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La Noche Que Nos Condenó

La Noche Que Nos Condenó

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Padre soltero / Diferencia de edad
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Alexa solo recuerda tres cosas de aquella noche de verano: el calor sobre su piel, una voz grave susurrándole al oído y un tatuaje que nunca pudo olvidar.
Meses después, al comenzar la universidad, cree que está dejando atrás aquella noche… hasta que conoce a Clara y al hombre que la acompaña.
El padre de su nueva amiga tiene el mismo tatuaje.
Adrián es reservado, poderoso y demasiado peligroso para acercarse. También es el único que parece conocer la verdad sobre lo ocurrido aquel verano. Aunque intenta mantener las distancias, la tensión entre ambos se vuelve imposible de ignorar.
Mientras Alexa intenta reconstruir sus recuerdos, descubre que aquella noche no fue un encuentro sin consecuencias. Adrián la recuerda. La ha reconocido desde el primer momento. Y hay secretos que podrían destruir su amistad con Clara, separar a una familia y convertir el deseo en una condena.
Porque algunas historias de amor comienzan con un beso.
La de Alexa comenzó con algo que no puede recordar

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

una fotografía

La tarde había decidido regalarles un poco de tranquilidad.

Después de varias horas de clases, trabajos y apuntes, Emma y Alexa habían llegado a ese punto en el que ninguna de las dos sabía si realmente estaba estudiando o simplemente mirando las mismas páginas desde hacía veinte minutos.

El campus estaba bastante tranquilo.

El sol todavía iluminaba los jardines, pero el calor ya no era tan intenso como durante el mediodía.

Emma dejó caer su mochila sobre el césped.

—Necesito descansar.

Alexa la miró.

—Llevamos estudiando cuarenta minutos.

—Exactamente. Estoy agotada.

—Dramática.

—Realista.

Alexa terminó riéndose y se sentó junto a ella.

Habían llevado sus apuntes, dos botellas de agua y algunos snacks que Emma había comprado antes de salir.

La idea era estudiar un rato más.

Aunque ninguna parecía demasiado comprometida con ella.

—Lee tú —dijo Emma.

—¿Por qué yo?

—Porque yo estoy cansada.

—Yo también.

—Pero tú tienes cara de responsable.

Alexa soltó una carcajada.

—Eso es mentira.

—Un poco.

Finalmente ambas terminaron recostándose sobre el césped.

Los apuntes quedaron abiertos entre ellas.

El viento movía suavemente algunas hojas y, de vez en cuando, se escuchaban las voces de otros estudiantes caminando por los alrededores.

Alexa cerró los ojos.

—Esto sí es vida.

Emma giró la cabeza hacia ella.

—¿Dormirte cuenta como estudiar?

—Estoy procesando información con los ojos cerrados.

—Claro.

—Es una técnica avanzada.

Emma se rio.

Sacó su teléfono.

—Voy a mandarle una foto a mi papá.

—¿Ahora?

—Sí.

—¿Por qué?

—Para que vea que su hija estudia muchísimo.

Alexa abrió un ojo.

—No le mientas.

—No estoy mintiendo.

Emma levantó el teléfono y apuntó hacia ellas.

Alexa seguía recostada sobre el césped, con el cabello oscuro desparramado alrededor de su rostro y una sonrisa divertida después de escuchar el comentario de su amiga.

—Sonríe.

—No.

—Alexa.

—No quiero salir.

—Ya saliste.

Emma tomó la fotografía justo cuando Alexa comenzaba a reírse.

La imagen capturó a las dos recostadas sobre el césped, rodeadas de apuntes.

Emma sonriendo hacia la cámara.

Alexa riéndose a su lado.

Sin poses.

Sin filtros.

Simplemente ellas.

Emma la miró y sonrió.

—Quedó linda.

—Déjame verla.

—No.

—Emma.

—Ahora es propiedad de mi padre.

Alexa volvió a reír.

—Qué miedo.

Emma escribió rápidamente.

Emma: Mira cómo pasamos la tarde. Supuestamente estudiando.

Adjuntó la fotografía.

Y la envió.

......................

Adrián se encontraba en su oficina cuando el teléfono vibró.

Tenía varios documentos abiertos sobre el escritorio y una reunión en menos de media hora.

Tomó el teléfono casi por costumbre.

Era Emma.

Abrió el mensaje.

Primero vio el texto.

Después la fotografía.

Su mirada fue directamente hacia su hija.

Sonrió.

Emma tenía esa expresión que él conocía perfectamente. La de cuando estaba tranquila, cuando se sentía cómoda.

Entonces sus ojos se desplazaron hacia la otra persona.

Y se detuvieron.

No supo explicar por qué.

No fue la fotografía completa.

Fue la sonrisa.

Adrián dejó de moverse.

Durante unos segundos permaneció completamente quieto, con el teléfono en la mano.

Volvió a mirar la imagen.

La chica estaba recostada sobre el césped, con el cabello oscuro alrededor del rostro y los ojos entrecerrados por la risa.

No estaba posando.

Ni siquiera parecía saber que Emma había tomado la fotografía.

Y precisamente por eso aquella expresión le resultó tan familiar.

Adrián acercó la imagen con los dedos.

Una vez.

Después otra.

Se quedó mirando sus ojos.

Luego la forma de sus labios.

La curva de su sonrisa.

Algo se tensó en su pecho.

No era posible.

O al menos eso era lo que quería creer.

Porque la última vez que había visto aquella sonrisa no había sido en una universidad.

Había sido de noche.

Había arena bajo sus pies.

Música sonando a lo lejos.

El olor del mar mezclándose con el humo de una fogata.

Y ella frente a él.

Recordó la manera en que lo había mirado aquella noche.

Desafiante.

Curiosa.

Como si no tuviera miedo de nada.

Recordó también cómo había sonreído cuando él intentó provocarla.

Una sonrisa parecida.

Demasiado parecida.

Adrián bajó lentamente el teléfono.

Miró hacia la ventana de su oficina.

Intentó convencerse de que estaba buscando semejanzas donde no las había.

Habían pasado meses.

La fotografía tenía mala calidad.

La luz podía engañar.

Y, sobre todo, Emma le había hablado tanto de Alexa que era lógico que su nombre estuviera asociado en su cabeza con aquella imagen.

Eso era todo.

Tenía que serlo.

Pero volvió a mirar la fotografía.

Esta vez se fijó en algo diferente.

El gesto que hacía con la boca al reír.

Un detalle mínimo.

Uno que nadie más habría notado.

Él sí.

Porque lo había visto antes.

En otra noche.

En otro lugar.

Con otra versión de ella.

Adrián sintió que el recuerdo llegaba de golpe.

La joven de aquella noche riéndose mientras apartaba el cabello de su rostro.

La misma inclinación de cabeza.

La misma mirada.

La misma sonrisa que parecía aparecer justo antes de que dijera alguna cosa que lo desafiara.

Cerró los ojos un instante.

—No puede ser…

Esta vez su voz salió apenas como un susurro.

Abrió los ojos.

Volvió a mirar la fotografía.

Alexa.

El nombre de la amiga de Emma.

El nombre de la mujer que había conocido meses atrás.

La posibilidad dejó de parecerle absurda.

Y eso fue precisamente lo que lo inquietó.

Porque si realmente era ella…

Entonces la chica que su hija había estado mencionando durante semanas no era una desconocida.

Era la mujer que él llevaba meses recordando.

La mujer cuyo rostro había intentado reconstruir tantas veces.

Adrián dejó el teléfono sobre el escritorio.

Se pasó una mano por la mandíbula y permaneció unos segundos en silencio.

No sabía qué hacer con aquella información.

No podía llamar a Emma y preguntarle directamente.

No podía pedirle una explicación sin saber siquiera si estaba en lo correcto.

Y tampoco podía confiar completamente en una fotografía.

Pero había algo que sí sabía.

Necesitaba verla.

No en una pantalla.

No a través de una fotografía tomada al azar.

En persona.

Solo entonces sabría si aquella sensación era un recuerdo real o simplemente una coincidencia demasiado perfecta.

El teléfono volvió a vibrar.

Otro mensaje de Emma.

Emma: ¿Viste la foto?

Adrián la abrió.

Miró nuevamente a su hija.

Después a Alexa.

Sus dedos quedaron suspendidos sobre el teclado.

Finalmente escribió:

Adrián: Sí. Se ve que están pasándola bien.

Borró el mensaje.

Escribió otra cosa.

Adrián: Sí. Me alegra verte feliz.

Lo envió.

No mencionó a Alexa.

Todavía no.

......................

En el césped, Emma guardó el teléfono.

—Mi papá la vio.

Alexa levantó la cabeza.

—¿Y qué dijo?

—Que le alegra verme feliz.

Alexa sonrió.

—Qué tierno.

—Sí.

Volvió a acomodarse junto a ella.

—Algún día vas a conocerlo.

Alexa cerró los ojos.

—Eso espero.

Para ella, aquella fotografía no significaba nada más que una tarde tranquila con su mejor amiga.

Para Adrián, en cambio, acababa de convertirse en una pregunta que ya no podía ignorar.

Y aunque todavía no estaba dispuesto a admitirlo en voz alta, había algo dentro de él que ya había tomado una decisión.

La próxima vez que estuviera frente a Alexa…

la miraría a los ojos.

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Paula Giaccaglia
que vamos a tener que esperar? que vea de casualidad el tatuaje? me encanta pero ella es una niña al lado de él, muy inmadura su actitud
Paula Giaccaglia
es un idiota e inmaduro!!!! hombre grande, le duplica más la edad, es la amiga de su hija,
Paula Giaccaglia
mi duda escritora es cómo va a seguir ésta historia? Emma aceptará que su mejor amiga tenga relaciones sexuales con su papá? bueno, por eso yo no escribo y vos sí, ya sabrás y espero que no tarden tanto los capítulos
Paula Giaccaglia
lo que no me quedó claro es , ¿qué pasó ésa noche? besos o algo más?
Iza Lozano
cuando le dira la verdad a Alexa? cuando sabrá que el papá de su amiga es el mismo hombre de sus recuerdos?
Paula Giaccaglia
Alexa con el papá de Emma ( porque es él seguro) fué sólo un beso o algo más? no me queda claro.
en mi país un hombre de 39 años con una menor sería pedofilia si hubo sexo
Paula Giaccaglia
uhhhh, es el papá de Emma??? no puedo creer, hay muchísima diferencia de edad!!! 39 años tiene él y ella debe de tener 18 y amiga de la hija
Maleramram: Tiene 20 casi 21 Alexa , es un diferencia de edad si no le gusta ese contenido es entendible , puede dejar de leer
total 1 replies
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