Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.
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Capitulo 20- Dante
El silencio dentro de mi apartamento era casi absurdo después de dejar a Mía en su casa, subí directamente hasta el último piso del edificio mientras intentaba ignorar el desastre que tenía dentro de la cabeza, pero honestamente ya era imposible, porque todo relacionado con ella empezaba a sentirse imposible de controlar.
Apenas entré al penthouse me aflojé lentamente la corbata caminando hacia el enorme ventanal que ocupaba prácticamente toda la pared principal. Desde ahí la ciudad se veía inmensa. Llena de luces. Fría. Distante.
Exactamente como me gustaba 9 al menos así había sido durante años.
Apoyé una mano contra el vidrio mientras soltaba lentamente el aire atrapado en mis pulmones y entonces pensé en Mía otra vez, en su vestido rojo, en cómo me miró dentro del automóvil, en la manera en que me dijo que no volvería a permitir que nadie la controlara.
Dios... Esa mujer realmente estaba destruyendo mi cordura.
Porque una parte de mí sabía perfectamente que debía detener todo aquello antes de que se volviera más complicado. El plan original era simple: destruir a Alexander, estabilizar nuestras imágenes públicas, fortalecer alianzas empresariales y después separarnos cuando todo estuviera resuelto.
Negocios, solo negocios, pero ahora… Ahora me descubría imaginando cosas peligrosas, ridículamente peligrosas.
Como despertar junto a ella todas las mañanas, llegar a casa y verla esperándome, discutir con ella por cosas absurdas, escucharla caminar por el apartamento mientras se queja de algo, formar una familia, vivir como un hombre normal.
La idea casi me hizo reír, porque yo jamás quise una vida así o mejor dicho… Dejé de quererla hace muchísimo tiempo.
Cerré lentamente los ojos y entonces apareció ella.
Melissa.
El recuerdo llegó tan claro que casi pude sentir otra vez el golpe brutal en el pecho.
Maldita sea.
Todavía podía verlo perfectamente, aquel apartamento pequeño donde vivíamos cuando yo apenas comenzaba a crecer empresarialmente. Nada lujoso. Nada parecido a la vida que tengo ahora. Solo un lugar sencillo donde genuinamente pensé que estaba construyendo algo real con alguien.
Melissa solía decirme que me amaba incluso cuando no tenía nada y yo le creí.
Qué idiota fui.
Recuerdo aquella noche perfectamente. Había trabajado durante casi veinte horas seguidas intentando cerrar uno de mis primeros contratos importantes. Estaba agotado, pero feliz. Incluso había comprado vino porque quería celebrar con ella.
Dios... Todavía recuerdo el maldito vino en mi mano.
Entré al apartamento sonriendo como un imbécil mientras pensaba en sorprenderla, porque claro, ella no me esperaba hasta el día siguiente y entonces escuché los sonidos... Risas, gemidos, la respiración agitada de Melissa.
Mi cuerpo entero se había congelado inmediatamente.
Recuerdo caminar lentamente por el pasillo sintiendo cómo algo dentro de mí comenzaba a romperse incluso antes de abrir la puerta y después… Los vi.
¿Quién dice que solo las mujeres pueden sentirse destruidas por una traición?
Melissa estaba en mi cama, con Adrián, mi supuesto mejor amigo.
Todavía puedo recordar cada detalle como si estuviera ocurriendo frente a mí ahora mismo. Las sábanas desordenadas. La espalda desnuda de Adrián. Las manos de Melissa aferrándose a él mientras seguía besándolo incluso después de verme entrar.
Y lo peor… Lo peor fue la expresión de ella cuando finalmente levantó la mirada hacia mí, ni siquiera parecía arrepentida, solo incómoda por haber sido descubierta.
—Dante… yo puedo explicarlo…
Mentira.
Siempre la misma maldita mentira.
Recuerdo perfectamente cómo mi mano seguía sosteniendo la botella de vino mientras sentía que literalmente me estaba quedando sin aire, porque yo realmente la amaba... De verdad.
Pensaba casarme con ella algún día, pensaba que construiríamos todo juntos, qué ridículo, Adrián ni siquiera tuvo la decencia de verse avergonzado.
—Hermano, cálmate...
Hermano, todavía odio esa palabra y después Melissa dijo algo que terminó de destruir todo lo que quedaba dentro de mí.
—Estoy cansada de vivir esperando a que tengas éxito.
Silencio, frío, brutal.
Todavía puedo escuchar su voz perfectamente.
—Adrián ya tiene contactos, estabilidad, dinero… contigo todo siempre es incertidumbre.
Ahí entendí todo, nunca fui suficiente mientras era un hombre común, ella no quería amor, quería comodidad, poder, seguridad económica y honestamente… Eso me destruyó muchísimo más de lo que alguna vez admitiré en voz alta.
Porque después de aquello dejé de confiar completamente en las personas, especialmente en el amor.
Durante años me convencí de que las relaciones eran únicamente acuerdos útiles. Nada más. Nunca volví a entregar realmente el corazón a nadie, hasta ahora.
Abrí lentamente los ojos observando nuevamente las luces de la ciudad frente a mí y entonces pensé en Mía.
En cómo enfrentó sola a Alexander e Isabella, en cómo dejó de llorar para empezar a pelear, en la manera en que se niega a convertirse otra vez en una mujer débil.
No, Mía no era Melissa, eran completamente diferentes.
Melissa huía hacia donde había más poder, Mía, en cambio, estaba intentando construir el suyo propio y para ser sincero… Creo que eso era exactamente lo que me estaba volviendo loco, porque ella no parecía una mujer esperando ser salvada.
Parecía una leona aprendiendo a usar sus garras y Dios… Eso me encantaba demasiado.
Solté lentamente el aire antes de sacar el teléfono del bolsillo, no pensé demasiado, simplemente marqué, mi secretario respondió casi inmediatamente.
—¿Señor Morelli?
—Necesito que adelantes todos los preparativos legales del compromiso.
Hubo unos segundos de silencio al otro lado.
—¿Todo?
Miré nuevamente la ciudad frente a mí y pensé en Mía usando mi apellido, pensé en besarla sin tener que fingir, pensé en verla caminar por esta casa como si realmente perteneciera aquí, qué peligroso.
Qué condenadamente peligroso.
—Todo —respondí finalmente—. Quiero que el matrimonio se haga lo más rápido posible.
Mi secretario claramente pareció sorprendido, normal, yo también lo estaba.
—Entendido, señor.
La llamada terminó poco después, pero seguí inmóvil frente al ventanal unos segundos más, porque la verdad era simple, quería disfrutar a Mía, de verdad y si iba a hacerlo… Quería hacerlo bien, no a escondidas, no como algo temporal y mediocre, bajo matrimonio, como debía ser quién sabe… Tal vez aquellos dos años terminarían convirtiéndose en algo más, muchísimo más, porque por primera vez en demasiado tiempo… La idea de amar a alguien ya no me parecía una debilidad, especialmente si ese alguien era Mía Beaumont.
Y sinceramente… Quizá no quería que fuera mi esposa únicamente durante dos años, quizá la quería conmigo hasta que la muerte nos separara.