Contra Toda Regla narra el reencuentro entre Ander y Eliana, una atracción prohibida que desafía amistad, lealtad y principios, demostrando que algunos amores nacen precisamente donde nunca deberían hacerlo.
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Capítulo 3
A la mañana siguiente, la casa de los Carrasco estaba llena de la tranquilidad habitual.
El aroma del café recién preparado recorría el comedor mientras Eliana desayunaba junto a sus padres.
Xavier revisaba algunos documentos en su tableta, como acostumbraba hacer cada mañana, mientras Constanza servía un poco más de jugo en el vaso de su hija.
Todo parecía una mañana normal.
Hasta que Eliana decidió hablar.
—Tengo algo que contarles.
Sus padres levantaron la mirada al mismo tiempo.
—Eso suena importante —comentó Constanza con una sonrisa.
Eliana dejó la taza sobre la mesa.
—Mario me ofreció un puesto en B&C Consulting.
Hubo unos segundos de silencio.
No era un silencio de desaprobación, sino de sorpresa.
Xavier fue el primero en reaccionar.
—¿Y aceptaste?
Eliana asintió.
—Sí. Creo que es una buena oportunidad para mí.
Su padre la observó con calma.
—Hija, sabes que siempre hemos apoyado tus decisiones.
—Lo sé, papá.
—Pero me sorprende.
Eliana ladeó ligeramente la cabeza.
—¿Por qué?
Xavier dejó la tableta a un lado.
—Porque no entiendo por qué tienes que irte tan lejos para empezar tu carrera.
No había reproche en su voz.
Solo preocupación.
—Tienes un lugar aquí. Podrías trabajar en la empresa familiar, aprender de nosotros y algún día dirigir una parte del negocio.
Eliana sonrió suavemente.
—Papá...
—No me malinterpretes —aclaró rápidamente—. Estoy orgulloso de ti. De todo lo que has logrado. Pero no puedo evitar pensar que igual que Mario, ahora tú también quieres marcharte, además acabas de llegar.
Constanza miró a su esposo con ternura.
Sabía que detrás de sus palabras no había control, sino miedo a ver crecer a sus hijos.
—Xavier solo quiere decir que le cuesta aceptar que sus hijos ya están grandes y se volvieron independientes —dijo ella.
—No es eso —respondió él, aunque su expresión decía lo contrario.
Eliana tomó la mano de su padre sobre la mesa.
—Siempre voy a necesitarlos.
Xavier la miró.
—Entonces ¿por qué irte?
Ella respiró profundamente.
—Porque necesito demostrarme a mí misma que puedo hacerlo.
Su padre guardó silencio.
—La empresa familiar siempre estará ahí. Sé que algún día será parte de mi vida, porque es nuestro legado. Pero ahora quiero construir algo por mí misma.
—Como hizo Mario.
—Exactamente.
Xavier bajó la mirada por unos segundos.
—Tu hermano siempre fue más impulsivo.
Eliana sonrió.
—Y aun así le salió bien.
—Porque tuvo suerte.
—Porque trabajó duro.
Aquella respuesta hizo que su padre sonriera ligeramente.
Eliana continuó:
—No estoy rechazando lo que ustedes me han dado. Al contrario. Gracias a ustedes tuve la oportunidad de estudiar, viajar y prepararme. Pero precisamente por eso quiero aprovechar todo lo que aprendí.
Constanza acarició la mano de su hija.
—Tiene razón.
Xavier suspiró.
—Tu madre siempre está de tu lado.
—Porque normalmente tengo razón —respondió Constanza con una sonrisa.
Eliana soltó una pequeña risa.
Su padre negó con la cabeza, divertido.
Después volvió a mirarla.
—¿Cuándo te irías?
La sonrisa de Eliana apareció inmediatamente.
—En unos días.
—¿Ya está decidido?
—Sí.
Xavier la observó durante unos segundos.
Finalmente asintió.
—Te apoyo.
Eliana abrió los ojos sorprendida.
—¿En serio?
—No dije que me guste la idea de que mi hija se vaya otra vez.
—Papá...
—Pero sí dije que confío en ella.
Aquellas palabras significaron más de lo que Eliana esperaba.
Se levantó de su silla y abrazó a su padre.
—Gracias.
Xavier correspondió el abrazo.
—Solo prométeme algo.
—Lo que sea.
—No olvides quién eres ni de dónde vienes.
Eliana sonrió.
—Nunca lo haré.
Desde el otro lado de la mesa, Constanza observaba a su hija con orgullo.
Sabía que aquel viaje no era solo por un trabajo.
Era el inicio de una nueva etapa.
O la hermana pequeña de Mario.
Era momento de convertirse en alguien por sí misma.
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La mañana en casa de los Carrasco Riquelme transcurría con la tranquilidad que se había convertido en parte de su rutina.
Mario estaba frente al espejo ajustando los últimos detalles de su traje antes de salir a la empresa.
Tomó su reloj de la mesa de noche y salió de la habitación.
Al llegar al salón, encontró a Italia sentada en el sofá con Nicolás en brazos.
El pequeño jugaba con uno de sus juguetes, completamente concentrado en su propia aventura.
Mario sonrió al verlos.
Él se acercó primero a su esposa y dejó un beso suave sobre sus labios.
—Te amo.
—Yo también.
Después se inclinó hacia su hijo.
—Y tú, pequeño, pórtate bien con mamá.
Nicolás respondió con un sonido que hizo reír a ambos.
Mario lo tomó en brazos y le dio un beso en la frente.
—Cada día estás más grande.
—Aunque todavía parece que quiere crecer demasiado rápido —comentó Italia.
—No me recuerdes eso.
Ella sonrió al ver la expresión de su esposo.
Mario adoraba ser padre, pero la idea de que su hijo algún día ya no necesitara sus brazos le resultaba difícil de aceptar.
Después de unos segundos, volvió a dejar a Nicolás con su madre.
Tomó su maletín y se dirigió hacia la puerta.
—Nos vemos esta tarde.
—Espera.
Mario se giró.
Italia lo miraba con una sonrisa.
—Voy a preparar la habitación para Eliana. Cuando llegue quiero que esté todo listo.
Mario sonrió.
—Sabía que dirías eso.
—Es familia.
—Exactamente.
Italia era así.
Siempre encontraba la manera de hacer sentir bienvenidas a las personas que amaba.
—Solo se quedará unos días hasta encontrar un departamento.
—Eso dice ahora.
Mario soltó una risa.
—La conoces. No querrá sentirse una molestia.
—Entonces tendremos que recordarle que no lo es.
Él se acercó nuevamente y le dio un beso en la frente.
—Gracias.
Italia lo miró confundida.
—¿Por qué?
—Por hacer que todo sea más fácil.
Ella sonrió.
—Para eso estamos.
Mario abrió la puerta.
—Te veo luego.
—Que tengas un buen día.
—Los dos también.
Antes de salir, volvió a mirar a su esposa y a su hijo.
Aquella imagen era todo lo que había construido después de años de esfuerzo.
Una familia.
Un hogar.
Y ahora, después de mucho tiempo, su hermana volvería a formar parte de su día a día.
Lo que ninguno de ellos sabía era que la llegada de Eliana no solo cambiaría la rutina de la familia Carrasco.
También alteraría el equilibrio perfecto que Ander Belmonte había mantenido durante años.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La habitación de Eliana estaba llena de movimiento.
Sobre la cama había varias prendas dobladas, documentos organizados en carpetas y una maleta abierta esperando ser llenada.
Ella revisaba por última vez algunos papeles de la universidad cuando escuchó unos suaves golpes en la puerta.
—Pasa.
Constanza entró con una sonrisa tranquila.
Durante unos segundos se quedó observando a su hija.
—¿Ya estás organizando todo?
Eliana levantó la mirada.
—Intento no olvidar nada.
Su madre se acercó y se sentó en un extremo de la cama.
—¿Estás segura de que quieres irte?
Eliana dejó los documentos a un lado.
—Sí, mamá.
—No me refiero solo al trabajo.
La joven entendió inmediatamente a qué se refería.
Constanza nunca había sido ingenua.
—Mamá...
Ahora Eliana te toca la prueba de fuego tu idea con el cliente será interesante veamos 🤔🤔🤔❓❓❓
Eliana ya estás a punto de encontrarte con un hombre que ama su libertad y no le gusta las ataduras veremos cuando te vea que impresión se lleva.
Se dará cuenta o la verá con otros ojos ahora que es toda una mujer 🤔🤔🤔❓❓❓❓