonido de las gotas de agua al chocar contra el suelo.

El chico se giró hacia mí. Toda la rigidez y la autoridad que había mostrado frente a Marcus se evaporaron en un segundo, volviendo a adoptar esa postura tímida y un tanto torpe que parecía ser su estado natural. Se agachó a mi lado y, con un cuidado infinito, empezó a recoger mis cuadernos empapados y mis lápices esparcidos por el suelo.

—Hola... Lo siento mucho por lo que ha pasado —dijo con voz suave, sin mirarme directamente a los ojos, como si temiera incomodarme—. Esos idiotas siempre hacen lo mismo. Me llamo Óscar.

—Yo... yo soy Natalia —alcancé a decir, con la voz todavía temblorosa mientras intentaba ponerme de pie.

Al notar que me costaba apoyar las manos por las heridas, Óscar dejó los libros a un lado y me tendió una mano. Sus dedos eran largos y cálidos. Al sujetarme de él, sentí una firmeza que me dio una extraña seguridad. Me ayudó a levantarme y luego me entregó mi mochila, que ya estaba un poco más organizada.

—Tienes las manos y las rodillas sangrando —observó él, ajustándose las gafas que se le habían vuelto a resbalar—. Deberías ir a la enfermería del instituto, pero ya está cerrada. Si quieres, tengo un botiquín en mi casillero. Puedo ayudarte a limpiarte eso.

Yo estaba acostumbrada a que las institutrices de mi padre me curaran con frialdad y reprimendas por haber sido descuidada, o a que mi madre se lamentara entre sollozos. La oferta de Óscar, desinteresada y tranquila, me pareció un oasis. Asentí con la cabeza, incapaz de articular muchas palabras.

Caminamos en silencio hacia la zona de los casilleros interiores del edificio principal. Óscar caminaba a mi lado, adaptando su largo paso al mío, que todavía era un poco torpe por el dolor de las rodillas. Cuando llegamos a su casillero, vi que estaba pulcramente ordenado, lleno de libros de texto gruesos, novelas de aventuras y, efectivamente, un pequeño botiquín de primeros auxilios.

Me senté en un banco de madera cercano y él se arrodilló frente a mí, de la misma manera que lo había hecho en el patio, pero esta vez con un algodón y un bote de antiséptico en las manos.

—Esto va a escocer un poco, Natalia. Avisa si te duele demasiado —murmuró, soplando con suavidad sobre mi mano antes de tocar la herida con el algodón.

El líquido quemó, pero apreté los dientes y no emití ningún sonido. Miré a Óscar de cerca mientras me curaba. Detrás de aquellas gafas gruesas y debajo de ese flequillo descuidado, había unas facciones suaves y una mirada llena de una bondad genuina. No me miraba como la "princesita de papá", ni con la codicia de los socios de mi padre, ni con la envidia de mis compañeros. Me miraba simplemente como a una persona que necesitaba ayuda.

—¿Por qué me has defendido? —pregunté en un susurro, rompiendo el silencio—. Marcus es peligroso. Podrían haberte pegado entre los tres.

Óscar detuvo el algodón por un segundo y levantó la vista. Una sonrisa tímida, casi invisible, dibujó la comisura de sus labios.

—Porque no soporto a los abusones. Y porque... bueno, te he visto en la biblioteca algunas veces. Siempre concentrada estudiando aunque siempre pareces estar muy sola y muy triste, como si tuvieras el peso del mundo sobre la espalda. Nadie merece que lo traten así.

Aquellas palabras se instalaron en mi pecho, derritiendo una parte del hielo que el despacho de mi padre había dejado en mi corazón. Nadie en ese instituto se había tomado el tiempo de notar mi tristeza, solo veían mi ropa cara y mi chófer. Óscar había mirado más allá de la jaula.

Terminó de vendarme las palmas de las manos con una destreza sorprendente para alguien tan desgarbado y se puso de pie, guardando las cosas en el botiquín.

—Listo. Ya no se infectará —dijo, cerrando la puerta de su casillero con un golpe seco—. ¿Te acompaña alguien a casa?

—Viene un coche a recogerme... ya debe de estar en la puerta principal —respondí, poniéndome de pie y ajustándome la mochila, que ahora se sentía mucho menos pesada.

—Bien. Te acompaño hasta la verja, por si Marcus y sus amigos siguen merodeando por ahí —ofreció él, colocándose las manos en los bolsillos de su enorme sudadera.

Caminamos juntos por los pasillos vacíos del instituto y salimos al patio principal. La lluvia ya había cesado, dejando el ambiente fresco y limpio. En la entrada, el imponente coche negro de mi familia ya estaba estacionado, con el chófer esperando fuera con un paraguas en la mano.

Al ver el despliegue de lujo, Óscar se detuvo unos metros antes, como respetando una distancia invisible.

—Muchas gracias por todo, Óscar. De verdad —le dije, girándome hacia él con una sonrisa sincera, la primera que esbozaba en semanas dentro de ese instituto.

—No hay de qué, Natalia. A partir de ahora, ya no tendrás que esconderte en la biblioteca durante los descansos —me respondió, devolviéndome la sonrisa, una que iluminó por completo su rostro—. Si quieres, puedes sentarte conmigo y con mis libros. Prometo que no muerden.

Asentí, sintiendo un cálido cosquilleo en el estómago. Subí al coche bajo la mirada atenta de mi chófer, y mientras el vehículo avanzaba alejándose del instituto, miré por la ventanilla trasera. Óscar seguía allí de pie, con su sudadera ancha bailando con el viento, saludándome con la mano hasta que dimos la vuelta a la esquina.

En ese momento lo supe. En mitad de la tormenta y del destino arcaico que mi padre había escrito para mí, acababa de nacer una amistad arrolladora. Una alianza inquebrantable que, sin que ninguno de los dos lo imaginara en ese instante, se convertiría con los años en el refugio más sagrado de nuestras vidas.

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Maria del Carmen Herrera
Una linda historia de amor, de sueños, de superación. Bien narrada. Me gustó! Gracias autora por brindarnos este material! Adelante!!
Adiana Navas
muy linda historiae enamoró
Maria del Carmen Herrera
Lindo capítulo 💕
Shony Zatarain
excelente 🌹
Monica R Briseño
Excelente y maravillosa novela, sin matadero y maldad, solo un padre que quiso someter a sus hijos a sus decisiones, sin importar lo que ellos querían, los hermanos apoyándose mutuamente....
Felicidades autora que sigan los éxitos!!! ☺️
Yolanda Vaca
Dicen 17 años y ella tiene 25 años y según la novela se firmó ese contrato cuando nació!!!
Maria del Carmen Herrera
Humm...ya sé...es ficción...Perooo...algo de cordura... La salida del problema no impediría que el padre, frustrado por no poder llevar a cabo su plan, igualmente destruya el prestigio de su buffet, aunque sea temporalmente. Solo por venganza
Eva Sirena
Enhorabuena de lo mejor que he leido, gran temática, buena redacción y se entiende perfectamente su drama. Muchas gracias y siga así
Helizahira Cohen
interesante una trama sencilla, pero ese padre es de lo último como es capaz de esa locura
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
Hiradia Cohen
Yo no puedo creer que ella ni el tono de voz le parezca conocido al menos algún rasgos se que son 9 años pero la voz sigue siendo la misma tengo 72 años y es mi misma voz físicamente uno puede cambiar algo pero no como para no reconocer nada
Helizahira Cohen
Va muy interesante y vi que es corta
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