Ella renace decidida a cambiar su destino y a sobrevivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Escenarios
El carruaje avanzaba con tranquilidad por el camino empedrado.
Los caballos mantenían un paso constante mientras los bosques del reino de Sunderland se extendían a ambos lados del camino.
Las ruedas crujían suavemente.
El paisaje era hermoso.
Pero Davina no estaba disfrutándolo.
Estaba demasiado ocupada teniendo conversaciones imaginarias.
Y ninguna terminaba bien.
Apoyó el mentón sobre la mano mientras observaba distraídamente por la ventana.
[Bueno...]
[Vamos a ensayar.]
Cerró los ojos.
Enseguida apareció el primer escenario en su imaginación.
Un enorme despacho.
El duque Krugher sentado detrás de un escritorio.
Su rostro seguía completamente borroso.
Solo podía distinguir una gran sombra.
Y, por supuesto...
La capa negra.
[La camiseta de rayas también sigue ahí.]
Davina entraba con toda la elegancia posible.
Hacía una reverencia impecable.
—Su excelencia.
El duque levantaba la vista.
—¿Qué desea?
Ella respiraba profundamente.
—Estoy embarazada.
Silencio.
El duque respondía con absoluta tranquilidad.
—¿Y?
Davina sonreía.
—¿Cómo que "y"?
—No es asunto mío.
Ella levantaba lentamente una silla.
—¿No?
—No.
La silla impactaba directamente sobre el escritorio.
—¡¡PUES AHORA SÍ VA A SER ASUNTO SUYO!!
Abrió los ojos de golpe.
Se quedó pensando unos segundos.
[No.]
[Ese plan no.]
[Me arrestan antes de terminar la conversación.]
Suspiró.
—Descartado.
Volvió a cerrar los ojos.
Segundo escenario.
El duque apenas la veía llegar.
Corría hacia ella.
Le tomaba ambas manos.
—¡Davina!
—¡Te he buscado por todas partes!
Ella sonreía emocionada.
—¡Yo también quería encontrarte!
El hombre caía de rodillas.
—¡Perdóname! ¡Cásate conmigo!
Ella cruzaba los brazos.
—Mmm...
—No.
—¿No?
—No.
—¿Por qué?
—Porque primero vamos a hablar seriamente.
El duque asentía.
—Tiene razón.
—Después hablaremos del matrimonio.
Fin.
Abrió nuevamente los ojos.
[Muy optimista.]
[Demasiado optimista.]
Negó con la cabeza.
—Ese tampoco va a pasar.
Volvió a mirar por la ventana.
Los árboles seguían desfilando lentamente.
Respiró hondo.
[Bueno...]
[Otro.]
Tercer escenario.
Entraba al despacho.
—Su excelencia.
El hombre respondía sin levantar la vista.
—No la conozco.
Ella sonreía.
—Qué casualidad. Porque yo sí lo conozco a usted.
El duque fruncía el ceño.
—¿Qué quiere?
Davina colocaba sobre el escritorio un documento.
—Una prueba mágica de linaje.
Silencio.
El duque levantaba lentamente la cabeza.
Ella sonreía aún más.
—¿La hacemos ahora... ..o delante de toda la nobleza?
El hombre tragaba saliva.
—Ahora.
Davina levantaba el pulgar.
—Excelente decisión.
Abrió un ojo.
[Ese...]
[Ese sí me gustó.]
Asintió satisfecha.
[Ese tiene potencial.]
Pero enseguida apareció otro pensamiento.
[¿Y si sale corriendo?]
Se quedó completamente inmóvil.
—No.
Sacudió la cabeza.
—Es un duque. No puede salir corriendo. ¿O sí?
Se imaginó al poderoso duque escapando por una ventana.
Ella persiguiéndolo por los jardines.
—¡¡¡VUELVA AQUÍ!!!
El duque huyendo.
Ella detrás.
Los guardias sin entender absolutamente nada.
No pudo evitar reír sola.
La escolta que cabalgaba junto al carruaje escuchó la risa y miró discretamente hacia la ventana.
Davina fingió toser.
—Cof... cof...
El caballero volvió a mirar al frente.
Ella suspiró aliviada.
[Qué vergüenza...]
Volvió a acomodarse en el asiento.
[Pensemos seriamente.]
Si el duque era una persona razonable...
Hablarían.
Si aceptaba su responsabilidad...
Perfecto.
Si no...
Bueno...
Ella también tenía un plan.
Sonrió lentamente.
[Muy bien.]
—"Su excelencia, estoy embarazada."
—"No es mío."
—"Excelente."
—"¿Excelente?"
—"Entonces iremos juntos a realizar la prueba de linaje." "Si no es suyo, usted quedará libre de toda responsabilidad."
—"Y si sí es suyo..."
En su imaginación sonrió con todos los dientes.
—"...entonces empezaremos a negociar."
Asintió satisfecha.
[Ese sí.]
[Ese es un buen plan.]
No era impulsivo.
No era violento.
Y tampoco daba pie a discusiones innecesarias.
Las pruebas hablarían por ella.
Se cruzó de brazos.
[Me gusta.]
Sin embargo... Había una última posibilidad.
La peor de todas.
¿Qué pasaba si el duque era un hombre amable?
¿Qué ocurría si en realidad había querido buscar a Davina durante todo ese tiempo?
Frunció el ceño.
[Eso...]
[Eso sí complicaría las cosas.]
Porque entonces tendría que dejar de imaginárselo como un villano con magia oscura, capa negra, camiseta de rayas y una mano llena de cuchillas.
Suspiró.
—Pobre hombre...
Murmuró para sí misma.
—Ni siquiera lo conozco y ya lo convertí en el antagonista de una película de terror.
Guardó silencio unos segundos.
Luego sonrió.
—Bueno... Si resulta ser buena persona... Le pediré perdón mentalmente. Pero si resulta ser un idiota... Entonces todas estas conversaciones imaginarias habrán servido como entrenamiento.
Y, conociéndose a sí misma, sabía una cosa con absoluta certeza.
Fuera cual fuera la reacción del duque Krugher...
Ella no pensaba dar un solo paso hacia atrás.
Porque si había algo más fuerte que el miedo...
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que en las noches se buscan a ver si algo hace que dejen ese orgullo para que su hijo nazca en un lugar estable con padres dejen su orgullo por el
Si me reí, pero se pasó de descarada, y Jean no va dejar de pasar la. oportunidad de satisfacerse de su esposa tóxica masoquista , pobre criatura cuando sea grande y pregunté cómo eran sus padres 🤣🤣
me fascina leer