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LA ISLA DEL PROYECTO CREPÚSCULO

LA ISLA DEL PROYECTO CREPÚSCULO

Status: En proceso
Genre:Aventura / Hijo/a genio / Fantasía LGBT
Popularitas:189
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Un paseo escolar a una isla prohibida se convierte en una pesadilla mortal. Una empresa secreta oculta experimentos genéticos con dinosaurios modificados, y cuando alguien libera a todas las criaturas, los barcos huyen en pánico… olvidando a cinco estudiantes abandonados a su suerte.

Dan, un chico de 16 años con una inteligencia que nadie imagina, deberá ocultar su verdadero potencial y sus poderes sobrenaturales mientras él y sus compañeros luchan por sobrevivir. Entre la selva llena de depredadores, secretos terribles, peleas, traiciones, miedos y lazos que se rompen o se fortalecen, tendrán que aprender a confiar los unos en los otros… antes de que se conviertan en la próxima presa.

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NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 9: EL TRAIDOR ENTRE LAS SOMBRAS

Pasaron tres días completos desde el ataque de los pteranodones. Tres jornadas donde caminábamos siempre pegados unos a otros, moviéndonos solo bajo la copa más densa y cerrada de los árboles, sin levantar la mirada ni un instante hacia el cielo, sabiendo perfectamente que cualquier sombra que cruzara el sol podía ser lo último que viéramos en vida. Habíamos aprendido la lección a la fuerza: el cielo era territorio absoluto de ellos, el suelo solo nos pertenecía a medias, y toda aquella tierra era una prisión diseñada para que nadie que entrara jamás volviera a salir por sus propios medios. Pero lo que aún ninguno se atrevía ni a susurrar en voz baja, lo que solo mi mente registraba una y otra vez calculando patrones y probabilidades, era que **el peligro más terrible ya no merodeaba solo afuera entre la maleza. Estaba aquí dentro, respirando el mismo aire, durmiendo a escasos metros, y nos estaba entregando poco a poco, paso a paso, a la muerte**.

Todo empezó con detalles tan pequeños que pasaron desapercibidos para todos menos para mí. La primera noche faltó un trozo entero de carne seca y salada que habíamos racionado con mucho cuidado para que durara cuatro días más. A la mañana siguiente encontramos ramas gruesas y muy secas apiladas deliberadamente justo al lado de la única rejilla de ventilación alta que daba al exterior, como si alguien quisiera prender fuego ahí para que el humo negro subiera derecho y se viera desde kilómetros a la redonda. Después aparecieron huellas de calzado bien marcadas en el barro blando, que daban toda la vuelta completa al edificio y se detenían frente a cada ventana rota, sin intentar en absoluto ocultarse ni borrar el rastro. Al principio nos dijimos unos a otros que habíamos sido descuidados, que el viento lo movía todo, que algún animal pequeño había entrado por algún agujero diminuto. Pero en la noche del día trece atrapados, todo salió a la luz de la forma más horrible y fría posible.

Álex salió el primero al amanecer para revisar el perímetro, tal como habíamos quedado en los turnos de guardia. Apenas diez segundos después lo oímos gritar con una rabia y un terror tan grandes que la voz se le rompió por la mitad antes de terminar la frase. Salimos corriendo todos juntos armados con lo primero que tuvimos a mano: palos gruesos, tubos de hierro, piedras afiladas, con el corazón a mil por hora y los músculos tensos listos para enfrentarnos a cualquier bestia gigante que saliera de la selva. Pero no había ningún monstruo saliendo de entre los árboles.

Clavada con un trozo de alambre retorcido directamente sobre la chapa de la gran puerta de acero, había un pedazo grande de carne en avanzado estado de descomposición, negra, llena de gusanos y empapada en sangre seca y oscura que había corrido hacia abajo formando manchas largas y grotescas sobre el metal gris. Justo al lado, dibujado con esa misma sangre vieja, había una marca grande y tosca: un círculo atravesado por tres líneas diagonales, el símbolo oficial y antiguo de GenEvolution que aparecía en todos los uniformes, planos y documentos viejos que habíamos encontrado. El olor era tan fuerte, dulce y podrido a la vez, que nos hizo toser fuerte y retroceder varios pasos de golpe, con el estómago revuelto.

—Esto no apareció aquí solo —dijo Álex con la voz temblorosa por la furia contenida, los puños cerrados con tanta fuerza que las uñas se le clavaron hondo en la palma de las manos hasta manarlas de sangre—. Alguien lo trajo. Alguien de AQUÍ DENTRO. Alguien quiere que huelan nuestra ubicación kilómetros a la redonda, que vengan todos de golpe y nos acaben de una vez para siempre.

Un silencio helado, cortante y denso como plomo cayó sobre los ocho de inmediato. Nos miramos unos a otros muy despacio, con desconfianza nueva y fría en la mirada, y por primera vez nadie quiso sostener la mirada del otro más de unos segundos. Estábamos completamente solos, solo nosotros ocho en un radio de más de veinte kilómetros a la redonda. No había nadie más. **EL TRAIDOR ERA UNO DE NOSOTROS**.

Las miradas de sospecha fueron primero hacia los tres empleados: Javier todavía convaleciente de la herida profunda en el hombro, Marcos y Ramón. Llevaban años trabajando para la corporación, conocían cada centímetro de terreno, cada sistema, cada olor que atraía y cada sustancia que alejaba a aquellas criaturas. Podían perfectamente ser agentes que se quedaron atrás para terminar el trabajo de limpieza y borrado de pruebas que la empresa había ordenado desde el principio. Pero poco a poco las miradas empezaron a moverse también entre nosotros cinco. Mia frunció el ceño y se abrazó fuerte a sí misma, Bruno retrocedió tres pasos pegado a la pared con los ojos muy abiertos, asustado por igual de todo y de todos. Leo apretó los dientes con fuerza y revisó una y otra vez el suelo buscando alguna huella o pista extra que se nos hubiera escapado.

Y entonces Álex se giró de golpe sobre sus talones, me señaló directamente a mí con el dedo índice extendido y temblando de pies a cabeza, y soltó de golpe todo lo que llevaba guardado, hervido y amargado, dentro de su pecho desde el mismo instante en que nos conocimos en el instituto:

—¡ERES TÚ, DAN! ¡SIEMPRE FUISTE TÚ!

Todos se quedaron mudos al instante. El aire se volvió tan espeso que casi costaba trabajo respirar. Dio tres pasos rápidos y grandes hasta plantarse justo frente a mí, la cara completamente roja por la rabia, las venas del cuello saltándole, los ojos llenos de celos, de miedo, de frustración acumulada durante casi dos semanas de pesadilla.

—¿A mí? —le dije con la mayor calma que pude fingir, aunque por dentro mi cerebro ya había recorrido más de doscientas posibilidades, motivos, pruebas y coartadas distintas en menos de una décima de segundo—. ¿De qué me estás acusando exactamente, Álex?

—¡DE TODO, MALDICIÓN, DE ABSOLUTAMENTE TODO! —gritó tan fuerte que su voz retumbó contra las paredes de hormigón y se perdió en los pasillos vacíos—. ¡Desde antes incluso de subir al barco tú ya sabías cosas que nadie más en el mundo sabía! Sabías que aquello no era ninguna reserva natural, sabías lo que se había construido aquí dentro, sabes cómo se mueven, cómo cazan, qué les atrae y qué los aleja, sabes responder cada pregunta que hacemos sin dudar ni medio segundo. Siempre estás callado en tu rincón, siempre mirando, siempre calculando cosas dentro de tu cabeza sin explicarle nada a nadie. ¡NADIE EN ESTE MUNDO ES ASÍ DE LISTO POR ARTE DE MAGIA! Tienes algún trato, algún lazo, alguna deuda o algún secreto con ellos o con la empresa… y ahora nos vas entregando poquito a poco para conseguir lo que sea que viniste a buscar aquí. ¡Eres el único que siempre está en el lugar exacto en el momento justo, el único que nunca sufre heridas de verdad, el único que parece saber el futuro antes de que siquiera pase! ¡TÚ ERES QUIÉN DEJA TODAS ESTAS SEÑALES PARA QUE VENGAN A POR NOSOTROS!

No me moví ni un solo centímetro de mi sitio. Me limité a mirarlo fijo y directo a los ojos, sin gritar, sin alterarme en absoluto, tal como siempre he hecho. Por dentro sabía perfectamente que visto desde fuera gran parte de lo que decía tenía todo el sentido del mundo: yo sí era diferente, sí sabía demasiado, sí procesaba la realidad a una velocidad que la ciencia misma no logra explicar todavía. Pero estaba totalmente y terriblemente equivocado en lo único que realmente importaba: yo jamás les haría daño, ni por nada ni por nadie en esta vida.

—Si quisiera que murieras —le respondí muy quedo y sereno, para que solo él me oyera bien—, no habría salvado a Bruno en el río, no habría organizado los turnos, ni las defensas, ni las rutas seguras. Simplemente me habría quedado callado y habría esperado.

—¡AH, CLARO, QUÉ HÉROE TE CREES! —escupió con desprecio y dio un paso más, casi rozándome con el pecho—. ¡Todo muy calculado, todo muy pensado para que todos piensen que eres el bueno, el listo, el salvador! ¡Te has ganado a Leo, a Mia, a todos, poco a poco, con tus frases cortas y tu cara de inocente! ¡Pero yo no me trago nada, Dan! ¡Nada!

En cuanto dijo mi nombre por segunda vez con ese tono venenoso, Leo salió de un salto desde donde estaba y se plantó de inmediato entre los dos, de frente y muy erguido contra Álex, con los puños cerrados con fuerza a los lados del cuerpo y la mirada encendida de rabia pura.

—¡YA BASTA, ÁLEX, CIERRA LA BOCA DE UNA MALDITA VEZ! —le rugió con toda la fuerza que tenía en los pulmones—. Llevas casi dos semanas buscando cualquier excusa, cualquier tontería, cualquier detalle sin importancia para atacarlo y culparlo de absolutamente todo lo malo que pasa, solo porque te duele en el orgullo admitir que él piensa más rápido, ve más lejos y acierta mucho más que tú. ¡Dan nos ha mantenido vivos a todos desde el primer día, mientras tú solo sabes gritar, quejarte, echar la culpa a los demás y sembrar miedo y desconfianza por todos lados! Si hay alguien aquí que está rompiendo este grupo por dentro, ERES TÚ, solo tú.

—¡TÚ ERES EL CIEGO, EL QUE SE DEJA ENGAÑAR TAN FÁCILMENTE! —contestó Álex de golpe y empujó a Leo con ambas manos en el pecho con tanta fuerza que lo hizo retroceder varios pasos hasta tropezar con un montón de cajas viejas—. ¡Siempre detrás de él, siempre defendiéndolo como un perrito faldero sin preguntar nada, sin dudar nada! ¡Un día de estos te va a apuñalar por la espalda y ni siquiera lo vas a ver venir por andar tan ocupado adorando el suelo que pisa!

Ese empujón fue la chispa que encendió todo. Leo se enderezó de un salto, corrió tres pasos y le asestó un puño cerrado con toda su fuerza directo en la mandíbula. El golpe sonó seco y fuerte como un golpe de madera contra madera. Álex cayó de rodillas al suelo, se tocó la boca con la mano y vio sangre en los dedos. Se levantó muy lento, muy serio, sin decir ni una palabra, y se lanzó de cabeza contra él.

Allí mismo, en medio del suelo sucio y polvoriento del almacén, empezó una pelea real, sucia y violenta, sin reglas, sin cuidado, solo rabia contenida durante días saliendo de golpe. Se golpearon, se empujaron, se rodaron por el suelo derribando estanterías, cajas, bidones vacíos y todo lo que tenían al alcance. Álex era más alto y de complexión más ancha, pero Leo era más rápido, más ágil y llevaba mucha más rabia guardada por dentro. Mia gritaba desesperada pidiendo que pararan, Bruno lloraba de miedo y nervios pegado a la pared, los tres empleados miraban atónitos sin saber muy bien qué hacer, y yo me quedé parado quieto en el mismo sitio, con el pecho apretado y la mente volando a mil, calculando dónde podía doler más, dónde podían lastimarse de verdad, sin atreverme a intervenir de golpe por miedo a empeorar todo aún más.

—¡OS VÁIS A MATAR ENTRE VOSOTROS SOLOS, PARAD, POR FAVOR, PARAD! —gritaba Mia una y otra vez con la voz rota, mientras las lágrimas le corrían libres por las mejillas.

Y justo en el momento en que ambos estaban en el suelo, agarrados fuerte de la ropa y a punto de asestarse el golpe más fuerte y peligroso de todos, **EL MUNDO ENTERO SE QUEDÓ EN SILENCIO ABSOLUTO**.

Se cortó de golpe el viento afuera. Se callaron hasta los últimos grillos y animales pequeños que siempre chirriaban entre la hierba. Ya no se oía ni el crujir lejano de ninguna rama, ni el movimiento de hojas, nada. Nada. Un silencio tan denso, tan pesado y tan frío que se podía tocar prácticamente con las manos. La pelea se detuvo en seco por sí sola. Los dos se quedaron inmóviles en el suelo, sin respirar fuerte, sintiendo exactamente lo mismo que sentíamos todos: **ALGO ENORME, VIVO Y PESADO ESTABA JUSTO AFUERA, FRENTE A LA PUERTA**.

Nos levantamos muy lento, sin hacer el más mínimo ruido, nos acercamos despacio despacio a la ventana alta y estrecha que daba al claro principal, y asomamos solo los ojos de a poquito. Allí estaba, inmóvil como una estatua tallada en roca oscura.

El **T‑REX ALFA**.

Más de quince metros de longitud, la cabeza sola más grande que nosotros todos juntos, piel dura como armadura llena de cicatrices viejas y nuevas, placas de tejido modificado brillando tenuemente bajo la luz pálida del sol que se abría paso entre las nubes. Estaba parado a escasos doce metros de la puerta de acero, de frente, perfectamente quieto. **NO RUGIÓ, NO GRUÑÓ, NO CARGÓ, NI SIQUIERA RESPIRÓ FUERTE**. Solo clavó esos ojos grandes, profundos, tristes, inteligentes y llenos de odio milenario directo al centro del edificio, justo donde sabía que nosotros estábamos escondidos.

Esa era su marca, su terror único y mucho peor que cualquier ataque: **LA PACIENCIA INFINITA Y EL SILENCIO QUE MATA LA CORDURA**.

No hizo absolutamente nada. Solo se quedó allí parado, firme, mirando, mirando y mirando sin parpadear casi. Pasaron diez minutos. Veinte. Treinta. Cuarenta. Una hora entera. Luego la segunda. Y la tercera. Seguía ahí, sin mover ni una sola pata, sin desviar la mirada ni un grado. Álex estaba pálido como la muerte, temblando de pies a cabeza, ya sin rastro de rabia ni furia, solo puro terror animal en el cuerpo. Leo apoyó la frente contra la pared fría de hormigón sin decir palabra. Todos entendimos al mismo tiempo: **la carne podrida y la sangre de la puerta lo habían llamado. Había venido. Y ahora nos estaba estudiando, analizando, midiendo, aprendiendo cada detalle nuestro antes de decidir si atacaba hoy o esperaba a que estuviéramos aún más débiles y rotos por dentro**.

Dan sabía, por cálculos que su mente hacía sola sin esfuerzo, que podía quedarse así parado y en silencio durante medio día entero si así lo decidía. Y efectivamente, cuando por fin llevaba allí parado más de tres horas y media, movió la cabeza muy despacio, muy lentamente de izquierda a derecha una sola vez, como si dijera *ya sé todo lo que necesito saber por hoy*, dio media vuelta con una pesadez que hizo vibrar levemente el suelo bajo nuestros pies y se alejó paso a paso lento y pesado de regreso a la selva, sin prisa ninguna, sabiendo perfectamente que podía volver cuando quisiera.

Cuando su silueta desapareció del todo entre los troncos oscuros, nos dejamos caer todos al suelo agotados, sin fuerzas, sin voz, sin ganas de seguir peleando ni discutiendo. Revisamos de nuevo la puerta, las marcas, las huellas del suelo, y entonces encontramos algo pequeño que nadie había visto antes: una huella de bota muy marcada cerca del alambre, con una suela que **NO COINCIDÍA CON NINGÚN CALZADO DE NOSOTROS CINCO ESTUDIANTES**, y que tampoco terminaba de cuadrar del todo con las botas de los tres empleados.

—No fui yo —dije muy bajito, mirando a todos por turno, y por primera vez en todo el día noté que incluso Álex, todavía con la mandíbula hinchada y adolorida por el golpe, ya no gritaba ni acusaba con la misma seguridad de antes—. Pero es verdad lo que dijiste en algo, Álex: **alguien de aquí dentro lo hizo. Alguien que todavía no hemos descubierto. Y lo peor de todo… es que ahora ellos saben perfectamente dónde vivimos**.

Esa noche nadie durmió ni un minuto. Los turnos de guardia se doblaron, las defensas se reforzaron al doble, pero ninguno de nosotros se sentía seguro ya ni un instante. Porque habíamos descubierto la verdad más dura y terrible de todas: **podíamos aprender todos los trucos del mundo para defendernos de monstruos gigantes, pero nunca íbamos a estar a salvo del traidor que respiraba y dormía a nuestro lado**.

**FIN DEL CAPÍTULO 9**

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😈 Hunter. 😈
Me encantó 🥰 quiero más.
saludos.
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