Segunda parte de Mi hijo tendrá otro padre.
Tras su partida, Laura construye una vida tranquila junto a Marcos, quien la acompaña con ternura durante los meses de embarazo, dándole la paz que tanto anhelaba. Poco a poco, Xander logra acercarse con respeto y paciencia, formando parte de esa nueva etapa sin exigir nada a cambio, demostrando con hechos que ha aprendido la lección. Sin embargo, con el paso del tiempo, los pequeños detalles que antes hacían especial a Marcos empiezan a desaparecer, hasta que Laura descubre que le ha sido infiel.
A pesar de los intentos de él por recuperarla, la presencia de Yina —una persona que no permitirá que vuelva a lastimarla— lo hace imposible. Ante esta nueva realidad, Xander ve surgir la oportunidad que tanto había esperado: demostrar que su amor es verdadero y constante, y luchar por recuperar el lugar que le corresponde junto a la mujer que ama y a su hijo, sabiendo que esta vez deberá ganárselo día tras día.
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Capitulo 3
Una tarde, mientras acomodaba algunas revistas de artículos para bebés sobre la mesa, Laura se detuvo un instante y tomó el teléfono. Dudó unos segundos antes de marcar, pero luego recordó la forma en que Xander se había comportado las últimas veces: sin prisas, sin exigencias.
—He estado mirando algunas opciones para la cuna y la ropa de cama —le dijo cuando él atendió—. Si quieres venir, podemos verlas juntos. Pero quiero que sepas algo desde el principio: la decisión final la tomaré yo, y esto no significa que hayamos cambiado nada entre nosotros.
—Entiendo perfectamente —respondió él al instante, sin mostrar entusiasmo desmedido—. Solo quiero ver lo que te gusta, y ayudarte en lo que pueda. No te pediré más.
Media hora después llegó, puntual, sin traer regalos ostentosos ni hablar de dinero. Se sentó a su lado en la mesa, respetando la distancia que ella mantuvo, y comenzó a pasar las páginas con calma, escuchando primero lo que ella opinaba antes de decir nada.
—Esta me gusta mucho por el color —señaló Laura—, pero me preocupa que sea demasiado delicada.
Xander asintió, mirando la imagen con atención.
—Es bonita, sí —dijo—. Pero tienes razón: lo más importante es que sea segura y cómoda para ti al ponerlo y levantarlo. Esta otra, aunque es más sencilla, parece más resistente y tiene bordes más suaves. ¿No crees que sería mejor para empezar?
Laura lo miró con sorpresa. Antes él habría elegido la más cara o la que le parecía más elegante sin preguntar qué necesitaba ella.
—Estoy impresionada —admitió ella—. Pensé que elegirías la que parezca más lujosa, sin importar si sirve o no.
—Antes miraba solo lo que brillaba —reconoció él con humildad—. Ahora intento mirar lo que les sirve a ustedes. Tú sabes mejor que nadie qué necesitas, y yo no voy a contradecirte solo por querer tener la razón.
Continuaron revisando todo durante una hora más, y en ningún momento Xander intentó imponer su gusto ni apresurarla. Cuando terminaron, se levantó para irse sin quedarse más tiempo del necesario.
—Gracias por dejarme estar aquí —le dijo antes de salir—. Valoro mucho que me hayas dado este pequeño espacio.
Laura se quedó mirando cómo se marchaba, y por primera vez sintió que ese espacio compartido no era una amenaza, sino un paso tranquilo hacia algo que aún no sabía cómo sería, pero que ya no le daba miedo.
Mientras guardaba las revistas, Laura no pudo evitar comparar en silencio. Antes, Xander nunca se habría tomado el tiempo de escuchar sus razones; habría dado una orden y punto. Ahora, en cambio, esperaba su opinión con paciencia, como si cada detalle fuera importante para él también.
—Nunca creí que vería este lado tuyo —murmuró ella, más para sí misma, pero él lo escuchó al detenerse en la puerta.
—Yo tampoco creí que fuera capaz de cambiar tanto —respondió él suavemente—. Pero me di cuenta de que no tenía derecho a formar parte de la vida de mi hijo si no aprendía primero a respetar la tuya. Este pequeño espacio que me das es suficiente para mí, por ahora.
Cerró la puerta despacio, y Laura se quedó con la certeza de que, aunque el camino fuera largo y estuviera lleno de dudas, al menos ya no sentía que caminaba sobre terreno inestable.