Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.
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Capitulo 22
—¿Qué encontraste?
La voz de Dante sonó mucho más seria al otro lado de la línea y eso solo hizo que mi sonrisa creciera lentamente mientras seguía observando los documentos extendidos frente a mí.
Oh, Alexander… Había sido demasiado confiado.
Apoyé el codo sobre el escritorio mientras giraba lentamente la silla hacia el enorme ventanal de la oficina. Desde ahí podía verse prácticamente toda la ciudad y, por primera vez, sentí que realmente estaba tomando el control de mi vida.
—Desvío de fondos —murmuré finalmente—. Empresas fantasmas. Costos alterados. Y lo mejor de todo… el proyecto está directamente ligado a Alexander.
El silencio al otro lado duró apenas un par de segundos.
—¿Estás completamente segura?
Solté una pequeña risa.
—Dante, estudié administración de empresas por algo. Créeme, esto huele a fraude desde kilómetros.
Escuché cómo exhalaba lentamente.
—No hagas movimientos todavía.
Entrecerré los ojos.
—¿Perdón?
—Si atacas demasiado rápido, se pondrá a la defensiva y empezará a borrar evidencia.
Maldita sea... Odiaba admitirlo, pero tenía razón.
Me levanté lentamente de la silla caminando alrededor del escritorio mientras seguía revisando documentos.
—Entonces dime qué hacemos.
Y ahí apareció nuevamente esa voz calmada y estratégica que tanto caracterizaba a Dante.
—Primero reunimos todo. Transferencias, firmas, nombres de intermediarios, contratos alterados… absolutamente todo. Después lo destruimos de una sola vez.
Dios.
La manera tan fría en que dijo “lo destruimos” me provocó un escalofrío, porque entendí algo importante.
Dante no estaba ayudándome únicamente por negocios, Alexander le desagradaba de verdad y sinceramente… Eso me encantaba un poco más de lo que debería.
—¿Sabes qué es lo más irónico? —pregunté mientras hojeaba otra carpeta—. Mi yo del pasado yo habría defendido a Alexander incluso frente a esto.
Dante guardó silencio apenas un momento.
—Pero esta no es tu vida pasada, Mía.
Cerré lentamente los ojos.
No, ya no y jamás volvería a serlo.
Pasé las siguientes horas revisando documentos casi obsesivamente. Mientras más buscaba, más encontraba. Había pagos extraños hacia compañías inexistentes, firmas sospechosamente repetidas y movimientos financieros imposibles de justificar.
Alexander llevaba tiempo robando y lo peor… Era que lo hacía utilizando la empresa de mi familia, sentí la rabia subir lentamente por mi pecho.
Porque no conforme con traicionarme emocionalmente, también estaba destruyendo financieramente a las personas que lo recibieron con confianza, qué asco de hombre.
Mi teléfono vibró nuevamente.
Dante.
—¿Sigues trabajando?
Miré la hora y fruncí ligeramente el ceño, casi las nueve de la noche.
—No me di cuenta de cuánto tiempo pasó.
—Mía.
Su voz sonó peligrosamente firme esta vez.
—¿Qué?
—Vete a casa.
Rodé los ojos automáticamente.
—No eres mi jefe.
—Todavía no somos esposos y ya me estás dando dolores de cabeza.
Tuve que contener una sonrisa... Insoportable.
—Estoy ocupada.
—Y agotada. Puedo escucharlo en tu voz.
Maldito hombre observador.
Me dejé caer nuevamente sobre la silla mientras masajeaba apenas mi frente.
—Solo quiero terminar esto.
Escuché cómo suspiraba suavemente.
—Alexander caerá, Mía. Pero no necesitas destruirte en el proceso.
El silencio cayó unos segundos entre ambos y entonces algo extraño ocurrió dentro de mí.
Calma.
Porque durante años nadie realmente se preocupó por si estaba cansada, triste o sobrepasada. Siempre debía soportarlo todo sola, ahora Dante lo notaba incluso a través de una llamada, qué peligroso se estaba volviendo todo esto.
—Está bien —murmuré finalmente—. Me iré pronto.
—Bien.
Hubo un pequeño silencio, después su voz bajó apenas.
—Y deja de sonreír sola mientras hablas conmigo.
Abrí los ojos inmediatamente.
—¿Cómo sabes que estoy sonriendo?
Escuché claramente su pequeña risa baja.
Dios... Ese hombre iba a acabar conmigo.
—Buenas noches, futura señora Morelli.
La llamada terminó antes de que pudiera responder algo. Y honestamente… Mi corazón estaba latiendo demasiado rápido otra vez.
Increíble... Completamente increíble.
Pero apenas bajé nuevamente la mirada hacia los documentos frente a mí, la calidez desapareció lentamente, porque ahí estaba otra vez el nombre de Alexander y junto a él… Cantidades millonarias robadas.
Mi sonrisa regresó, mucho más fría esta vez, perfecto.
Que siguiera sintiéndose seguro, que siguiera creyendo que todavía podía manipular todo, porque no tenía idea de lo que venía encima. Y yo… Yo iba a disfrutar absolutamente cada segundo de su caída.