🎄 El esposo que apareció en invierno
Una joven de 18 años es abandonada por el amor de su vida justo cuando descubre que está embarazada de cuatrillizos. Sin familia, sin apoyo y completamente rota, termina viviendo uno de los momentos más difíciles de su vida… hasta que el destino interviene.
Una noche fría de invierno, es encontrada desmayada en la calle con fuertes dolores por un hombre desconocido que decide ayudarla y llevarla al hospital. Allí, un malentendido con los medios los obliga a fingir ser esposos para evitar el escándalo. Lo que comienza como una mentira por necesidad, se convierte en un matrimonio real.
Él, un hombre que siempre soñó con ser padre pero que fue herido por una relación pasada, decide aceptar a la joven y a sus cuatrillizos como su familia. Les da su apellido, los protege y los presenta ante su propia familia en plena Navidad, como su esposa y sus hijos.
Entre momentos de dolor, protecció.
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Capitulo 6: La familia Valcarcel
La mañana llegó demasiado rápido para Lucía.
Apenas había dormido.
Cada vez que cerraba los ojos recordaba las palabras de Adrián.
"Mis padres vienen mañana."
Y ahora ese mañana había llegado.
Lucía se levantó temprano y caminó hasta el enorme ventanal de su habitación.
El sol iluminaba los jardines de la mansión.
Todo parecía tranquilo.
Pero dentro de ella había una tormenta.
Nunca había conocido a una familia tan importante.
Mucho menos a los padres de un hombre como Adrián Valcárcel.
—Voy a hacer el ridículo.
Murmuró para sí misma.
La puerta sonó suavemente.
—¿Puedo pasar?
Preguntó Adrián desde afuera.
—Sí.
Adrián entró y la encontró observando el jardín.
—¿Nerviosa?
Lucía soltó una pequeña risa.
—Creo que esa palabra ya no es suficiente.
—No tienes que preocuparte.
—Fácil decirlo cuando no vas a ser interrogado.
Adrián sonrió.
—Créeme.
Yo también voy a ser interrogado.
Aquello logró arrancarle una sonrisa.
Después del desayuno decidieron visitar a los bebés.
Lucía no quería recibir a la familia sin antes ver a Mateo, Gabriel, Sofía y Valentina.
Al llegar al hospital fue directamente hacia las incubadoras.
Su corazón se llenó de alegría.
Los cuatro parecían estar más fuertes.
Las enfermeras incluso tenían buenas noticias.
—Los bebés están respondiendo muy bien.
Dijo una de ellas.
Lucía sintió ganas de llorar de felicidad.
—¿De verdad?
—Sí.
Son unos verdaderos luchadores.
Lucía miró a sus hijos.
—Escucharon eso, mis amores.
Todos ustedes son guerreros.
Adrián observaba la escena en silencio.
Cada día le resultaba más difícil recordar que aquellos niños no eran suyos.
Cuando regresaron a la mansión, varios vehículos estaban estacionados frente a la entrada principal.
Lucía tragó saliva.
—Ya llegaron.
Murmuró.
Adrián asintió.
—Sí.
Antes de que pudieran entrar, la puerta principal se abrió.
Y una joven salió corriendo.
—¡¡Adrián!!
Gritó.
La muchacha se lanzó directamente sobre él.
Lucía abrió los ojos sorprendida.
La joven comenzó a reír.
—Hace semanas que no te veía.
—Isabella.
Respondió Adrián.
—Sigues siendo exagerada.
—Y tú sigues siendo aburrido.
Contestó ella.
Lucía no pudo evitar reír.
Isabella inmediatamente giró hacia ella.
Y sonrió.
—¡Tú debes ser Lucía!
Antes de que pudiera responder, Isabella la abrazó.
—Mucho gusto.
He querido conocerte desde que vi las noticias.
Lucía quedó sorprendida.
Aquello era exactamente lo contrario de lo que esperaba.
—Gracias.
Respondió.
Isabella la observó emocionada.
—¿Es verdad que los bebés son tan lindos como dicen?
—Sí.
Contestó Lucía sonriendo.
—Más todavía.
—¡Quiero conocerlos!
Exclamó Isabella.
En ese momento apareció un hombre de cabello gris y porte elegante.
Su mirada transmitía autoridad.
Pero también calidez.
—Hija.
No la asustes el primer día.
Dijo.
Lucía comprendió inmediatamente quién era.
Alejandro Valcárcel.
El padre de Adrián.
—Mucho gusto, señor.
Saludó ella.
Alejandro sonrió.
—El gusto es mío.
He escuchado mucho sobre ti.
Aquella respuesta la tranquilizó un poco.
Pero entonces apareció la última persona.
Victoria Valcárcel.
La madre de Adrián.
La mujer caminó lentamente hacia ellos.
Elegante.
Perfecta.
Imponente.
Lucía sintió cómo los nervios regresaban.
Victoria la observó durante varios segundos.
Sin hablar.
Sin sonreír.
Simplemente observándola.
Finalmente extendió la mano.
—Lucía.
—Señora Valcárcel.
Respondió ella.
—Bienvenida.
Dijo Victoria.
Pero su tono era imposible de descifrar.
Lucía no sabía si aquello era sinceridad o simple cortesía.
Durante el almuerzo la conversación fue relativamente tranquila.
Isabella hablaba sin parar.
Alejandro contaba historias vergonzosas de la infancia de Adrián.
Y Adrián intentaba cambiar de tema cada vez que podía.
Por primera vez Lucía lo vio relajado.
Más humano.
Más cercano.
Pero Victoria seguía observándola.
Analizándola.
Como si intentara descubrir algo.
Finalmente hizo la pregunta que Lucía temía.
—¿Dónde conociste a mi hijo?
El comedor quedó en silencio.
Lucía miró a Adrián.
Luego volvió a mirar a Victoria.
—En circunstancias difíciles.
Respondió.
Victoria arqueó una ceja.
—Eso ya lo imaginaba.
Alejandro intervino rápidamente.
—Victoria.
Déjala respirar.
Pero la mujer no parecía satisfecha.
—Solo intento conocer a la persona que ahora forma parte de nuestra familia.
Aquellas palabras sorprendieron a Lucía.
Porque, por primera vez, Victoria había usado la palabra familia.
Esa misma tarde decidieron visitar el hospital.
Isabella prácticamente corrió hasta la unidad neonatal.
Y cuando vio a los cuatrillizos...
comenzó a llorar.
—Son perfectos.
Susurró.
Lucía sonrió.
—Lo son.
Alejandro también parecía emocionado.
Pero quien sorprendió a todos fue Victoria.
La mujer permaneció varios minutos observando a los bebés.
Luego se acercó lentamente.
Y apoyó una mano sobre el cristal de una incubadora.
—Son hermosos.
Murmuró.
Lucía escuchó aquellas palabras y sintió alivio.
Por primera vez.
Porque comprendió algo.
Tal vez Victoria no la aceptaba todavía.
Pero los bebés ya estaban comenzando a conquistar su corazón.
Y aquello era un comienzo.
Sin embargo...
al otro lado del pasillo alguien observaba la escena.
Una mujer elegante.
Hermosa.
Y llena de celos.
Camila Ferrer.
Sus ojos estaban clavados en Lucía.
Y cuando vio la forma en que Adrián la observaba...
comprendió algo que no le gustó.
Adrián estaba empezando a enamorarse.
Y Camila estaba decidida a impedirlo.
A cualquier precio.