Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
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2- mentiras pequeñas
La mañana comenzó mucho antes de que saliera el sol.
Valentina caminaba por el pasillo del Hospital Santa Emilia con una carpeta bajo el brazo y un café en la otra mano.
Todavía faltaban quince minutos para el cambio de turno.
Le gustaba llegar temprano.
Le permitía revisar a sus pacientes antes de que el hospital despertara por completo.
—Buenos días, doctora.
—Buenos días.
Respondió sonriendo a una enfermera.
Apenas llegó a la estación de enfermería comenzó a revisar las historias clínicas.
—¿La paciente de la habitación 307 pasó buena noche?
—Sí, doctora. Ya no presentó fiebre.
—Perfecto. En una hora volveré a verla.
Mientras hablaba, notó a Lucía al otro lado del pasillo. La residente parecía concentrada ordenando algunos documentos.
Valentina sonrió para sí.
"Qué bueno que vino."
Esperaba que la conversación del día anterior hubiera servido para devolverle un poco de confianza.
Decidió acercarse.
—Buenos días, Lucía.
La joven levantó la vista.
Sonrió con dulzura.
—Buenos días, doctora.
—¿Cómo amaneciste?
—Mucho mejor.
Gracias por hablar conmigo ayer.
Valentina asintió satisfecha.
—Me alegra escucharlo.
Hoy quédate conmigo en consulta.
Quiero que observes algunos casos antes de regresar al quirófano.
—Claro.
Lo haré.
Valentina continuó su recorrido sin notar que la sonrisa de Lucía desaparecía apenas le daba la espalda.
Media hora después...
Daniel salía de una consulta cuando escuchó una voz conocida.
—Doctor...
Giró.
Lucía sostenía una carpeta contra el pecho.
—¿Tienes un minuto?
Daniel sonrió con amabilidad.
—Claro.
¿Qué ocurre?
Lucía dudó unos segundos.
—No quería decir nada...
Porque no quiero causar problemas.
—Habla.
Ella bajó la mirada.
—La doctora Valentina sigue molesta conmigo.
Daniel frunció ligeramente el ceño.
—¿Pasó algo hoy?
—No...
Pero... Creo que ya no confía en mí.
Me dejó toda la mañana organizando historias clínicas mientras los demás aprendían.
Daniel intentó tranquilizarla.
—Probablemente solo quiera que recuperes confianza.
Lucía sonrió con tristeza.
—Sí...
Supongo que tienes razón.
Perdón por molestarte.
Se marchó antes de que él pudiera decir algo más.
Daniel permaneció inmóvil.
No terminaba de convencerlo aquella conversación.
Conocía a Valentina.
Sabía que era exigente.
Pero también sabía que podía parecer muy dura cuando enseñaba.
Sacudió la cabeza.
"Seguro estoy exagerando."
Y volvió al trabajo.
A varios kilómetros del hospital...
Alessandro estacionó su automóvil frente al edificio de Asterion Technologies.
Era uno de los primeros en llegar.
Le gustaba recorrer las oficinas antes de que comenzara el movimiento.
Saludó al personal de seguridad.
Subió directamente al último piso.
Y, apenas abrió la puerta de su despacho...
Encontró una enorme caja de regalo sobre el escritorio.
Frunció el ceño.
—¿Qué es esto?
Su asistente apareció enseguida.
—Buenos días, señor Moretti. Lo enviaron hace unos minutos a su apartamento, pero como usted ya había salido, el portero pidió que lo trajeran aquí.
Alessandro observó la tarjeta.
Ni siquiera necesitó abrirla.
Reconocía perfectamente la elegante caligrafía.
"Con cariño. Don Vittorio."
Cerró los ojos un instante.
—No puede ser...
Abrió la caja.
Dentro había una botella de vino.
Dos copas de cristal.
Y una nueva tarjeta.
"Esta noche cenarás con la señorita Emilia Ferrer. Espero que esta vez seas amable."
Alessandro dejó escapar un largo suspiro. En ese momento entró Matteo.
Bastó una mirada para entender lo ocurrido.
—¿Otra?
Alessandro levantó la tarjeta.
—Otra.
Matteo comenzó a reír.
—Tu tío es admirable.
Jamás se rinde.
—Empiezo a pensar que disfruta haciéndome sufrir.
Matteo tomó la tarjeta y la leyó.
—Emilia Ferrer...
¿No es la hija del dueño del Grupo Ferrer?
—Ni idea.
—Bonita.
Al menos según las revistas.
Alessandro volvió a guardar la tarjeta dentro de la caja.
—No me interesa.
—Lo sé.
Pero a Don Vittorio sí.
Aquella noche...
Alessandro regresó a su apartamento poco después de las ocho.
Vivía solo desde hacía casi tres años.
Había insistido en independizarse en cuanto la empresa comenzó a crecer.
Necesitaba un lugar donde pudiera respirar sin sentir el peso constante del apellido Moretti.
Apenas abrió la puerta...
Escuchó voces.
Se quedó inmóvil.
Frunció el ceño.
No recordaba haber dejado a nadie dentro.
Entró con cautela.
Y encontró a una elegante joven sentada tranquilamente en la sala, con una copa de vino en la mano.
Sonreía como si estuviera en su propia casa.
—Buenas noches, Alessandro.
Él miró a la mujer.
Luego al mayordomo que permanecía a un lado.
—¿Qué significa esto?
El empleado tragó saliva.
—El señor Vittorio llamó hace una hora...
Dijo que la señorita Emilia lo esperaría aquí.
Alessandro respiró hondo.
Muy hondo.
Después caminó hasta el centro de la sala.
Miró directamente a la joven.
—Señorita...
Lamento muchísimo hacerle pasar por esta situación.
Pero jamás acepté esta visita.
Ella pareció incómoda.
—Su tío dijo que...
—Mi tío decidió por los dos.
Y eso fue un error.
La joven bajó la mirada.
Alessandro continuó con la misma educación.
—No quiero faltarle al respeto.
Pero tampoco quiero darle falsas esperanzas.
Le agradecería que regresara a su casa.
Hubo unos segundos de silencio.
Finalmente Emilia asintió.
Se puso de pie.
—Entiendo.
Buenas noches, señor Moretti.
—Buenas noches.
Esperó hasta que ella abandonó el apartamento.
Solo entonces se pasó una mano por el rostro.
Cansado.
Frustrado.
Y, por primera vez en mucho tiempo...
Sintió que ni siquiera su propio hogar le pertenecía.
La puerta del apartamento se cerró con suavidad.
Alessandro permaneció inmóvil durante varios segundos, mirando el lugar donde, apenas unos instantes antes, había estado Emilia.
Después caminó lentamente hasta la barra de la cocina.
Se sirvió un vaso de agua.
No tenía ganas de vino.
Ni de cenar.
Ni de hablar con nadie.
Tomó el teléfono.
Buscó un contacto.
Matteo.
No necesitó escribir demasiado.
¿Estás ocupado?
La respuesta llegó casi al instante.
¿Qué hizo ahora Don Vittorio?
Alessandro sonrió por primera vez en toda la noche.
Ven a mi apartamento.
Trae pizza.
Cuarenta minutos después...
Matteo dejó la caja de pizza sobre la mesa del comedor.
Miró alrededor.
—¿Dónde está la candidata número...?
Hizo una pausa fingiendo contar con los dedos.
—Ya perdí la cuenta.
—Se fue.
Respondió Alessandro mientras abría una botella de refresco.
—¿La echaste?
—La invité amablemente a retirarse.
Matteo negó con la cabeza.
—Algún día una de esas muchachas va a demandarte por romperle el corazón.
—Primero tendrían que conocerme.
Los dos soltaron una pequeña risa.
Comieron en silencio durante unos minutos.
Hasta que Alessandro habló.
—Entró a mi apartamento.
Matteo dejó de comer.
—¿Qué?
—Mi tío tenía una copia de las llaves.
Se la dio al mayordomo para que la hiciera pasar.
El rostro de Matteo perdió la sonrisa.
—Eso ya no tiene gracia.
—Lo sé.
Alessandro apoyó los codos sobre la mesa.
—Ni siquiera aquí puedo estar tranquilo.
Matteo permaneció pensativo.
Después habló con total naturalidad.
—Véndelo.
—¿El apartamento?
—Sí.
Y múdate.
—¿Para qué?
—Para que Don Vittorio tarde al menos una semana en descubrir dónde vives.
Alessandro soltó una risa.
—No es mala idea.
—Tengo otra mejor.
Alessandro lo miró con desconfianza.
—No.
—Pero ni siquiera la he dicho.
—Te conozco.
Matteo levantó las manos.
—Consíguete novia.
Alessandro soltó un largo suspiro.
—Otra vez...
—Escúchame.
Una novia de verdad O una falsa.
Me da igual. Pero necesito que Don Vittorio deje de organizar castings para elegir a la futura señora Moretti.
Alessandro tomó otra porción de pizza.
—No.
—¿Por qué eres tan terco?
—Porque no pienso jugar con los sentimientos de nadie.
—Entonces busca una actriz.
—No.
—Una amiga.
—No.
—Una desconocida.
—Matteo...
Él continuó como si no lo hubiera escuchado.
—Firmas un acuerdo.
Fingen unos meses.
Tu tío se tranquiliza.
Después dicen que terminaron.
Problema resuelto.
Alessandro negó entre risas.
—¿Sabes cuál es el problema de tus ideas?
—¿Cuál?
—Que solo funcionan en las películas.
Matteo sonrió satisfecho.
—Entonces dejas oficialmente registrada tu respuesta.
Alessandro levantó la botella de refresco.
—Jamás.
Escúchame bien.
Jamás voy a tener una novia falsa.
Matteo levantó también su vaso.
—Queda registrado.
Brindaron.
Ninguno imaginaba que aquella promesa tendría una vida sorprendentemente corta.
A la mañana siguiente...
El Hospital Santa Emilia ya estaba completamente lleno.
Valentina terminaba de firmar unos informes cuando Daniel apareció en la puerta de su consultorio.
—¿Tienes cinco minutos?
Ella levantó la vista y sonrió.
—Siempre.
Daniel entró.
Parecía distraído.
—¿Todo bien?
Preguntó ella.
—Sí...
Solo un poco cansado.
Valentina se acercó hasta él.
Le acomodó la corbata con cariño.
—Has estado trabajando demasiado.
—Tú también.
Ella sonrió.
—Es parte del oficio.
Daniel tomó suavemente una de sus manos.
—¿Almorzamos juntos hoy?
—Claro.
Como siempre.
Él asintió.
—Paso por ti a la una.
—Aquí te espero.
Daniel besó su frente antes de salir del consultorio.
Valentina lo observó alejarse con una sonrisa tranquila.
No imaginaba que, apenas unos minutos después...
Lucía volvería a cruzarse en el camino de Daniel.
La residente salió de uno de los ascensores con varias carpetas entre los brazos.
Al verlo, fingió perder el equilibrio.
Los documentos cayeron al suelo.
—¡Ay!
Daniel reaccionó de inmediato.
—¿Estás bien?
—Sí...
Gracias.
Se agachó para ayudarla a recoger las hojas.
Lucía sonrió con timidez.
—Siempre apareces para salvarme.
Daniel soltó una pequeña risa.
—No exageres.
—No exagero.
De verdad gracias.
Se despidieron pocos segundos después.
Desde el otro extremo del pasillo...
Valentina alcanzó a ver la escena.
Sonrió con orgullo.
"Qué bonito...", pensó.
"Daniel siempre intenta ayudar a todos."
Y volvió a entrar a su consultorio.
Sin sospechar...
Que aquella aparente casualidad no había sido un accidente en absoluto.
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂
Quien secuestro a Valentina 🤔🤔🤔❓❓❓
Porque lo hizo de quien se quiere vengar 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Dónde está Lucia fue ella quien lo hizo o tuvo ayuda de alguien 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Alessandro ahora sí sacará a relucir su apellido Moretti a relucir y quien lo haya hecho se busco su muerte porque si no lo hace Alessandro lo hará el viejo Don Vittorio.
Valentina lo dejaste como novio de pueblo vestido y alborotado.
Hasta tu padre se dió cuenta que están perdidamente enamorados.
Bombón así necesito uno que me dé muchos regalos 🤣😂🤣😂
Es verdad lo que dice Camila ustedes dos ya no respetan el contrato eso ya pasó a hacer una relación verdadera besos, me quedo a dormir etcétera cuando darán el paso a sincerarse.