Alexa solo recuerda tres cosas de aquella noche de verano: el calor sobre su piel, una voz grave susurrándole al oído y un tatuaje que nunca pudo olvidar.
Meses después, al comenzar la universidad, cree que está dejando atrás aquella noche… hasta que conoce a Clara y al hombre que la acompaña.
El padre de su nueva amiga tiene el mismo tatuaje.
Adrián es reservado, poderoso y demasiado peligroso para acercarse. También es el único que parece conocer la verdad sobre lo ocurrido aquel verano. Aunque intenta mantener las distancias, la tensión entre ambos se vuelve imposible de ignorar.
Mientras Alexa intenta reconstruir sus recuerdos, descubre que aquella noche no fue un encuentro sin consecuencias. Adrián la recuerda. La ha reconocido desde el primer momento. Y hay secretos que podrían destruir su amistad con Clara, separar a una familia y convertir el deseo en una condena.
Porque algunas historias de amor comienzan con un beso.
La de Alexa comenzó con algo que no puede recordar
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No eres el
...Alexa ...
Alexa no dijo nada.
Ni a Emma.
Ni a Sofía cuando volvió a entrar.
Ni siquiera a sí misma en voz alta.
Guardó la fotografía dentro del sobre y volvió a esconderlo entre las flores antes de que Emma pudiera notar algo extraño.
—¿Seguro que estás bien? —preguntó Emma.
Alexa asintió rápidamente.
—Sí. Solo me mareé un poco.
Emma siguió observándola unos segundos, pero finalmente aceptó la respuesta.
—Entonces sentate. No quiero que te desmayes y después mi papá me culpe a mí.
Alexa soltó una pequeña risa.
—No exageres.
Pero apenas Emma volvió a distraerse con las flores, Alexa miró de reojo el sobre.
Su corazón todavía latía demasiado rápido.
Porque una idea se había instalado en su cabeza.
Una idea que no quería tener.
Adrián.
El padre de Emma.
El hombre de la videollamada.
El hombre cuya voz le había provocado aquella sensación extraña.
El hombre que ahora le había enviado flores.
Alexa negó ligeramente con la cabeza.
No.
No podía ser.
Era absurdo.
Completamente absurdo.
Se obligó a pensar en otra cosa.
Adrián era un hombre adulto, serio, tranquilo.
El padre de su mejor amiga.
El hombre que había conocido apenas unos minutos a través de una pantalla.
No tenía sentido relacionarlo con aquella noche.
Mucho menos con aquel desconocido.
Alexa cerró los ojos.
Pero entonces volvió a aparecer aquel recuerdo.
Una habitación oscura.
La lluvia golpeando los cristales.
Un par de manos.
Una voz baja.
Y el tatuaje.
Abrió los ojos de golpe.
—No.
Emma la miró.
—¿Qué?
Alexa reaccionó inmediatamente.
—Nada.
Tomó uno de sus apuntes.
—Estoy pensando en el examen.
Emma sonrió.
—¿Ves? Te dije que estudiaras antes.
Alexa fingió molestia.
—Gracias por recordármelo.
Pero ya no estaba pensando en el examen.
Estaba pensando en él.
En Adrián.
Y en aquella posibilidad que se negaba a aceptar.
No puede ser él.
Volvió a mirar el ramo.
Quizá la fotografía simplemente había sido tomada por alguien de la universidad.
Quizá la frase era una coincidencia.
Quizá el símbolo no significaba nada.
Había demasiadas posibilidades antes de llegar a la que más miedo le daba.
Porque si Adrián era aquel hombre…
entonces no solo había vuelto a encontrar a alguien de su pasado.
Había terminado viviendo con su hija.
Se había convertido en amiga de Emma.
Había entrado en su familia sin saberlo.
Y, peor aún…
había hablado con él.
Lo había mirado a los ojos a través de una pantalla sin reconocerlo.
Alexa sintió un nudo en el estómago.
No.
No podía ser.
No quería que fuera.
Por primera vez, aquella noche de verano dejó de parecerle un recuerdo lejano y comenzó a sentirse demasiado cerca.
Se levantó.
Tomó el sobre.
Lo escondió en el fondo de uno de sus cajones y cerró con llave.
No iba a preguntarle nada a Emma.
No iba a investigar.
No iba a buscar fotografías de Adrián.
No iba a intentar comparar su rostro con aquel recuerdo borroso.
Porque hacerlo significaría admitir que la posibilidad existía.
Y Alexa no estaba preparada para eso.
Esa noche, cuando Emma ya dormía, Alexa permaneció despierta.
Miró el techo durante varios minutos.
Intentó pensar en cualquier otra cosa.
En las clases.
En sus padres.
En el próximo examen.
En la universidad.
En cualquier cosa.
Pero la misma frase regresaba una y otra vez.
Hay cosas que uno recuerda aunque intente olvidarlas.
Alexa se giró en la cama.
—No eres él —susurró.
Como si decirlo pudiera convertirlo en verdad.
Cerró los ojos.
Y finalmente logró dormirse.
Sin saber que, en otra parte de la ciudad, Adrián observaba su teléfono.
Había recibido un mensaje de la floristería confirmando la entrega.
No preguntó si Alexa había recibido el ramo.
No necesitaba hacerlo.
Sonrió apenas.
Había querido darle algo sencillo.
Algo que no pareciera demasiado personal.
Pero mientras apagaba la pantalla, una pregunta comenzó a crecer dentro de él.
¿Cuánto tiempo más podría mantener oculto que sabía quién era ella?
Porque ahora que Alexa estaba empezando a recordar…
el tiempo ya no estaba completamente de su lado.
en mi país un hombre de 39 años con una menor sería pedofilia si hubo sexo