Misaki Kuroda tiene demasiadas razones para odiar a los De Luca.
Hija del líder de una poderosa familia de la Yakuza, fue criada para no mostrar debilidad. Pero cuando un De Luca destruyó la vida que había imaginado para sí misma, Misaki respondió de la única manera que conocía: con sangre.
Dante De Luca no la culpa. Conocía demasiado bien a su hermano y sabe que Misaki tenía motivos para hacer lo que hizo. Pero comprenderla no significa que quiera convertirla en su esposa.
Para poner fin a años de enfrentamientos, los Kuroda y los De Luca sellan la paz mediante un matrimonio.
Misaki deberá casarse con un hombre cuyo apellido representa todo lo que perdió. Dante deberá compartir su vida con una mujer que tiene razones suficientes para odiar a toda su familia.
No habrá amor. No se espera perdón.
Pero el verdadero peligro comenzará cuando Dante deje de ser para Misaki simplemente un De Luca.
Porque hay sentimientos que ni el odio, ni la sangre, ni una familia pueden controlar.
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Capitulo 18
Horas más tarde.
Dante estaba solo en su despacho.
Había intentado trabajar.
Realmente lo había intentado.
Pero los documentos que tenía abiertos frente a él llevaban varios minutos sin moverse.
Su atención estaba en otra cosa.
Las fotografías habían llegado hacía poco.
Misaki.
Dante deslizó lentamente el dedo por la pantalla de la tablet.
En la primera, estaba frente a un saco de boxeo.
Vestía completamente de negro. Un top deportivo dejaba al descubierto parte de sus hombros y de la enorme serpiente tatuada sobre su espalda. La larga trenza caía detrás de ella.
Dante pasó a la siguiente.
Misaki golpeando.
Otra.
Una patada.
Otra.
El saco completamente desplazado por la fuerza del impacto.
Dante se detuvo.
Había visto pelear a Misaki.
Sabía perfectamente de lo que era capaz.
Todavía tenía una pequeña marca en el cuello que podía confirmarlo.
Sin embargo, aquello era diferente.
No había armas.
No había hombres muertos alrededor.
Solo ella.
Volvió a deslizar el dedo.
En la siguiente fotografía, Misaki estaba de perfil.
El cabello se había pegado ligeramente a su rostro por el sudor. Respiraba con la boca entreabierta y mantenía los puños levantados.
Dante la observó.
Demasiado tiempo.
Pasó a la siguiente.
Las vendas que cubrían sus manos estaban manchadas de sangre.
Frunció el ceño.
Amplió la imagen.
Sus nudillos estaban lastimados.
—¿Qué mierda te pasó ahora? —murmuró.
No tenía por qué importarle.
Y técnicamente no le importaba.
Simplemente estaba analizando a la mujer con la que iba a casarse.
Eso era todo.
Dante volvió a la fotografía anterior.
La miró.
Después regresó a la de la patada.
Luego nuevamente a la primera.
Se reclinó en el asiento.
—Estás perdiendo el tiempo, De Luca.
Dejó la tablet sobre el escritorio.
Duró exactamente cinco segundos.
La tomó otra vez.
Esta vez se detuvo en una fotografía en la que Misaki estaba de espaldas.
La serpiente tatuada recorría su piel.
Dante entrecerró los ojos.
Era hermosa.
Eso resultaba imposible de negar.
Peligrosa.
Sanguinaria.
Completamente desequilibrada, probablemente.
Pero hermosa.
El teléfono comenzó a sonar.
Dante apartó los ojos de la fotografía.
Massimo De Luca.
Atendió.
—Papá.
—¿Estás ocupado?
Dante miró la tablet.
—No.
—Bien. Tenemos que hablar de Misaki.
Sus ojos regresaron automáticamente a la fotografía.
—Qué coincidencia.
—¿Qué?
—Nada. ¿Qué pasa?
—Tenés que comprarle un regalo de compromiso.
Dante frunció el ceño.
—¿Para qué?
Hubo un breve silencio al otro lado.
—Porque vas a casarte con ella.
—No sabía que necesitaba recompensarla por eso.
—Dante.
—¿Qué?
—Un regalo de compromiso.
Dante dejó caer la cabeza contra el respaldo.
—Papá, esto no es un compromiso normal.
—No importa.
—A ella seguramente le importa todavía menos que a mí.
—Tampoco importa.
Dante sonrió sin humor.
—Entonces veo que el matrimonio empieza maravillosamente.
Massimo ignoró el comentario.
—Tiene que ser algo importante.
—Le mando flores.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no estás invitando a cenar a una mujer que conociste ayer. Vas a casarte con la hija de Takeshi Kuroda.
Dante miró nuevamente la fotografía.
—Créeme. No creo que las flores sean su estilo.
—Una joya.
—¿Una joya?
—Un collar.
Dante guardó silencio.
—Grande —continuó Massimo—. Algo que pueda usar públicamente. Un regalo de compromiso que todos puedan reconocer como tal.
Dante apoyó un codo sobre el escritorio.
—¿Querés que le cuelgue el acuerdo comercial del cuello?
—Quiero que todo el mundo entienda que la unión va en serio.
Eso hizo que Dante dejara de bromear.
Massimo continuó:
—Y precisamente por eso hay otra cosa.
—Sabía que había otra cosa.
—Tenés que salir con ella.
Dante frunció el ceño.
—¿Salir?
—Cenar. Tomar algo. Lo que quieran.
—No queremos nada.
—Entonces finjan.
Dante soltó una risa seca.
—Misaki Kuroda me puso un cuchillo en el cuello ayer.
—no me sorprense, por algo dicen lo que dicen de ella..
—Me amenazó con cortarme la cabeza.
—no lo dudo.
—¿Y querés que la invite a una cita?
—No es una cita.
—Acabás de decirme que salga con ella.
—Dije que tienen que mostrarse juntos.
Dante permaneció en silencio.
Ahora entendía.
—Querés que nos vean.
—Exactamente.
Massimo habló con absoluta tranquilidad.
—La noticia del acuerdo ya está empezando a circular. En pocos días todo Nueva York va a saber que los Kuroda y los De Luca están negociando una unión. Pero una cosa es escuchar rumores y otra muy distinta verlos a ustedes juntos.
Dante se levantó.
Caminó hacia el ventanal con el teléfono en una mano y la tablet en la otra.
—Una demostración pública.
—Sí.
—Para nuestros socios.
—Para nuestros socios, nuestros hombres y nuestros enemigos.
Dante observó las luces de Nueva York.
Massimo continuó:
—Durante demasiado tiempo todos vieron a nuestras familias matándose entre sí. Ahora necesitamos que den por hecho que eso terminó.
Dante bajó la mirada hacia la fotografía.
Misaki golpeando el saco.
Las manos ensangrentadas.
Si su padre supiera.
—No creo que Misaki sea especialmente buena fingiendo que no quiere matarme.
—Entonces vas a tener que ayudarla.
Dante soltó una carcajada.
—Preferiría meter la cabeza dentro de la boca de un león.
—Sos un De Luca. Sobrevivirás a una cena.
—No estoy completamente seguro.
—Elegí un buen restaurante.
—¿Algo más?
—Sí.
Dante cerró los ojos.
—Por supuesto.
—Entregale el collar esa noche.
Dante volvió a mirar la pantalla.
—No compré ningún collar.
—Todavía.
—No pienso—
—Dante.
El tono de Massimo cambió.
No necesitó levantar la voz.
—Esto no se trata de si te gusta Misaki.
Dante guardó silencio.
Sus ojos permanecieron sobre la fotografía.
—Ni de si ella te gusta a vos —continuó Massimo—. Se trata de que, cuando ustedes entren juntos en un lugar, nadie tenga dudas de lo que representa.
Dante pasó el pulgar lentamente por el borde de la tablet.
—Entiendo.
—Bien.
—Voy a ocuparme.
—Y Dante.
—¿Qué?
—Algo elegante.
Dante arqueó una ceja.
—¿El restaurante o el collar?
—Ambos.
—Qué exigente.
Massimo estaba a punto de cortar cuando agregó:
—Y tratá de no terminar con otro cuchillo en el cuello.
Dante llevó inconscientemente los dedos hasta la pequeña marca.
—No prometo nada.
La llamada terminó.
Dante bajó el teléfono.
Durante unos segundos permaneció frente al ventanal.
Después volvió a mirar la tablet.
Misaki seguía allí.
Puños levantados.
Mirada furiosa.
La piel húmeda.
Las vendas manchadas de sangre.
Dante amplió nuevamente la fotografía.
—Una cita —murmuró.
Negó con la cabeza.
La mujer quería matarlo.
Él tenía que comprarle un collar.
Y su padre esperaba que ambos convencieran a Nueva York de que aquella unión era una buena idea.
Dante observó un momento más el rostro de Misaki.
Después sonrió apenas.
—Esto va a salir espectacularmente mal.
La llamada terminó.
Dante bajó lentamente el teléfono.
Durante unos segundos permaneció mirando la pantalla.
Una cena.
Un collar.
Una aparición pública.
Perfecto.
Ahora solamente tenía que comunicárselo a la mujer que veinticuatro horas antes había amenazado con cortarle la cabeza.
Buscó entre sus contactos.
Se detuvo.
Volvió hacia arriba.
Después hacia abajo.
Nada.
Frunció el ceño.
No tenía su número.
Dante abrió los mensajes que había recibido durante las negociaciones. Revisó los documentos. Los contactos enviados por los Kuroda.
Takeshi.
Abogados.
Seguridad.
Un número perteneciente a Hiroshi Kagawa.
Pero nada de Misaki.
—No puede ser.
Buscó nuevamente.
Nada.
Dante dejó caer el teléfono sobre el escritorio.
Iba a casarse con aquella mujer dentro de quince días y ni siquiera sabía cómo llamarla.
Pensó en pedirle el número a su padre.
Descartó inmediatamente la idea.
Massimo iba a disfrutar demasiado de aquello.
Tomó otra vez el teléfono.
Buscó el contacto de Hiroshi.
Lo observó unos segundos.
Después llamó.
Atendieron al tercer tono.
—Kagawa.
La voz era seria.
Dante se reclinó en su asiento.
—Necesito hablar con Misaki.
Hubo un breve silencio al otro lado.
—¿Señor De Luca?
—Sí.
—¿Qué necesita?
Dante arqueó una ceja.
—Hablar con Misaki.
—Puede decírmelo a mí.
—Preferiría decírselo a ella.
—Entonces dígame de qué se trata y se lo comunicaré.
Dante se quedó callado.
Aquello empezaba a irritarlo.
—Pasame con ella.
—Misaki-san no está conmigo en este momento.
—Entonces dame su número.
Otro silencio.
—No tiene.
Dante apartó lentamente el teléfono de su oído.
Lo miró.
Volvió a acercárselo.
—¿Qué?
—Misaki-san no utiliza teléfono personal.
—¿Estamos en 1994?
Hiroshi ignoró el comentario.
—No le gustan los teléfonos.
Dante recordó las fotografías de aquella mañana.
Una mujer capaz de matar a seis hombres, manejar una katana y ponerle un cuchillo en el cuello.
Pero aparentemente un celular era demasiado.
—¿Y cómo mierda se comunica con la gente?
—A través de mí.
Dante dejó de sonreír.
—¿A través de vos?
—Sí.
—¿Siempre?
—Cuando es necesario.
Dante se acomodó lentamente en el asiento.
—Entonces vos manejás sus llamadas.
—Sus llamadas. Sus mensajes. Parte de su agenda. Todo aquello que Misaki-san considera innecesario atender personalmente.
Dante guardó silencio.
—Soy su persona de confianza —agregó Hiroshi.
Su persona de confianza.
Dante miró hacia el ventanal.
No sabía por qué aquellas cuatro palabras le resultaron particularmente irritantes.
—Entiendo.
—¿Qué necesita comunicarle?
Dante jugueteó con una lapicera.
—Mañana voy a llevarla a cenar.
Silencio.
Esta vez fue Hiroshi quien tardó en responder.
—¿Va a llevarla a cenar?
Dante notó inmediatamente el cambio.
Muy pequeño.
Pero estaba ahí.
—Sí.
—¿Por qué?
Una sonrisa lenta apareció en el rostro de Dante.
Interesante.
—No sabía que tenía que explicártelo.
—No tiene que hacerlo.
—Perfecto.
—Pero si espera que Misaki-san acepte, sería conveniente que me dijera el motivo.
Dante dejó la lapicera.
—Tenemos que mostrarnos juntos.
—Entiendo.
—Nuestros padres quieren que empiecen a vernos como una pareja.
La palabra quedó suspendida entre ambos.
Pareja.
Hiroshi permaneció en silencio.
—Mañana a las ocho —continuó Dante—. Voy a pasar a buscarla.
—Se lo comunicaré.
Dante estuvo a punto de cortar.
No lo hizo.
—Kagawa.
—¿Sí?
—¿Hace cuánto trabajás para ella?
Una pausa.
—Muchos años.
—¿Cuántos?
—Los suficientes.
Dante entrecerró los ojos.
—Respuesta interesante.
—No sabía que me estaba entrevistando, señor De Luca.
Dante sonrió.
—No lo estoy haciendo.
—Entonces, ¿algo más?
Dante permaneció callado unos segundos.
—No.
—Buenas noches.
La comunicación terminó.
Dante continuó con el teléfono junto al oído.
Lentamente lo bajó.
Miró la pantalla.
Hiroshi Kagawa.
Su persona de confianza.
Repitió mentalmente aquellas palabras.
No debería importarle.
Hiroshi era uno de los hombres de Takeshi. El segundo de Misaki. Era lógico que estuviera cerca de ella.
Muy cerca, aparentemente.
Dante dejó el teléfono.
Después volvió a tomarlo.
Buscó información sobre Hiroshi.
Se detuvo.
—¿Qué mierda estás haciendo?
Bloqueó la pantalla.
No le importaba.
Misaki podía acostarse con Hiroshi si quería.
Podía acostarse con medio Japón.
No eran una pareja.
Ni siquiera se soportaban.
Su matrimonio era un acuerdo.
Nada más.
Dante tomó la tablet para volver al trabajo.
La pantalla se encendió.
Misaki.
La fotografía seguía abierta.
Dante la contempló.
Después pensó nuevamente:
Su persona de confianza.
—Qué frase de mierda.
Al día siguiente.
Dante llegó cinco minutos antes de las ocho.
El automóvil se detuvo frente al hotel donde se alojaban los Kuroda.
Dante miró la hora.
19:55.
Había elegido un traje negro.
Sin corbata.
El collar descansaba dentro de una caja en el bolsillo interior de su saco.
Todavía no estaba seguro de cuándo pensaba dárselo.
O si Misaki aceptaría usarlo.
Probablemente intentaría estrangularlo con él.
La puerta del hotel se abrió.
Hiroshi apareció primero.
Por supuesto.
Dante apretó la mandíbula.
Traje oscuro. Expresión seria. Perfectamente acomodado.
Hiroshi vio el automóvil.
Después a Dante.
Se acercó.
Dante bajó la ventanilla.
—Kagawa.
—Señor De Luca.
—¿Tengo que pedirte permiso para llevármela?
Hiroshi lo miró sin cambiar de expresión.
—No.
—Excelente.
—Misaki-san tampoco necesita mi permiso.
Dante sostuvo su mirada.
—Me alegra que estemos de acuerdo.
Hiroshi se apartó.
Y entonces Dante la vio.
Misaki acababa de aparecer en la entrada del hotel.
Durante un instante...
Dante no hizo absolutamente nada.
Solo miró.
La mujer que había visto cubierta de sangre.
La mujer del cuchillo.
La mujer de las fotografías.
La mujer que golpeaba un saco hasta destrozarse los nudillos.
Había desaparecido.
O, al menos, eso parecía.
Misaki avanzó hacia ellos con un vestido que conseguía algo que Dante había creído imposible:
hacerla parecer todavía más peligrosa.
Sus ojos recorrieron lentamente su figura.
Y se detuvieron demasiado.
Misaki llegó frente a él.
—De Luca.
Aquello consiguió devolverlo a la realidad.
Dante salió del automóvil.
—Kuroda.
Los ojos de Misaki bajaron brevemente hacia él.
—¿Terminaste de mirar?
Dante sostuvo su mirada.
—Todavía no.
Misaki arqueó una ceja.
Dante sonrió apenas.
—Pero podemos irnos.
Hiroshi permanecía detrás de ella.
Dante lo vio.
Y nuevamente sintió aquella absurda irritación.
Misaki se volvió hacia Hiroshi.
—行ってくる。
Me voy.
Hiroshi asintió.
—お気をつけて。
Tenga cuidado.
Misaki estuvo a punto de entrar al automóvil cuando Dante extendió una mano hacia ella.
Ella se detuvo.
Miró primero su mano.
Después su rostro.
—¿Qué hacés?
—Nos están mirando.
Misaki observó alrededor.
Dante tenía razón.
Había personas en la entrada. Seguridad. Hombres de ambas familias. Y seguramente más de un par de ojos interesados en comprobar si aquella unión era real.
Dante mantuvo la mano extendida.
—La función empieza ahora.
Misaki volvió a mirar su mano.
Pero antes de que pudiera tomarla, Hiroshi se adelantó.
Dante giró apenas el rostro.
Hiroshi abrió la puerta trasera del automóvil para Misaki y, con absoluta naturalidad, se apartó para dejarla pasar.
—私はすぐ後ろにいます。車でついて行きます。
Voy a estar justo detrás de usted. La seguiré en el otro auto.
Misaki hizo un pequeño gesto afirmativo con la cabeza.
—わかった。
Entendido.
Nada más.
Dos frases.
Un intercambio completamente normal entre ellos.
Pero Dante continuó mirando a Hiroshi.
Otra vez aquella familiaridad.
Aquella manera de saber exactamente dónde tenía que estar sin que Misaki necesitara pedírselo.
Su persona de confianza.
Dante bajó lentamente la mano que todavía tenía extendida.
Hiroshi levantó los ojos.
Las miradas de ambos hombres se encontraron durante un instante.
—Señor De Luca.
—Kagawa.
Misaki entró al automóvil sin prestar atención a ninguno de los dos.
Hiroshi cerró la puerta con cuidado.
Dante lo observó un segundo más.
Dante rodeó el vehículo y entró por el otro lado.
El automóvil comenzó a avanzar.
Misaki ni siquiera lo miró.
Tenía la vista puesta en la ventanilla, observando las luces de Nueva York mientras se alejaban del hotel.
Dante permaneció en silencio.
Miró por el espejo lateral.
Un automóvil negro salió detrás de ellos.
Hiroshi.
Por supuesto.
Volvió la mirada hacia Misaki.
—No me gusta.
Ella continuó mirando por la ventanilla.
—Qué pena.
Dante frunció el ceño.
—Ni siquiera sabés de qué estoy hablando.
—Tampoco parece importarme demasiado.
—No me gusta que hablen en japonés delante de mí.
Ahora sí Misaki giró lentamente el rostro.
—¿Perdón?
—Vos y Kagawa.
Ella arqueó una ceja.
—¿Qué pasa con Hiroshi?
Dante se acomodó contra el asiento.
—Hablan en japonés y yo no tengo idea de qué mierda están diciendo.
Misaki lo contempló unos segundos.
—Somos japoneses.
—Eso ya lo sé.
—Entonces no entiendo qué parte te sorprende.
—No me sorprende. No me gusta.
Misaki volvió la mirada hacia la calle.
—Problema tuyo.
Dante apretó la mandíbula.
—Tampoco me gusta lo que se traen ustedes dos.
Eso consiguió que ella volviera a mirarlo.
Esta vez con más atención.
—¿Lo que nos traemos?
—Kagawa maneja tus llamadas. Tu agenda. Te acompaña a todos lados. Ahora también nos sigue.
Misaki miró brevemente por la luneta trasera.
El automóvil continuaba detrás de ellos.
Después volvió hacia Dante.
—¿Pensás que voy a matarte?
Dante sostuvo su mirada.
Misaki ladeó ligeramente la cabeza. se inclinó apenas hacia él.
—Si quisiera matarte, Dante...
Una pausa.
Sus ojos bajaron deliberadamente hacia la pequeña marca que todavía quedaba en su cuello.
Después volvieron a los suyos.
—...puedo hacerlo sola.
Silencio.
Dante pasó lentamente la lengua por el interior de la mejilla.
—Encantadora como siempre.
y más animal delante de su hijo
dios mío santo este hombre es un bruto
será muy difícil el acercamiento de estos dos protagonistas si bien es cierto fue Lucio de luca quien lo mató
no es culpa de toda la familia bien claro nos dice dante que Lucio actuaba solo era un sicópata asesino un maldito y creo que misaky hizo su propia justicia si asesinarlo pero ahí termino y ella debe sanar necesita un sicólogo que le ayude a superar su dolor.
ahora veremos qué sucede🙎🙎🙎
esa mujer no sabe que eres el jefe al parecer cree que puede manipular todo de una vez ponla en su sitio
ponle una casa
total ella más está en la calle comprando bailando comiendo teniendo amantes en fin su vida loca
las niñeras cuidan de Mateo
y aquí es donde lo digo por primera vez que estos dos protagonistas no deben quedar juntos ojalá sea diferente y no sea el final feliz por ensima de dos vidas que no tenían nada que pagar
que bueno que Misaki lo degolló y fue poco
estoy odiando a Dante
dante no sabes en realidad porque odia a toda tu familia lo que significa para ella tu apellido
🤷🤷🤷 cómo es que estos dos se van a enamorar🙎🙎🙎deberá pasar algo increíble que los una
por que ella está siendo un clavo en el culo
no se pero esta vien el coraje de Misaki pero se está portando con el de lo peor
esa carne. es un problema se nota
se que es la madre de tu hijo
pero deberías mandarla a volar de una vez
hasta a mí me cansa
pero realmente Ren si era una blanca paloma una buena persona por que a pasado en otras historias que nos venden a un personaje por bueno y viene siendo peor
pero yo cada vez que estos estás juntos saltan chispas /Sly//Sly//Sly//Sly/