Ya llegue con una nueva historia, bueno lean la y comenten
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12 Asedio al palacio
El primer cuerno de alarma sonó antes del amanecer.
¡Booooom!
Su eco atravesó todo el Palacio Solar.
Los soldados despertaron sobresaltados.
Las campanas comenzaron a repicar una tras otra.
—¡Enemigos!
—¡Cierren las puertas!
—¡Protejan a la familia imperial!
En cuestión de segundos, el palacio entero se convirtió en un campo de batalla.
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Selene salió de su habitación con la espada desenvainada.
Al abrir la puerta, casi chocó con Astaroth.
—Buenos días, princesa.
Ella arqueó una ceja.
—¿Este es tu momento para hacer bromas?
Él sonrió.
—Si dejo de bromear, significa que estoy realmente preocupado... y todavía no quiero darte ese gusto.
Selene negó con la cabeza.
—Eres imposible.
—Lo sé. Ahora vamos.
No esperó respuesta. Tomó la mano de Selene y comenzó a correr por el pasillo.
Ella intentó soltarse.
—¡Suéltame!
—Cuando dejemos de estar en peligro.
—¡Puedo correr sola!
—No lo dudo.
Pero así llegamos más rápido.
Selene, aunque refunfuñó, dejó de resistirse.
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Al llegar al patio principal, encontraron el caos.
Las puertas exteriores habían sido derribadas.
Decenas de hombres vestidos con armaduras negras luchaban contra los soldados del Imperio Solar.
No eran asesinos escondidos.
Era un ejército.
Cedric, todavía recuperándose de la herida, dirigía a los soldados desde las escalinatas.
—¡No rompan la formación!
—¡Protejan el ala este!
—¡Los arqueros, al muro!
Astaroth silbó con admiración.
—Tu hermano es impresionante.
Selene asintió con orgullo.
—Siempre lo ha sido.
Pero entonces...
Una enorme explosión sacudió la muralla occidental.
Una criatura gigantesca atravesó el muro.
Medía más de cuatro metros, tenía la piel gris cubierta de cicatrices y unos enormes cuernos negros.
Los soldados retrocedieron aterrados.
—¡Un ogro de guerra!
La bestia rugió y derribó a varios caballeros con un solo golpe.
Cedric intentó detenerla, pero su herida aún no estaba completamente cerrada.
Astaroth dejó escapar un largo suspiro.
—Bueno...
Supongo que ya me divertí suficiente.
Selene lo miró.
—¿Qué vas a hacer?
Él sonrió de lado.
—Recordarles por qué los demonios seguimos gobernando el sur.
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Por primera vez...
Astaroth liberó una parte mucho mayor de su poder.
Un aura oscura cubrió su cuerpo.
Sus ojos dorados adquirieron un brillo intenso.
Pequeños cuernos negros aparecieron sobre su frente.
Detrás de él comenzaron a formarse enormes alas negras hechas de energía demoníaca.
Todo el campo de batalla quedó en silencio.
Incluso los enemigos dejaron de luchar por un instante.
Selene no podía apartar la vista.
—Así que... esta es tu verdadera fuerza...
Astaroth giró apenas la cabeza.
Le guiñó un ojo.
—No te acostumbres.
Es solo una parte.
Y desapareció.
En un parpadeo apareció frente al ogro.
La criatura lanzó un puñetazo.
Astaroth lo detuvo con una sola mano.
El suelo se agrietó bajo sus pies.
El ogro rugió de rabia.
Astaroth sonrió.
—Eso estuvo cerca.
Mentía.
Ni siquiera se había movido.
Con un golpe de su puño, lanzó al monstruo varios metros hacia atrás.
La bestia chocó contra una torre.
Antes de que pudiera levantarse, Astaroth apareció sobre ella.
—Buenas noches.
Aunque era pleno día.
Concentró energía en su mano y descargó un único golpe.
La tierra tembló.
Cuando el polvo se disipó...
El ogro ya no se movía.
Un silencio absoluto invadió el campo de batalla.
Los soldados del Imperio Solar observaban al príncipe demonio con una mezcla de asombro y respeto.
Selene sintió un escalofrío.
Aquel hombre que pasaba el día haciéndola perder la paciencia...
Era, en realidad, un guerrero aterrador.
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Pero la victoria duró poco.
Una flecha negra atravesó el aire.
No iba dirigida a Astaroth.
Ni a Selene.
Ni a Cedric.
Su objetivo era el emperador del Imperio Solar.
—¡Padre! —gritó Selene.
La flecha estaba a centímetros de alcanzarlo.
Astaroth no llegaba.
Cedric estaba demasiado lejos.
Entonces...
Una figura se lanzó frente al emperador.
Lilith.
La flecha atravesó su hombro.
El impacto la hizo caer de rodillas.
Todos quedaron inmóviles.
Incluso Astaroth abrió los ojos con sorpresa.
Lilith respiraba con dificultad, pero aun así sonrió.
—Qué mala puntería...
Intentaba bromear, aunque el dolor era evidente.
El emperador la sostuvo antes de que cayera.
—¡Llamen a los médicos!
Los atacantes comenzaron a retirarse.
Su misión había fracasado.
En pocos minutos desaparecieron entre el bosque.
Solo quedó el silencio...
Y decenas de cuerpos sobre el suelo.
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Esa noche...
Mientras los médicos atendían a Lilith, Selene permanecía sola en uno de los balcones.
Astaroth apareció a su lado.
No habló.
Ella rompió el silencio.
—Hoy salvaste cientos de vidas.
Él se encogió de hombros.
—Era mi deber.
Selene negó lentamente.
—No...
Fue una elección.
Astaroth la miró.
Por primera vez, sus ojos no mostraban la habitual alegría.
—Mientras tú estés aquí...
No permitiré que este palacio caiga.
Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.
Y por un instante, ninguno apartó la mirada del otro.
Hasta que un soldado llegó corriendo, completamente pálido.
—¡Altezas!
¡La prisionera ha escapado!
—¿Qué prisionera? —preguntó Selene.
El soldado tragó saliva.
—La duquesa... Lilith Vesper.
La habitación donde estaba siendo atendida...
Está vacía.
Y sobre la cama solo encontramos una nota.
Astaroth tomó el papel.
Su expresión se endureció.
En la nota solo había una frase.
> "Si quieres volver a verla con vida... ven solo al Bosque de las Sombras."
Astaroth comprendió de inmediato.
No era un secuestro.
Era una trampa.
Y, aun así...
Sabía que tendría que ir.
muchas gracias, bendiciones...