En toda historia existe un héroe, una heroína, un villano y luego estaban ellas.
Dos mujeres que competían incluso por quién era capaz de arruinar con mayor elegancia el día de la otra, toda la nobleza estaba convencida de que, tarde o temprano, una terminaría asesinando a la otra.
El destino también lo creyó, lo que jamás imaginó...era que, la noche de sus bodas, ambas morirían y despertarían dos almas completamente diferentes.
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ÚLTIMO SERVICIO
Esto cuesta más que mi carro, la idea apareció automáticamente, después mire nuevamente el vestido…. Esto cuesta más que el restaurante, no, espera, miró alrededor otra vez, no había monitores ni nada que se pareciera a un hospital, en esta habitación solo hay muebles de madera oscura, una peinadora antigua y una gigantesca chimenea encendida, no estoy en un hospital, ¿Dónde estoy?, lo último que recuerdo es que estaba en el restaurante con Gabriela
Flashback
—¡Muchísimas gracias! ¡Todo estuvo delicioso!
Mesero: ¡Gracias por visitarnos! ¡Los esperamos pronto!
—¡¡SE FUERON!!
La cocina, que hacía apenas unos minutos parecía un campo de batalla entre ollas, vapor, cuchillos y órdenes gritadas de un extremo al otro, quedó sumida en un extraño ambiente de tranquilidad, los cocineros comenzaron a quitarse los delantales, algunos se dejaron caer sobre las sillas, otros simplemente respiraban como si acabaran de sobrevivir a una guerra
Entonces apareció ella
(Valeria) salió de la cocina con un paño blanco sobre el hombro y el cabello castaño recogido en un moño completamente deshecho, tenía una pequeña mancha de harina sobre la mejilla y otra de salsa cerca de la manga de su chaqueta de chef, miró el comedor, treinta mesas, todas vacías)) Sobrevivimos al sábado
Cocinero: ¡Discurso!
Valeria: No
Gabriela: ¡Si no habla ella, hablo yo!
Mesero: Ya empezó...
Gabriela: (apareció sosteniendo una cuchara de madera como si fuera un micrófono, tenía exactamente la misma chaqueta blanca que Valeria, pero la llevaba abierta hasta los antebrazos, su cabello negro escapaba de la coleta por todos lados y había una enorme mancha de chocolate en uno de sus bolsillos) Buenas noches, ciudadanos de Raíces, hoy hemos sobrevivido, gracias a mí
Valeria: ¿Ah, ¿sí?
Gabriela: Claro
Valeria: ¿Quién incendió una sartén hace una hora?
Gabriela: Fue una combustión espontánea
Valeria: Gabriela...
Gabriela: La sartén decidió arder
Valeria: Le pusiste aceite y después mantequilla
Gabriela: Quería experimentar
—Chef Gabriela...
Gabriela: ¿Sí?
—Después le echó vino
Gabriela: ¡Porque vi un video en internet!
Valeria: Un video...
Gabriela: Tenía muchos me gusta
Valeria: Casi activas los aspersores
Gabriela: Pero no los activé
Valeria: Porque Luis desenchufó el detector de humo (Todo el personal giró lentamente hacia un joven que seguía fregando platos, Luis levantó ambas manos)
Luis: ¡Entré en pánico!
Gabriela: ¿Ven? Trabajo bajo presión, eso hacen grandes chefs
Valeria: No, eso hace que el seguro quiera subirnos la póliza
Gabriela: Detalles técnicos (Uno de los meseros levantó una copa de jugo para hacer un brindis)
—¡Por las chefs!
—¡Por las chefs!
Gabriela: No encontré un vaso
Valeria: Tienes uno al lado
Gabriela: Sí, pero ya levanté la cuchara
(Valeria soltó una risa, una de esas risas pequeñas discretas, las únicas que Gabriela conseguía sacarle y el equipo entero sonrió al verla, porque conocían perfectamente esa expresión, era la misma desde hacía veinte años…. Media hora después el restaurante volvía poco a poco a la normalidad, las mesas estaban limpias, las luces se estaban apagando y la música sonaba muy bajita, Valeria revisaba unas cuentas en una tableta mientras Gabriela robaba discretamente un postre de la vitrina)
Valeria: Te estoy viendo
Gabriela: ¿Cómo?
Valeria: Llevas veinte años robándome postres, ya conozco esa caminata
Gabriela: No iba a robármelo
Valeria: Ajá
Gabriela: Iba a verificar la calidad
Valeria: Con la cuchara en la boca
Gabriela: Método científico
Valeria: Cómetelo
Gabriela: ¿En serio? Te amo
Valeria: Lo sé
Gabriela: Pero como amiga
Valeria: También lo sé
Gabriela: Qué fría eres
Valeria: Y tú demasiado dramática
Gabriela: Es mi encanto
Valeria: Es tu problema (Las dos se miraron unos segundos y rompieron a reír al mismo tiempo, porque así había sido siempre, no necesitaban explicar los chistes, ni terminar las frases, con una mirada bastaba, en una de las paredes del restaurante había una fotografía enmarcada, dos niñas de unos diez años, cubiertas de harina de pies a cabeza, sonriendo con una pizza completamente quemada, debajo de la foto podía leerse una frase escrita con marcador negro "Primer intento: Mamá dijo que estaba incomible, nosotras dijimos que era cocina de autor”
Gabriela: ¿Te acuerdas de eso?
Valeria: La abuela casi nos echa de la cocina
Gabriela: Porque usamos azúcar en lugar de sal
Valeria: Y orégano en el postre
Gabriela: Innovación
Valeria: Desastre
Gabriela: Innovación
Valeria: Desastre (Las dos dijeron la última palabra al mismo tiempo y volvieron a reír, afuera, una ligera lluvia comenzaba a caer sobre la ciudad ninguna de las dos lo sabía todavía, pero acababan de terminar el último servicio de sus vidas. El reloj marcaba las diez y cuarenta y siete de la noche, el restaurante Raíces estaba prácticamente vacío, los últimos empleados terminaban de guardar las sillas sobre las mesas mientras sonaba una vieja lista de reproducción que Valeria llevaba años negándose a cambiar)
Gabriela: ¿Todavía escuchas esta música?
Valeria: ¿Qué tiene?
Gabriela: Vale...
Valeria: ¿Qué?