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La Sombra De Un Matrimonio

La Sombra De Un Matrimonio

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:25k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Lobelia

Quince años de matrimonio convirtieron la vida de Elena en una prisión sostenida por el desprecio de su propia familia y los abusos de Héctor, su esposo. Con treinta y tres años, soporta la violencia únicamente por Julián, su hijo de doce años, el único motivo que la mantiene en pie. Pero cuando la carga se vuelve insoportable y el deseo de huir es su única salida, el destino cruza en su camino a Gabriel, un hombre atento que descubre las sombras detrás de su sonrisa. Decidido a liberarla, Gabriel le ofrecerá una salida, mientras Elena aprende que salvarse a sí misma también es salvar a su hijo.

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capitulo 2

El sol matutino apenas se filtraba por las rendijas de las persianas cuando Elena se de pie frente al espejo del baño. La luz blanca del tubo fluorescente sobre el lavabo no perdonaba nada.

Tenía el pómulo izquierdo inflamado y teñido de un morado verdoso, mientras que en la clavícula y el hombro la piel lucía rojiza, áspera, marcada por el impacto del marco de la puerta de la noche anterior.

​Abrió el botiquín con manos temblorosas y sacó una paleta de correctores desgastada y un tarro de base densa. Con la yema del dedo anular comenzó a dar pequeños toques de tono anaranjado sobre el moratón para neutralizar el color.

El dolor punzante le sacaba pequeñas lágrimas que se apresuraba a limpiar antes de que arruinaran la capa de maquillaje.

Aplicó polvo traslúcido, sellando la mentira capa tras capa, hasta que a simple vista solo parecía una sombra provocada por el cansancio.

​Se ajustó el cuello de la blusa de manga larga, respiró hondo frente a su propio reflejo y salió al pasillo.

​La casa olía a café pasado y a la humedad del piso que había limpiado de madrugada para quitar los restos del pastel estrellado.

La habitación principal estaba en absoluto silencio; Héctor aún dormía la borrachera, sumergido en ese sopor pesado que solía durarle hasta el mediodía los fines de semana.

​En la cocina, Julián estaba sentado a la mesa. Tenía los libros de la escuela abiertos, pero su lápiz permanecía inmóvil sobre el cuaderno.

No había tocado el tazón de cereal que descansaba a su lado. Al escuchar los pasos de Elena, levantó la cabeza de golpe, evaluando el rostro de su madre con la precisión clínica que solo el criado en el miedo llega a desarrollar.

​—Hola, mi amor —dijo Elena, forzando una sonrisa suave mientras caminaba hacia la estufa para servir un vaso de leche caliente

—. ¿Cómo dormiste?

​Julián no respondió. Se puso de pie, rodeó la mesa y se acercó a ella. Su mirada se fijó en el costado izquierdo de su rostro. A pesar del maquillaje, la hinchazón era evidente si se miraba de cerca.

​—Te duele, ¿verdad? —preguntó julian. Su voz no era la de un infante; sonaba rota, cargada de un peso que no le correspondía.

​—No es nada, mi amor . Se me cayó un frasco de la alacena mientras limpiaba anoche. Fui descuidada, eso es todo.

​—No me mientas, mamá —dijo julian, y una lágrima se le escapó por la mejilla, trazando un camino limpio sobre su cara cansada

​Elena sintió un nudo opresivo en la garganta. Intentó dar un paso atrás para disimular, pero Julián la tomó de la manga de la blusa con fuerza desesperada.

​—Por favor, mamá. Vámonos. Juntemos mis cosas y las tuyas y vámonos hoy mismo. Puedo dejar la escuela si quieres, puedo buscar trabajo limpiando coches o entregando mandados. Pero ya no nos quedemos aquí. Tengo miedo de lo que te vaya a hacer la próxima vez.

​Las palabras de su hijo le atravesaron el pecho como un cristal afilado. Elena se hincó frente a él, quedando a la altura de sus ojos. Le tomó las manos, estrechándolas entre las suyas.

​—Escúchame bien, Julián —dijo, bajando la voz al mínimo para no despertar a la bestia que dormía al fondo del pasillo—. Las cosas no son tan sencillas. No podemos solo abrir la puerta y salir corriendo. ¿A dónde iríamos?

Tu papá... tu papá tiene carácter fuerte, pero está pasando por un momento muy difícil en el trabajo. Él nos quiere, solo que a veces se descontrola.

​—¡No nos quiere! —susurró el Julián con rabia contenida, apretando los dientes

—. ¡Él te odia y a mí también! Nos grita siempre. , ¿no te acuerdas?

​—Lo sé, lo sé —lo consoló Elena, acariciándole el cabello con torpeza mientras luchaba por mantener la voz firme y convincente

—. Pero yo voy a arreglar esto. Te prometo que todo va a estar bien. Tu papá va a mejorar, solo necesita tiempo. , mi amor, tu única preocupación debe ser ir al colegio, sacar buenas notas y jugar. No tienes que preocuparte por mí ni por buscar trabajo. Yo soy tu mamá y yo me encargo de protegerte.

​—No me estás protegiendo si nos quedamos aquí —respondió Julián, mirándola con una lucidez devastadora.

​Elena bajó la vista, incapaz de sostenerle la mirada. Por dentro, la culpa la carcomía.

Sabía que mentía. Sabía que Héctor no cambiaría, que el trabajo no era la causa y que el ambiente en esa casa se volvía más tóxico con cada hora que pasaba. Pero la realidad era abrumadora: no tenía dinero propio, no tenía cuenta bancaria, su familia le había dado la espalda y no tenía a dónde llevar a su hijo sin terminar durmiendo en la calle o arriesgándose a que la policía se lo entregara de vuelta a Héctor por abandono de hogar.

​—Créeme, por favor —le suplicó Elena en un susurro, tomándole el rostro con ambas manos—. Dame tiempo. Todo se va a arreglar, te lo juro. Solo te pido que estés tranquilo y que no lo provoques. Hazme caso, ¿sí?

​Julián se soltó suavemente del agarre de su madre. La miró con una mezcla de decepción y resignación que le partió el alma a Elena.

Julián asintió despacio, recogió sus cosas de la silla y caminó hacia la puerta de salida.

​—Voy a la biblioteca a hacer la tarea —dijo sin voltear a verla.

​—Vuelve antes de las dos, por favor.

​La puerta principal se cerró con un chasquido seco. Elena se quedó sola en la cocina, arrodillada sobre la baldosa fría. Se cubrió la cara con las manos y dejó salir finalmente el sollozo que había retenido en la garganta.

Mientras lloraba en silencio, el ruido de la cama al rechinarse al fondo del pasillo anunció que Héctor se estaba levantando.

Elena se secó las lágrimas rápidamente, se puso de pie y volvió a revisar su maquillaje en el reflejo de la ventana.

1
Sara Ximena Cifuentes
de solo pensar q aúna de mis hijas les toque un hombre maltratados quiero morir xq es el o mi hija y conociéndome como me conozco se y estoy segura q es el xq a mis hijas las defiendo con capa y espada
Sara Ximena Cifuentes
uf sufro leyendo esta novela
CELINA ESPINOZA
gracias por compartir muy buena historia 💯💯 exelente
Celina
exelente historia recomendada
monita
hay contradicción autora,como abrió la puerta para que entre su madre ? si se supone que está encerrada🤔
monita
🤦 estoy confundida no era que el nene tampoco podía salir ? 🤔
LISSETH BUITRAGO
Hermosa Historia. Gracias
Noni Zapata
Me encantó.. fue tan real, a veces no se necesitan golpes,los gritos, los insultos , el hacerte cree que no aportas nada, aunque aportes la mitad de los gastos.. es algo que te apaga y solo queda resentimiento..
Victoria
👏👏👏👏Bella historia, muy real
Geovanny Berrio Marsiglia
Te lo mereces vieja bruja qué tal está cree que con pedir perdón ya se merece casa familia y amor no no mijita está usted bien equivocada. Quedes sola vieja loca
Geovanny Berrio Marsiglia
Ajá y la dulce y tierna hermanita para cuando
Geovanny Berrio Marsiglia
Apúrense carajo ya me estoy comiendo mis uñitas.
La policía según entraría silenciosamente y entro con un megáfono Jajja hasta en las novelas la policía metiendo la pata.
Geovanny Berrio Marsiglia
Será que en la vida real existen hermanas así?
Dios mío nosotras somos 7 hermanas ya estamos viejitas bueno la mayor tiene 64
Y la menor que soy yo 51 y vivimos en ciudades distintas y aún así cada una vive al pendiente de la otra.
Geovanny Berrio Marsiglia
Me pregunto cómo fue que Elena se enamoró de este hombre si así se le puede llamar a esta bestia.
Geovanny Berrio Marsiglia
Por un pelo casi gana el miserable rata inmunda.
Geovanny Berrio Marsiglia
Espero que por lo menos en la novela las leyes sirvan para bien
Geovanny Berrio Marsiglia
Pero Elena como vas a dejar el dinero a los ojos de ese imbecil?
Geovanny Berrio Marsiglia
Ya no vale denuncia ni nada todo este mundo está corrompido y con las leyes gana el más grande
CELINA ESPINOZA
super linda está historia exelente
Maria Josefa
malnanacido sinvergüenza y maltratador ojala todos incluyendo su propia madre y hermana los metan a todos en la cárcel de por vida y ella sea feliz con su hijo 😭😭😭😭
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