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Contrato De Sangre

Contrato De Sangre

Status: Terminada
Genre:Venderse para pagar una deuda / Dominación / Mafia / Romance / Amor a primera vista / Matrimonio contratado / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Luisa Soto Rios

Me vendí a un mafioso por un año para salvar la librería de mi madre, pero él decidió que si soy su esposa, soy suya para siempre.

NovelToon tiene autorización de Maria Luisa Soto Rios para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Librería

El coche de Lorenzo no era un coche. Era un tanque disfrazado de Mercedes negro. Blindado, con vidrios que parecían de 5 centímetros de grosor y con Viktor al volante que no hablaba nunca pero que saludaba a Elena con una inclinación de cabeza que cada día era un poco más profunda.

Elena iba en el asiento de atrás con Lorenzo, porque él había dicho "mi esposa no va de copiloto como si fuera mi chofer, va conmigo". Llevaba el abrigo de cachemira camel que había encontrado en el vestidor, el collar de diamantes que le había puesto esa mañana y su vieja bufanda de lana que había rescatado de su maleta. Debajo del abrigo, seguía con la camiseta gris de él y unos leggings negros que Agata le había dejado sobre la cama con una notita que decía "Para la señora, talla S, no son de segunda mano". Agata no sonreía, pero cuidaba a su manera.

"¿Por qué cerraste mi librería?", preguntó Elena mientras cruzaban la reja triple. Afuera nevaba más fuerte que en la colina. La ciudad era un caos blanco.

"Porque anoche llamé a un contratista. Y a un electricista. Y a un pintor. Y a un tipo que hace estanterías de roble que no se rompen cuando alguien las empuja. Y no quería que vieras el desastre", contestó Lorenzo, mirando por la ventana pero con la mano sobre la rodilla de ella, por encima del abrigo. Como si necesitara tocarla para asegurarse de que seguía ahí.

"¿Qué desastre? Mi librería no era un desastre. Era... vintage."

"Era una trampa mortal, Elena. Tenías un cable pelado detrás del mostrador que podría haber quemado toda la cuadra. Lo vi el día que fui a... a hacer negocios contigo."

"Ese cable lleva ahí 3 años y nunca pasó nada."

"Porque tuviste suerte. Ya no quiero que tu vida dependa de la suerte. Quiero que dependa de mí."

Elena se quedó callada. No sabía si eso era romántico o aterrador. Probablemente las dos cosas, como todo en él.

Llegaron a la calle de la librería a las 11:15. Elena se bajó antes de que Viktor apagara el motor.

Y se quedó muda.

La librería Moretti ya no decía "Moretti" en letras despegadas y con una "M" que parpadeaba. Ahora decía "Moretti & Volkov - Libros desde 1968" en letras doradas, nuevas, elegantes, iluminadas aunque fuera de día. El toldo roto había desaparecido. Había uno nuevo, verde botella, su color favorito, el que nunca usaba porque creía que la hacía ver pálida.

La puerta ya no se trababa. Tenía una campanita nueva que sonó clara.

Y adentro...

Adentro olía a madera nueva y a pintura fresca y a café. El suelo, que antes era linóleo amarillo y agrietado, ahora era de madera clara, cálida. Las estanterías, que antes estaban cojas y sostenidas con libros viejos, ahora eran de roble macizo del suelo al techo, con escalera corrediza y todo. Su vieja mesa coja había desaparecido. Ahora había una mesa grande de lectura en el centro, con lámparas de lectura individuales, y un rincón con dos sillones de cuero y una chimenea eléctrica que hacía que todo se sintiera acogedor.

Detrás del mostrador, su vieja cafetera de 30 dólares había sido reemplazada por una máquina profesional que parecía una nave espacial. Y había una caja registradora nueva. Y un letrero escrito a mano por Agata que decía "Hoy cerrado por luna de miel. Mañana volvemos con chocolate caliente gratis. - E & L".

Elena no podía hablar. Se llevó las manos a la boca.

"¿Qué... qué hiciste?", susurró.

"Lo que tenías que haber hecho tú hace 3 años si hubieras tenido dinero y no orgullo", dijo Lorenzo detrás de ella, con las manos en los bolsillos, incómodo, como si hubiera hecho algo malo y esperara regaño. "Gasté 42 mil dólares. No me mires así, para mí es como para ti comprar un café. Pero ahora no se va a caer el techo sobre tu cabeza cuando estés leyendo."

Elena se giró hacia él, con los ojos llenos de lágrimas.

"¡42 mil dólares! ¡Lorenzo, yo te debía 487 mil y ahora te debo 529 mil!"

"No me debes nada. Tu librería es mía también ahora. Dice Volkov. Y lo que es mío no tiene precio. Es..."

"¿Qué?"

"Inversión. Es una inversión. Una inversión muy bonita con una dueña muy bonita que ahora no se va a electrocutar con un cable pelado."

Elena se lanzó a abrazarlo. Sin pensar. Lo abrazó fuerte, con la cara en su pecho, oliendo su perfume, llorando y riéndose a la vez.

"Está hermosa", dijo contra su camisa. "Es... es más hermosa de lo que mi madre la soñó. Mi madre siempre quiso estanterías de roble y una escalera. Siempre. Y yo nunca pude..."

Lorenzo la abrazó de vuelta, con fuerza, con alivio, como si le hubieran quitado un peso de encima. Le besó la coronilla.

"Tu madre estaría orgullosa de ti. No de mí. De ti. Porque tú aguantaste 3 años con un cable pelado y una M parpadeante. Yo solo puse madera."

Se separaron porque sonó la campanita. Era Sara, su mejor amiga, con dos cafés de Starbucks y con la boca abierta.

"¡A la verga!", gritó Sara, una mexicana de 1.60 con el pelo rosa que era la única amiga que le quedaba a Elena. "¡A la verga, Elena! ¡Me dijiste que te casaste con un sugar daddy mafioso, pero no me dijiste que era un sugar daddy mafioso con buen gusto y que te iba a poner una librería de Pinterest!"

Elena se rio llorando y abrazó a Sara.

Lorenzo miró a Sara, evaluándola. Sara lo miró de arriba abajo sin miedo.

"Tú debes ser Lorenzo. Soy Sara. La que te va a romper las rodillas si le haces algo a mi amiga. Ya te lo dije por WhatsApp, pero te lo digo en persona para que veas que no estoy jugando. Mido 1.60 pero pego como si midiera 1.90."

Lorenzo, por primera vez en mucho tiempo, se rio de verdad. Una carcajada corta.

"Me caes bien, Sara. Puedes venir cuando quieras. Pero si vuelves a escribirle a mi esposa a las 2 am diciendo 'amiga, ¿ya te lo cogiste?', te bloqueo del teléfono de ella."

"¡Elena! ¡Le mostraste mis mensajes!", gritó Sara.

"No", dijo Lorenzo. "Los vi porque tu amiga deja el teléfono sin contraseña y yo soy un mafioso. Es mi trabajo ver cosas."

Sara y Elena se miraron y estallaron en risas.

Lorenzo se quedó mirándolas. A su esposa riéndose en su librería nueva, con su mejor amiga, con su collar de diamantes y su abrigo caro pero con su risa de siempre. Y supo que los 42 mil dólares habían sido los mejor invertidos de su vida.

"Regla número seis", dijo en voz baja, solo para Elena, mientras Sara se sacaba fotos de las estanterías.

"¿Cuál?", preguntó Elena, todavía abrazada a Sara.

"Esta librería nunca vuelve a cerrar por dinero. Si un día no puedes pagar la luz, me vendes un libro. Uno solo. Y yo te compro toda la tienda otra vez. ¿Entendido?"

"Entendido, mafioso."

"Entendido, esposa."

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Elsa Galvez
me desilusióno su papel de autora.No se juega con los lectores.Si va a escribir una historia,TERMINELA!!!
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