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SOMBRAS QUE NO SEVAN

SOMBRAS QUE NO SEVAN

Status: En proceso
Genre:Escuela / Fantasía LGBT / Traiciones y engaños
Popularitas:287
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Después de perder a sus padres, Izack Vega cree que lo peor ya pasó… hasta que comienza a vivir bajo el mismo techo que su peor pesadilla.

Traicionado por su propia familia, termina en un orfanato donde conocerá a personas rotas como él… que poco a poco se convertirán en su verdadera familia.

Pero el pasado no lo dejará en paz. Secretos, acoso, mentiras y muertes lo rodean…

Y cuando la verdad salga a la luz, Izack tendrá que decidir:
¿seguir huyendo… o enfrentarse a la oscuridad?

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10: EL PRECIO DE LA LIBERTAD

Las llamas se alzaban hacia el cielo nocturno devorando la casa vieja, tiñendo de rojo el río y los árboles. El estruendo del techo derrumbándose todavía resonaba en el pecho de todos. Izack apretaba la caja de metal contra sí, temblando de pies a cabeza, mientras Axel lo abrazaba con fuerza, con la camisa llena de agujeros quemados y una herida seca en la frente.

—Estás a salvo —le repetía Axel al oído—. Lo logramos. Tenemos todas las pruebas.

Pero la calma duró muy poco. Los agentes rodearon a Héctor Salgado junto al borde del puente, le pusieron las esposas con fuerza detrás de la espalda y le confirmaron que tenía prohibido moverse. No había salida: delante la policía, detrás el fuego, a los lados el vacío y el río caudaloso. Héctor escupió al suelo, miró a Izack con una rabia que parecía no tener fin, y luego soltó una risa seca y desquiciada.

—¿Creen que esto termina aquí? —gritó, con la voz rota—. Yo soy solo el primer eslabón. ¡Y no voy a hablar con nadie! ¡No voy a dejar que ustedes ganen!

Izack dio un paso adelante, queriendo decirle que ya no tenía poder, pero se quedó helado al ver lo que pasó después. Junto a la base del puente, olvidada entre la maleza, había una vieja sierra de podar con los dientes afilados como cuchillas. Héctor, sin dudarlo ni un segundo, se lanzó de rodillas hacia ella, apoyó el antebrazo izquierdo directamente sobre el filo y, con un grito desgarrador que heló la sangre de todos, **golpeó con todo su peso el brazo contra la sierra**.

El sonido metálico y húmedo cortó el aire. La sangre brotó a chorros, manchando la tierra y la madera. Los agentes gritaron y corrieron a detenerlo, pero Héctor no paró: con un movimiento brutal y desesperado terminó de cortar hasta el final, arrancándose el brazo al que sujetaban las esposas. Cayó al suelo empapado en su propia sangre, pálido como la muerte, pero libre de las cadenas.

Nadie pudo reaccionar. Mientras todos se quedaban paralizados por el horror, él se arrastró hasta una abertura estrecha en el muro del puente —una entrada a túneles antiguos que nadie conocía— y se metió dentro, desapareciendo en la oscuridad absoluta, dejando un rastro rojo tras de sí. Solo quedó su brazo, todavía esposado, tirado en el suelo frío.

—¡No se puede seguir! —gritó un agente asomándose al agujero—. Se derrumba por dentro, es muy peligroso.

Izack sintió que las piernas le fallaban y se apoyó en Axel. No podía apartar la vista de lo que quedaba allí. Si era capaz de hacerse eso a sí mismo solo para no ser atrapado… ¿qué no haría cuando recuperara fuerzas? ¿Qué horrores le quedaban por ver?

Mientras los bomberos terminaban de apagar el incendio y los equipos recogían las pruebas, Tomás revisó los papeles de la caja. Se puso pálido al pasar la última hoja.

—Esto no es todo —dijo con voz temblorosa—. Las órdenes firmadas por Héctor… él mismo las recibía de alguien más. Aquí dice: *“Conforme al mandato del Consejo de los Trece”*. Nadie sabe quiénes son.

María, que estaba sentada en silencio, asintió con lágrimas en los ojos:

—Él siempre decía que si lo atrapaban, debía desaparecer como fuera. Que ellos se encargaban del resto. Que nadie los encuentra nunca.

En ese momento el celular de Izack vibró. Un mensaje nuevo, sin remitente, con una foto tomada minutos antes desde lo alto de un árbol: se veía a él, a Axel, a todos sus amigos y el brazo cortado en el suelo. El texto decía:

> **EL PEÓN SE HA ROTO. EL JUEGO SIGUE. AHORA TE TOCA A TI, IZACK. ELLOS YA SABEN QUE TIENES LAS PRUEBAS. Y NO SON TAN FÁCILES DE ESCAPAR COMO TU TÍO.**

Izack miró hacia la oscuridad donde se había perdido Héctor, luego a los bosques que rodeaban el orfanato, y entendió la verdad más terrible: creyó que al vencer a su tío terminaba la pesadilla, pero apenas acababa de empezar. Las sombras no eran solo una persona. Eran una red entera, mucho más grande, mucho más fría y mucho más peligrosa. Y ahora ellos sabían su nombre.

**FIN DEL CAPÍTULO 10 · FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA**

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