Alguien ocupo su lugar ¿estara dispuesto a perder todo para recuperarlo?
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¿Familia o enemigo?
Dorian seguía riéndose en el suelo.
—Mi voto es sí.
Quiero que se quede.
Arlen intentó responder.
Pero de pronto sintió que sus piernas dejaban de sostenerlo.
El mundo giró.
Y cayó de rodillas.
Todos lo miraron.
Incluso Dorian dejó de reír durante unos segundos.
—Eso no parece saludable.
Comentó.
Luna fue la primera en acercarse.
—Oye.
¿Estás bien?
Arlen intentó ponerse de pie.
No pudo.
Luna sacó un pequeño dispositivo de su cinturón.
Una luz azul recorrió el cuerpo de Arlen.
El aparato emitió varios sonidos.
—Eso explica muchas cosas.
—¿Qué ocurre?
Preguntó Kael.
—Está agotado.
—Eso ya lo veo.
—No.
Agotado de verdad.
Su cuerpo está consumiendo más energía de la que recibe.
Necesita comer.
Y necesita hacerlo pronto.
Arlen parpadeó.
—Tenía comida.
Dorian sonrió.
—Tenías.
—Ustedes arruinaron mi cena.
Por primera vez desde que lo conocían...
Arlen hizo una broma.
Y para sorpresa de todos.
Luna comenzó a reír.
Incluso Adrian sonrió ligeramente.
Kael negó con la cabeza.
—Niño.
Arlen levantó una ceja.
—No nos sirves muerto.
Así que come algo.
Fue probablemente la forma más amable en la que Kael había expresado preocupación.
—Acamparemos aquí esta noche.
Continuó.
—Mañana seguiremos avanzando.
Nadie discutió.
Cuando Kael daba una orden.
La orden se cumplía.
---
La noche cayó lentamente sobre las ruinas.
El fuego iluminaba el pequeño campamento.
Por primera vez en muchos días...
Arlen no estaba solo.
Mientras comían.
Adrian manipuló una pequeña pantalla holográfica.
Algunas líneas aparecieron frente a él.
Luego desaparecieron.
—Listo.
Dijo.
—¿Qué hiciste?
Preguntó Luna.
—Eliminé el nombre de Arlen de la lista.
El silencio apareció alrededor de la fogata.
—¿Se puede hacer eso?
Preguntó Dorian.
—Técnicamente no.
—Entonces hiciste algo ilegal.
—Varias cosas.
Dorian sonrió.
—Por eso eres mi favorito.
—No soy tu favorito.
—Claro que sí.
Adrian decidió ignorarlo.
Como siempre.
—Ahora oficialmente pertenece al escuadrón.
Explicó.
—Mientras esté con nosotros nadie aceptará contratos relacionados con él.
Por primera vez desde que había sido capturado.
Arlen sintió algo extraño.
Seguridad.
No absoluta.
Pero suficiente.
---
Horas después.
La mayoría dormía.
Excepto Luna.
Sentada junto al fuego.
Manipulando pequeñas piezas metálicas.
Arlen observó en silencio.
Hasta que finalmente preguntó:
—¿Qué haces?
Luna levantó la vista.
—Un reloj.
—¿Por qué?
—Porque el anterior explotó.
—¿Explotó?
—Dorian.
—Entiendo.
Ella sonrió.
Y continuó trabajando.
Los dedos se movían con una precisión increíble.
Tornillos.
Circuitos.
Pequeñas piezas imposibles de comprender.
Arlen observaba fascinado.
Sin disimularlo.
Luna terminó de ensamblarlo.
Y se lo entregó.
—Toma.
Arlen abrió los ojos.
—¿Para mí?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque ahora eres parte del equipo.
Arlen tomó el reloj.
Lo examinó desde todos los ángulos.
Como si fuera un artefacto mágico.
—¿Qué hace?
—Es un localizador.
Podemos saber dónde está cada integrante del escuadrón.
Si alguien está en peligro.
Envía una alerta.
Si alguien desaparece.
Lo encontramos.
Arlen seguía observándolo.
Completamente maravillado.
Luna tuvo que contener una sonrisa.
Porque sus ojos lo estaban delatando.
Parecía un niño descubriendo algo nuevo.
Y de cierta forma...
Lo era.
—Te gusta.
Dijo ella.
—Mucho.
Respondió Arlen.
Con total sinceridad.
Luna sintió ternura.
Hasta que una voz apareció detrás de ellos.
—Oh.
Ya intercambian regalos.
Dorian.
Por supuesto.
Luna cerró los ojos.
—Vete.
—¿Interrumpo algo?
—Sí.
—Excelente.
Eso significa que llegué en el momento correcto.
Arlen observó a Dorian.
—¿Siempre es así?
—Peor.
Respondió Luna.
—Mucho peor.
Dorian hizo una reverencia exagerada.
—Gracias.
Me esfuerzo bastante.
La conversación terminó cuando Kael apareció.
—A dormir.
Todos levantaron la vista.
—Nos moveremos al amanecer.
Descansen mientras puedan.
Cuando lleguemos al refugio tendrán tiempo para relajarse.
—¿Y si no quiero?
Preguntó Dorian.
—Entonces te duermes obligado.
—Entendido.
Buenas noches.
Kael observó a Arlen.
—Eso también te incluye.
Arlen asintió.
Y finalmente se acomodó junto al fuego.
---
Aquella noche soñó.
O tal vez no era un sueño.
El vacío apareció a su alrededor.
Infinito.
Silencioso.
Eterno.
Y frente a él...
Los tres jueces.
Las figuras observaban desde sus enormes tronos.
Inmóviles.
Antiguas.
Imposibles de comprender.
—Arlen.
Dijo una de las voces.
—¿Qué has aprendido?
Arlen permaneció en silencio unos segundos.
Pensando.
—He aprendido que Azrakel es un falso dios.
El vacío pareció estremecerse.
—Continúa.
—Sus seguidores son sanguinarios.
Persiguen.
Manipulan.
Matan.
Los jueces escuchaban.
—¿Y qué más?
Arlen bajó la mirada.
Recordó las ciudades vacías.
Las fosas.
Los huesos.
La tumba de Genaro.
—El mundo está roto.
La respuesta flotó en la oscuridad.
—Está lleno de ruinas.
Dolor.
Miedo.
Personas intentando sobrevivir.
Y aun así...
Siguen adelante.
Los tres jueces guardaron silencio.
Como si evaluaran sus palabras.
Finalmente hablaron.
—Continúa observando.
—Continúa aprendiendo.
—Continúa creciendo.
Las tres voces resonaron al mismo tiempo.
—Porque cuando llegue el momento...
Tendrás que enfrentarlo.
Arlen conocía la respuesta.
Sabía de quién hablaban.
Azrakel.
—Para derrotarlo.
Dijo otra voz.
—Debes volverte más fuerte.
—Más sabio.
—Y comprender aquello que proteges.
El vacío comenzó a desaparecer.
Los tronos se alejaron.
Y las voces se desvanecieron.
—Entrena.
—Aprende.
—Prepárate.
Porque el juicio se acerca.
---
Arlen abrió los ojos de golpe.
Respirando agitadamente.
El amanecer comenzaba a aparecer en el horizonte.
Estaba cubierto de sudor.
Y no estaba solo.
Adrian se encontraba sentado frente a él.
Observándolo.
Como si llevara despierto mucho tiempo.
—Buenos días.
Dijo tranquilamente.
Arlen se incorporó.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí?
—Lo suficiente.
El estratega cruzó los brazos.
Pensativo.
—Anoche hablaste mientras dormías.
Arlen sintió un mal presentimiento.
—¿Qué dije?
Adrian sostuvo su mirada.
Sin apartarla.
—Que ibas a acabar con Azrakel.
El silencio cayó entre ambos.
El campamento comenzaba a despertar.
Pero por alguna razón.
Todo parecía distante.
—Después me contarás la verdad.
Dijo Adrian.
Y por primera vez desde que se conocieron...
No sonó como una sugerencia.
Sonó como una certeza.
Los ojos de Adrian permanecieron fijos en los de Arlen.
Y Arlen comprendió algo.
El estratega ya había comenzado a unir las piezas. :::