Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Aaron 2
La conversación siguió fluyendo con una naturalidad que sorprendió a Grace.
Lo que había comenzado como un simple intercambio de palabras en una terraza nevada se había convertido en algo mucho más entretenido.
Aaron parecía incapaz de permanecer serio durante demasiado tiempo.
Y, para su propia sorpresa, Grace descubrió que ella tampoco quería hacerlo.
—¿Le gustaría caminar un poco? —preguntó él finalmente.
Grace observó los jardines cubiertos por la nieve.
Los senderos estaban iluminados por pequeñas lámparas mágicas que emitían una luz cálida y dorada.
Era una vista hermosa.
—¿Con esa pierna?
Aaron hizo una expresión ofendida.
—Mi orgullo vuelve a ser atacado.
—Entonces sí está herido.
—Terriblemente.
Ella soltó una risa.
Y terminó aceptando.
Comenzaron a caminar lentamente por los senderos.
Aaron ajustó naturalmente su paso para acomodar su lesión.
Durante el paseo descubrieron algo curioso.
Ambos estaban hospedados en la misma mansión.
La familia anfitriona, los Russ, había preparado habitaciones para numerosos invitados importantes.
—Entonces técnicamente somos vecinos —declaró Aaron.
—Eso parece.
—El destino trabaja rápido.
—O la familia Russ tiene demasiadas habitaciones.
—Prefiero mi teoría.
Grace negó con la cabeza divertida.
[Definitivamente es un coqueto.]
Cada vez estaba más convencida.
Y, sin embargo, comenzaba a entender por qué la gente probablemente disfrutaba de su compañía.
No era arrogante.
Ni insistente.
Simplemente parecía disfrutar haciendo sonreír a los demás.
Mientras caminaban, la conversación pasó de un tema a otro.
Hablaron de viajes.
De magia.
Del frío del norte.
Incluso de los platos que habían servido durante la cena.
Nada especialmente importante.
Pero tampoco parecía necesario.
La compañía resultaba agradable por sí sola.
En un momento Grace miró hacia la mansión iluminada a la distancia.
[Quizás debería avisar a mis padres.]
La idea apareció de repente.
Era lo correcto.
Después de todo, se había alejado bastante del salón.
Pero antes de que pudiera decir algo, Aaron pareció notar hacia dónde dirigía la mirada.
—Está pensando en regresar.
Grace parpadeó.
—¿Cómo lo sabe?
—Porque puso cara de persona responsable.
—¿Cara de persona responsable?
—Sí.
—No sabía que existía algo así.
—Existe. Y es muy peligrosa.
Ella volvió a reír.
Aaron levantó una mano dramáticamente.
—Por una noche.
—¿Hm?
—Solo una noche.
La observó con una sonrisa divertida.
—¿No puede olvidarse de ser responsable por unas horas?
Grace arqueó una ceja.
—Eso suena sospechoso.
—Por supuesto que suena sospechoso.
—Al menos es honesto.
—Siempre.
Ella lo miró con evidente incredulidad.
—Eso tampoco me lo creo.
Aaron se llevó una mano al pecho.
Como si acabara de recibir una herida mortal.
—Me está destrozando emocionalmente.
—Sobrevivirá.
—Quizás.
La expresión exageradamente trágica que puso consiguió arrancarle otra sonrisa.
Y por primera vez en mucho tiempo, Grace sintió una ligereza extraña.
Como si hubiera dejado de pensar constantemente en el futuro.
En el templo.
En las obligaciones.
En los sacrificios.
Solo estaba allí.
Disfrutando el presente.
—Muy bien —dijo finalmente.
Aaron pareció iluminarse.
—¿Muy bien?
—Solo por esta noche.
—Excelente decisión.
—No se emocione demasiado.
—Es demasiado tarde.
Continuaron caminando entre los senderos nevados.
El aire frío teñía ligeramente las mejillas de Grace.
Y la conversación siguió desarrollándose entre bromas, sonrisas y comentarios cada vez más personales.
No había nada serio entre ellos.
Ninguna promesa.
Ninguna declaración.
Solo dos jóvenes disfrutando de una noche agradable.
A veces sus manos se rozaban brevemente mientras caminaban por los estrechos senderos.
O compartían alguna broma privada que los hacía reír más de la cuenta.
Pequeños gestos.
Momentos ligeros.
Nada que pudiera considerarse inapropiado.
Pero sí suficientes para hacer que aquella velada se sintiera especial.
Y mientras observaba a Aaron sonreír bajo la luz de las lámparas mágicas, Grace pensó que quizá había tomado la decisión correcta al aceptar aquel paseo.
Porque dentro de unas semanas su vida cambiaría para siempre.
Y cuando eso ocurriera, al menos podría conservar el recuerdo de una noche sencilla.
Una noche en la que se permitió ser una joven noble más.
Sin responsabilidades.
Sin expectativas.
Y sin pensar en todo aquello que tendría que dejar atrás.
Mala actitud la de los padres