NovelToon NovelToon
Votos De Sangre

Votos De Sangre

Status: En proceso
Genre:Matrimonio entre clanes / Polos opuestos enfrentados / Mujer poderosa
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: vasitos de veneno

Misaki Kuroda tiene demasiadas razones para odiar a los De Luca.
Hija del líder de una poderosa familia de la Yakuza, fue criada para no mostrar debilidad. Pero cuando un De Luca destruyó la vida que había imaginado para sí misma, Misaki respondió de la única manera que conocía: con sangre.
Dante De Luca no la culpa. Conocía demasiado bien a su hermano y sabe que Misaki tenía motivos para hacer lo que hizo. Pero comprenderla no significa que quiera convertirla en su esposa.
Para poner fin a años de enfrentamientos, los Kuroda y los De Luca sellan la paz mediante un matrimonio.
Misaki deberá casarse con un hombre cuyo apellido representa todo lo que perdió. Dante deberá compartir su vida con una mujer que tiene razones suficientes para odiar a toda su familia.
No habrá amor. No se espera perdón.
Pero el verdadero peligro comenzará cuando Dante deje de ser para Misaki simplemente un De Luca.
Porque hay sentimientos que ni el odio, ni la sangre, ni una familia pueden controlar.

NovelToon tiene autorización de vasitos de veneno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

cAPITULO 11

Tokio

Misaki regresó al templo pasada la medianoche.

La misión había terminado.

Wei Zhang seguía vivo.

Sin una mano, pero vivo.

Eso era lo importante.

Sus hombres comenzaron a dispersarse apenas cruzaron las puertas. Algunos necesitaban atención médica. Otros se ocuparían de los vehículos y de cualquier rastro que hubiera quedado atrás.

Hiroshi caminaba a pocos pasos de ella.

—Voy a ocuparme del puerto —dijo—. Duplicaré la seguridad durante los próximos días.

—Hacelo.

—También voy a buscar a los hombres que vendieron la información.

Misaki se detuvo.

—Encontralos.

Hiroshi asintió.

—¿Algo más?

—No los mates.

Él levantó ligeramente la mirada.

—Quiero hablar con ellos primero.

—Entendido.

Misaki siguió caminando.

Todavía llevaba la ropa de la misión. Había sangre seca sobre el negro de su camisa y algunas manchas en sus manos.

Ninguna era suya.

—Señorita Kuroda.

Uno de los hombres de Takeshi apareció al final del corredor.

Misaki cerró los ojos durante un instante.

—¿Qué?

—Su padre quiere verla.

—Mañana.

El hombre no se movió.

—Dijo ahora.

Misaki lo miró.

Él bajó inmediatamente los ojos.

No era culpa suya.

—Claro que dijo ahora.

Cambió de dirección.

Takeshi estaba esperándola.

No preguntó por qué tenía sangre en la ropa.

Tampoco si estaba herida.

Conocía a su hija.

Si Misaki hubiera estado herida, habría entrado exactamente de la misma manera.

—Sentate.

—Necesito bañarme.

—Sentate.

Misaki sostuvo la mirada de su padre.

Después obedeció.

Takeshi tomó su taza.

—Diecisiete muertos.

—Diecisiete menos.

—Wei sobrevivió.

—Necesitaba que sobreviviera.

—Le cortaste una mano.

Misaki apoyó un brazo sobre la rodilla.

—Intentó robarnos.

—Lo sé.

Takeshi bebió.

—Fue un buen mensaje.

Misaki arqueó ligeramente una ceja.

—Me alegra contar con tu aprobación.

—No la necesitabas.

—Entonces ¿para qué estoy acá?

Takeshi dejó la taza sobre la mesa.

—En tres días tenemos que estar en Nueva York.

La expresión de Misaki cambió apenas.

Pero él la conocía demasiado bien.

Lo vio.

—No me olvidé.

—Espero que no.

—Tengo cosas que resolver antes de irme.

—Hiroshi puede resolverlas.

—Son mis asuntos.

—Son asuntos de los Kuroda.

Takeshi se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Y mientras yo siga siendo el jefe de esta familia, decido qué asuntos necesitan tu atención.

Misaki apretó la mandíbula.

—¿Para eso me llamaste?

—Te llamé porque parece que todavía no comprendiste la importancia de lo que va a pasar dentro de tres días.

—Lo comprendí perfectamente.

—No.

La respuesta fue seca.

—Si lo hubieras comprendido, no estarías actuando como si viajar a Nueva York fuera una molestia que podés soportar unos días y después olvidar.

Misaki sostuvo su mirada.

Takeshi continuó:

—Esto no es una cena. No es una presentación. Y tampoco es una negociación menor.

Se inclinó hacia ella.

—Este acuerdo puede terminar años de enfrentamientos.

Misaki no respondió.

—Puede asegurar nuestros negocios en Nueva York. Puede detener los ataques a nuestros hombres. Puede terminar con las represalias de ambos lados. Puede proteger lo que construimos durante décadas.

—Sé lo que está en juego.

—Entonces comportate como si lo supieras.

Los ojos de Misaki se endurecieron.

—¿Qué querés que haga?

—Para empezar, prepararte.

Takeshi recorrió con la mirada su ropa.

—Vas a necesitar algo más que negro, botas y una katana.

Misaki soltó una risa seca.

—¿Ahora te preocupa cómo me visto?

—Me preocupa cómo se presenta una Kuroda cuando se sienta frente a los De Luca.

—No pienso vestirme para agradarle a Dante.

La mirada de Takeshi se endureció.

—Dejá de hablar como una niña.

Misaki quedó inmóvil.

—¿Qué dijiste?

—Me escuchaste.

El aire pareció tensarse.

Cualquier otro hombre habría retrocedido.

Takeshi no.

—Nadie te está pidiendo que le agrades a Dante De Luca. Nadie te está pidiendo que sonrías, que te enamores ni que juegues a ser una esposa feliz.

—Qué alivio.

—Estoy hablando.

Misaki calló.

—Vas a entrar en esa casa como mi hija y como heredera de los Kuroda. Vas a sentarte frente a hombres que llevan años intentando destruir lo que nosotros protegemos.

La voz de Takeshi bajó.

—Y vas a demostrarles que los Kuroda cumplen su palabra.

Misaki se levantó.

—Yo nunca les di mi palabra.

—Yo sí.

Silencio.

Aquello la golpeó más que un grito.

Takeshi también se puso de pie.

—Y mi palabra es la palabra de esta familia.

—Se trata de mi vida.

—Y tu vida lleva el apellido Kuroda.

Misaki apretó los puños.

—No soy una propiedad.

—Nunca dije que lo fueras.

Takeshi se acercó.

—Te crié para que fueras capaz de cargar con este apellido cuando yo ya no pudiera hacerlo.

—Me criaste para matar.

—Te crié para sobrevivir.

—Es lo mismo para vos.

—No.

Takeshi quedó frente a ella.

—Te crié para hacer lo necesario.

Misaki soltó una risa amarga.

—¿Y ahora lo necesario es casarme con un De Luca?

—Sí.

La respuesta llegó sin vacilación.

Eso consiguió callarla.

—Sí —repitió Takeshi—. Si ese matrimonio termina esta guerra, protege a nuestra gente y asegura el futuro de los Kuroda, entonces es necesario.

—¿Aunque yo no quiera?

—Aunque no quieras.

Misaki lo miró con furia.

Takeshi no retrocedió.

—Durante un año permití que esta familia sostuviera tu venganza.

—Yo no te lo pedí.

—Porque no necesitabas hacerlo. Ren era tuyo. Te habían quitado algo y eras mi hija.

El nombre hizo que algo se tensara en el pecho de Misaki.

—No lo nombres.

—Lo voy a nombrar si es necesario.

—Te dije que no.

—Y yo te estoy diciendo que escuches.

La voz de Takeshi retumbó en la habitación.

Misaki quedó en silencio.

—Tus hombres murieron durante esa guerra. Los míos también. Perdimos dinero. Rutas. Acuerdos. Sangre. Mucha.

Takeshi señaló el suelo entre ellos.

—Todo por una guerra que podría continuar otros diez años si nadie decide terminarla.

—Entonces firmá un papel.

—Un papel se quema.

—Buscá otra garantía.

—La encontré.

Misaki sabía cuál era.

—Yo.

—Vos y Dante.

—No somos una garantía.

—Sus apellidos juntos sí.

Misaki apartó la mirada.

—No voy a seguir hablando de esto.

Comenzó a caminar.

—No terminé.

Se detuvo.

—Dentro de tres días vamos a estar en Nueva York. Vas a llevar ropa apropiada. Vas a presentarte ante los De Luca como lo que sos. Y vas a escuchar cada condición antes de abrir la boca para rechazar nada.

Misaki giró.

—¿Y si después sigo diciendo que no?

Takeshi la observó largamente.

—Entonces hablaremos después.

—Eso no fue una respuesta.

—Fue la única que vas a recibir esta noche.

Misaki se acercó otra vez.

—No confundas que haya aceptado subir a ese avión con obediencia.

Los ojos de Takeshi se endurecieron.

—Y vos no confundas el hecho de que te permita discutir conmigo con el derecho a desobedecerme.

Silencio.

Padre e hija quedaron frente a frente.

Iguales en demasiadas cosas.

—Soy tu padre —continuó Takeshi—. Pero antes que eso, para cada hombre que lleva nuestro nombre, soy el jefe de esta familia.

Misaki no bajó la mirada.

—Y este acuerdo es importante.

Cada palabra cayó con peso.

—Más importante que tu orgullo. Más importante que el mío. Más importante que Dante De Luca. Y más importante que lo mucho que odiás su apellido.

La mandíbula de Misaki se tensó.

—Andate a dormir.

Ella permaneció inmóvil.

—Mañana vas a comprar lo que necesites.

—Tengo ropa.

—Entonces comprá más.

Misaki soltó aire por la nariz.

—Esto es ridículo.

—Hiroshi irá con vos.

Ahora sí casi pareció ofendida.

—¿También vas a elegir lo que me pongo?

—No me hagas arrepentirme de no haberlo hecho.

Misaki lo fulminó con la mirada.

Takeshi volvió a tomar su taza.

La conversación había terminado.

Para él.

Misaki llegó a la puerta.

—Tres días —dijo Takeshi.

Ella no respondió.

—En tres días vas a conocer a Dante De Luca.

La mano de Misaki quedó sobre la puerta.

—No.

Takeshi levantó los ojos.

Misaki lo miró por encima del hombro.

—En tres días Dante De Luca va a conocerme a mí.

Y salió.

La puerta de su habitación se cerró.

Misaki permaneció inmóvil.

Tenía ganas de romper algo.

No lo hizo.

Había aprendido demasiado joven que la rabia era más útil cuando permanecía bajo control.

Se quitó la chaqueta.

Después las armas.

El cuchillo.

La pistola.

La katana.

Por último, la ropa manchada de sangre.

Entró en la ducha.

El agua comenzó a arrastrar los restos de aquella noche.

Sangre.

Sudor.

Violencia.

Todo desaparecía.

Las palabras de su padre no.

Si ese matrimonio termina esta guerra... entonces es necesario.

Misaki cerró los ojos.

Dante De Luca.

Matrimonio.

Nueva York.

Tres días.

Y entonces, sin pedir permiso, otro recuerdo ocupó su lugar.

No Dante.

Ren.

DOS AñOS aTRAS ------

—No hagas eso.

Ren retiró inmediatamente la mano.

—¿Qué?

Misaki estaba acostada junto a él.

—Dejar de tocarme porque te dije que no hagas eso.

Ren frunció el ceño.

—Misaki, acabás de decir literalmente “no hagas eso”.

—No hablaba de tu mano.

—¿Entonces?

Ella señaló su cara.

—Eso.

—¿Mi cara?

—Esa expresión.

Ren intentó contener la sonrisa.

No pudo.

—No estoy haciendo ninguna expresión.

—Parecés un idiota.

—Voy a ser padre. Tengo derecho a parecer un idiota.

Misaki puso los ojos en blanco.

Ren volvió a apoyar lentamente la mano sobre su vientre.

Todavía apenas se notaba.

Tres meses.

A veces Misaki se miraba al espejo y no veía ninguna diferencia.

Pero ella sabía que estaba ahí.

Ren también.

Y parecía incapaz de dejar de tocarla desde que lo sabía.

Su palma se movió con una delicadeza que contrastaba con todo lo que Misaki conocía.

—Todavía no se mueve —murmuró ella.

—Ya sé.

—Entonces no sé qué esperás encontrar.

—Nada.

Ren acarició suavemente su vientre.

—Solo me gusta saber que está ahí.

Misaki lo observó.

Había algo extraño en verlo así.

Ren.

Su Ren.

Hablándole a algo que todavía no podía escucharlo.

—Hola —murmuró él.

Misaki arqueó una ceja.

—¿Le estás hablando?

—Sí.

—Tiene tres meses.

—¿Y?

—No te escucha.

Ren bajó la mirada hacia su vientre.

—No le hagas caso a tu madre. Yo voy a hablarte igual.

Misaki le dio un golpe suave en el brazo.

—Idiota.

Ren sonrió.

Después besó su vientre.

El gesto consiguió que Misaki dejara de respirar durante un instante.

Ren levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Nada.

—Mentís horrible.

Ella apartó la mirada.

Ren volvió a acomodarse junto a ella.

Durante unos minutos ninguno habló.

Su mano permaneció sobre el vientre de Misaki.

Hasta que finalmente preguntó:

—¿Hablaste con tu padre?

La expresión de ella cambió.

Ren lo notó.

—Misaki.

Silencio.

—¿Hablaste con Takeshi?

Ella se incorporó.

—Tengo hambre.

Ren soltó aire.

—Eso significa que no.

Misaki se levantó de la cama.

—Significa que tengo hambre.

—Llevás dos semanas diciéndome que vas a hablar con él.

—Voy a hacerlo.

—¿Cuándo?

Ella abrió un armario.

—Cuando sea el momento.

—Estás embarazada de tres meses.

Misaki se quedó quieta.

Ren suavizó la voz.

—En algún momento va a darse cuenta.

—Gracias por la información.

—No estoy bromeando.

—Yo tampoco.

Ren se levantó.

Se acercó por detrás.

—Misaki.

Ella cerró los ojos.

Ren apoyó las manos sobre sus brazos.

—No quiero que tengas miedo de decírselo.

Misaki giró inmediatamente.

—No le tengo miedo a mi padre.

—No dije eso.

—Lo pensaste.

—No.

Ren la miró.

—Creo que tenés miedo de lo que va a pasar después.

Misaki guardó silencio.

Eso era diferente.

Ren levantó una mano y acarició su mejilla.

—No quiero que esto se convierta en otra guerra para vos.

Ella lo miró.

—No va a pasar.

—¿Cómo lo sabés?

Misaki tardó en contestar.

Después tomó la mano de Ren.

La llevó nuevamente hacia su vientre.

—Porque me voy.

Ren frunció el ceño.

—¿Qué?

—Voy a dejar la organización.

Silencio.

Ren retiró lentamente la mano.

—Misaki...

—Ya lo decidí.

—No podés decir eso como si estuvieras hablando de cambiar de trabajo.

—Puedo hacer lo que quiera.

—Estamos hablando de los Kuroda.

—Estoy hablando de mi vida.

Ren la observó.

Misaki continuó antes de que pudiera interrumpirla.

—No quiero que nuestro hijo crezca ahí.

Las palabras quedaron suspendidas entre los dos.

Nuestro hijo.

Era extraño decirlo.

Hermoso.

Aterrador.

—No quiero que aprenda a sostener un arma antes de aprender a escribir.

Ren no dijo nada.

—No quiero que mi padre decida qué tiene que ser. No quiero hombres siguiéndolo. No quiero que algún día tenga que mirar detrás de él para saber si alguien quiere matarlo por llevar mi apellido.

Su voz comenzó a quebrarse apenas.

Misaki la controló.

—No quiero esto para él.

Ren se acercó.

—¿Y qué querés?

Misaki lo miró.

La respuesta era tan sencilla que casi dolía.

—A vos.

Ren quedó inmóvil.

—Te quiero a vos.

Ella tomó su mano.

—Quiero irme.

Otra vez colocó la palma de Ren sobre su vientre.

—Quiero esto.

Ren la miró como si nunca la hubiera visto de aquella manera.

—Misaki...

—Podemos irnos de Tokio.

—Tu padre va a buscarnos.

—Que lo intente.

Ren casi sonrió.

—Eso no me tranquiliza.

—No intentaba tranquilizarte.

Él soltó una pequeña risa.

Después la rodeó con los brazos.

Misaki apoyó la frente contra su pecho.

—Quiero una casa —murmuró.

Ren bajó la mirada.

—¿Una casa?

—No muy grande.

—Esto sí que no me lo esperaba.

—Callate.

—¿Jardín?

Misaki pensó.

—Puede ser.

—Voy a necesitar espacio para pescar.

Ella levantó la cabeza.

—No vas a cavar un estanque en nuestra casa.

—Entonces retiro mi participación del proyecto.

Misaki sonrió.

Ren también.

Después la sonrisa desapareció lentamente de su rostro.

—¿De verdad harías esto?

Misaki supo lo que preguntaba.

¿Dejar a los Kuroda?

¿Dejar a Takeshi?

¿Abandonar aquello para lo que había sido preparada desde niña?

Lo miró.

—Por vos no.

Ren pareció confundido.

Misaki tomó su mano y la llevó una vez más hacia su vientre.

—Por nosotros.

Ren cerró los ojos.

La abrazó.

Esta vez con más fuerza.

Misaki dejó que lo hiciera.

Él besó su frente.

Después su mejilla.

Y finalmente sus labios.

Un beso lento.

Sin prisa.

Cuando se separaron, Ren mantuvo la frente contra la de ella.

—Te amo.

Misaki cerró los ojos.

Durante años había creído que aquellas palabras hacían débiles a las personas.

Con Ren nunca se habían sentido así.

—Yo también te amo.

La mano de él seguía sobre su vientre.

Y por primera vez en su vida, Misaki Kuroda había estado dispuesta a dejarlo todo.

Su apellido.

Su lugar.

La organización.

Incluso enfrentarse a su padre.

Porque por primera vez había algo que quería más.

Misaki abrió los ojos.

El agua seguía cayendo sobre ella.

Durante unos segundos no supo cuánto tiempo había pasado.

Llevó una mano hacia su vientre.

Vacío.

El gesto fue involuntario.

Y eso lo hizo peor.

La retiró inmediatamente.

Ren estaba muerto.

Su hijo también.

La casa nunca había existido.

El jardín tampoco.

No hubo mañanas juntos.

No hubo un niño corriendo entre ellos.

No hubo ninguna vida fuera de los Kuroda.

Misaki apoyó ambas manos contra la pared de la ducha.

Respiró.

Una vez.

Otra.

No lloró.

No iba a hacerlo.

Pero las palabras de su padre volvieron.

Matrimonio.

Qué palabra tan cruel.

Ella había querido casarse una vez.

Había querido abandonar todo por un hombre.

Había estado embarazada de su hijo.

Y ahora su padre pretendía enviarla a Nueva York para hablar de matrimonio con un De Luca.

Misaki cerró el agua.

Tres días.

En tres días estaría frente a Dante.

El hombre no había matado a Ren.

Misaki lo sabía.

No había matado a su hijo.

También lo sabía.

Pero llevaba el apellido del hombre que había destruido ambos.

Y por mucho que intentara separar una cosa de la otra...

De Luca seguía siendo De Luca.

1
Kim Nava
por eso actitud de Dante sigo diciendo que estos protagonistas no deberían quedar juntos al final no se puede ojalá y este final sea distinto y cada uno por su lado y que sea diferente a todas esas historias
Kary Monte
hasta tu hijo sabe cómo debe comportarse🙎🙎🙎
Kary Monte
🤦🤦🤦🤦 como puede ser tan animal
y más animal delante de su hijo
dios mío santo este hombre es un bruto
Kary Monte
al parecer ren en verdad era solo un profesor enamorado de misaky porque sino su padre le hubiera echado barro
será muy difícil el acercamiento de estos dos protagonistas si bien es cierto fue Lucio de luca quien lo mató
no es culpa de toda la familia bien claro nos dice dante que Lucio actuaba solo era un sicópata asesino un maldito y creo que misaky hizo su propia justicia si asesinarlo pero ahí termino y ella debe sanar necesita un sicólogo que le ayude a superar su dolor.
ahora veremos qué sucede🙎🙎🙎
Kary Monte
parece me parece 😁😁😁 que el que callo fue De Luca 😁😁😁 ahora pues
Kary Monte
por fin
esa mujer no sabe que eres el jefe al parecer cree que puede manipular todo de una vez ponla en su sitio
ponle una casa
total ella más está en la calle comprando bailando comiendo teniendo amantes en fin su vida loca
las niñeras cuidan de Mateo
Kim Nava
ella tiene claro lo que quiere y se entiende por qué aria lo mismo
y aquí es donde lo digo por primera vez que estos dos protagonistas no deben quedar juntos ojalá sea diferente y no sea el final feliz por ensima de dos vidas que no tenían nada que pagar
Kim Nava
el ya cayó ante ella
Mayelin Gimenez
El está loco por ella! Y creo que Misaki no le es indiferente! Solo que se limita por el dolor de la perdida de Ren!
Mayelin Gimenez
Ese Lucio De Luca lo mató por diversión! Con razón Misaki lo dejo sin cabeza!
Kim Nava
y esa maldita viena toda vía defiende a su maldito hijo por que su hijo no es malo 😡😡😡
que bueno que Misaki lo degolló y fue poco
estoy odiando a Dante
Kary Monte
horrible 😣😣😣horrible lo que vivió Misaki
dante no sabes en realidad porque odia a toda tu familia lo que significa para ella tu apellido
🤷🤷🤷 cómo es que estos dos se van a enamorar🙎🙎🙎deberá pasar algo increíble que los una
Kim Nava
la que llevó a hi a la madre de Dante es la perra de Carmen 😡
Kary Monte: estoy de acuerdo fue esa perra de Carmen
dante de es darte cuenta de la alimaña que está en tu casa
total 1 replies
Kim Nava
no se por que esta soportando Dante a esa despechada ya la hubiera desaparecido 😡😡😡
por que ella está siendo un clavo en el culo
no se pero esta vien el coraje de Misaki pero se está portando con el de lo peor
Kary Monte
dante
esa carne. es un problema se nota
se que es la madre de tu hijo
pero deberías mandarla a volar de una vez
hasta a mí me cansa
Kary Monte
/Smug/ está tensión entre Hiroshi y dante me está matando
Kim Nava
bueno su venganza de Misaki es entendible
pero realmente Ren si era una blanca paloma una buena persona por que a pasado en otras historias que nos venden a un personaje por bueno y viene siendo peor
Kim Nava
lo que no me parece es que Hiroshi quiera interponerse el solo es la mano derecha y de confianza que tenga sentimientos hacia ella es su pedo pero no por eso va hacer una piedra para Dante
Kary Monte
no sé otras
pero yo cada vez que estos estás juntos saltan chispas /Sly//Sly//Sly//Sly/
Kim Nava: jiji no eres la única 🤭
solo ellos por su ego y venganza no lo ven 🤭
total 1 replies
Kim Nava
sigo diciendo que la tal Carmen esa se alió a algun enemigo por eso ese ataque 🤔
Kary Monte: 😜😜😜😜 te gusta el peligro dante
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play