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Reina Sobrenatural

Reina Sobrenatural

Status: En proceso
Genre:Época / Magia y demonio / Reencarnación(época moderna) / Romance oscuro
Popularitas:358
Nilai: 5
nombre de autor: Nani

Se dice que existe una Primera Dimensión, el origen y el punto de unión de todas las demás. Un lugar donde los límites entre mundos se quiebran y nuevas realidades nacen, incluso en la era moderna, cuando la humanidad cree haber dejado atrás a los dioses. Mi nombre es EAU VITALE.Soy la última creación de la Diosa de la Nada, también llamada la Primera Diosa.
Fui la última humana que suplicó por su vida antes de ser asesinada por tres seres sobrenaturales que se proclamaron superiores incluso a los propios dioses. Pero la muerte no fue mi final. Como me dijo la diosa al rescatarme: la vida es un ciclo… y la reencarnación también. Mi reencarnación no es común. No regreso como humana. Renazco dentro de distintos seres sobrenaturales, una y otra vez, con el mismo propósito: equilibrar el poder que fue devuelto a estas criaturas cuando los dioses, desesperados, rogaron por la supervivencia de sus creaciones.
Soy el equilibrio entre dimensiones.
La consecuencia de la soberbia divina.

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Capítulo 7: Ecos bajo la luna menguante

Capítulo 7

Ecos bajo la luna menguante

Antonio regresó acompañado de los cuatro ancianos más importantes de MoonBlack.

Tres hombres y una mujer.

Todos ellos desprendían autoridad y experiencia. Sus edades reales eran imposibles de calcular, aunque sus rostros aparentaban entre cincuenta y sesenta años.

El más anciano de todos caminaba apoyado en un bastón negro adornado con runas antiguas.

Vicente permanecía sentado en la cabecera junto a Andrea, esperando que tomaran asiento.

Pero antes de que pudiera hablar, el anciano golpeó el suelo con su bastón.

—Espero que esta reunión sea importante, Alfa. Nos hicieron venir en plena noche por simples refugiados.

El ambiente se tensó inmediatamente.

Vicente entrecerró ligeramente los ojos.

—Los duendes piden asilo temporal dentro de nuestras montañas.

El anciano soltó una risa seca.

—¿Y desde cuándo MoonBlack se convirtió en un refugio para criaturas errantes?

Otro anciano asintió.

—Primero vampiros buscando pactos… ahora duendes huyendo como ratas.

La anciana observó a Andrea.

—Nuestra manada no es un lugar donde cualquiera pueda venir pidiendo protección.

Vicente apoyó lentamente ambas manos sobre la mesa.

Su aura comenzó a volverse pesada.

—Cuiden sus palabras.

El anciano del bastón no retrocedió.

—¿Acaso me equivoco? Cada vez permitimos más extraños dentro de nuestras fronteras.

Miró directamente a Charles.

Charles le sonrió con burla.

—¿Qué sigue después? ¿Humanos?

Andrea habló con voz fría.

—Graham salvó mi vida años atrás. MoonBlack honra las deudas.

Uno de los ancianos resopló.

—Con respeto, Luna… una deuda no vale más que la seguridad de la manada.

Otro de ellos habló entonces.

—Además… bastante tenemos ya con preocuparnos por la heredera que aún no despierta como para agregar más problemas.

El silencio cayó brutalmente sobre la sala.

Antonio abrió ligeramente los ojos.

Charles dejó de moverse.

Y el aura de Vicente explotó violentamente.

La mesa se agrietó bajo sus manos.

Sus ojos brillaron dorados mientras Altair rugía dentro de él.

—Vuelve… a mencionar… a mi cachorra… —gruñó Vicente con una voz monstruosamente grave.

El anciano palideció apenas.

Pero Andrea también liberó su energía.

La temperatura descendió de golpe.

Sus ojos azul hielo parecieron congelar la habitación.

—Bella es la princesa de MoonBlack —dijo Andrea lentamente—. Y ningún anciano tiene derecho a hablar de ella de esa manera.

La presión de ambos Alfas era tan fuerte que incluso Antonio tuvo que desviar la mirada.

Charles soltó una pequeña risa, rompiendo la tensión.

—Siempre olvido lo aterradores que pueden ser ustedes dos cuando se trata de Bella.

Vicente respiró profundamente intentando controlarse.

Luego miró a Charles.

—¿Cuál es tu opinión?

Charles cruzó los brazos.

—Estoy de acuerdo en que los duendes se queden.

Los ancianos lo miraron molestos.

Pero él continuó.

—No solo servirán en las minas. Los duendes son excelentes herreros y artesanos. Pueden enseñar técnicas nuevas a la manada.

Vicente quedó pensativo.

Charles tenía razón.

Además, los duendes vivirían lejos del núcleo principal de MoonBlack, establecidos en las montañas.

Andrea tomó la palabra nuevamente.

—Y aún no hablan de lo más importante.

Todos la miraron.

—Los cazadores han regresado.

La expresión de los ancianos cambió por completo.

—Eso es imposible —murmuró uno de ellos.

—Graham no tiene razones para mentir —respondió Andrea—. Y si es verdad… debemos informar al Rey Alfa.

La discusión continuó durante varios minutos más.

Al notar que el tema principal comenzaba a desviarse hacia política y estrategias, Vicente miró discretamente a Charles.

Charles entendió de inmediato.

Sin decir nada, abandonó la sala.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Al salir de la casa principal, Charles levantó la vista hacia el cielo.

La luna estaba en cuarto menguante.

El aire frío anunciaba la próxima llegada del invierno.

La misma estación en la que todo había comenzado años atrás.

Charles continuó caminando hasta llegar a su casa.

El interior estaba completamente silencioso.

La lluvia golpeaba suavemente las ventanas mientras el fuego de la chimenea iluminaba las paredes cubiertas de libros antiguos y símbolos grabados en plata oscura.

Se acercó lentamente a una extraña piedra negra que descansaba sobre la repisa.

La roca emitía un tenue brillo violáceo.

Sin dudarlo, Charles deslizó una pequeña daga sobre la yema de su dedo y dejó caer una gota de sangre sobre la piedra.

El brillo aumentó de inmediato.

El aire se volvió pesado.

Las sombras de la habitación parecieron moverse por sí solas.

Entonces una voz grave resonó desde la piedra.

—Pensé que no volverías a contactarme tan pronto.

Charles apoyó un brazo sobre la chimenea.

Su expresión permanecía tranquila… pero sus ojos violetas lucían tensos.

—Necesito información.

Hubo unos segundos de silencio.

—Eso nunca trae buenas noticias.

Charles soltó una pequeña risa seca.

—Lo que necesito… es algo que todos creen olvidado.

El otro lado permaneció en silencio, escuchando atentamente.

Charles observó las llamas de la chimenea antes de continuar.

—Un grupo de duendes llegó a esta manada buscando refugio. Hablaron sobre los sacerdotes del Templo de la Oscuridad.

La voz respondió de inmediato.

—Charles… deja de bromear. Todos sabemos que el Templo de la Oscuridad es solo un mito.

Charles sonrió apenas.

—Igual que nosotros.

El silencio volvió a extenderse.

—Y si nosotros existimos… ¿qué te hace pensar que ese templo no existió?

La piedra brilló débilmente.

—Entonces… ¿quieres que investigue acerca del templo?

—No solo eso.

Los ojos violetas de Charles se oscurecieron.

—También sobre los cazadores. Fueron ellos quienes atacaron a los duendes.

La voz soltó una pequeña risa incrédula.

—Eso sí no te lo creo. Desde que nos convertimos en leyendas urbanas, los cazadores desaparecieron.

Charles tomó una copa de vino y bebió lentamente.

—Solo hazlo.

Luego añadió con voz más baja:

—Y de paso… averigua quiénes son realmente.

El ambiente se volvió incómodamente silencioso.

Finalmente, la voz habló otra vez.

—Está bien… pero desde que te fuiste, nada volvió a ser igual.

Charles cerró los ojos unos segundos.

Como si aquellas palabras removieran recuerdos que prefería olvidar.

Entonces ambos hablaron al mismo tiempo.

—Los Heraldos Negros.

La piedra emitió un último destello antes de apagarse lentamente.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Después de unos minutos, Charles caminó hacia la habitación donde dormían los tres hermanos.

Rafael y Andy descansaban profundamente.

Bella parecía dormida entre las mantas.

Charles cerró la puerta con cuidado.

Pero apenas se marchó…

Bella abrió lentamente los ojos.

Su corazón latía rápido.

En su mente solo se repetían las mismas palabras.

Heraldos Negros.

El fin de todo.

La clave.

¿Qué significaba todo eso?

¿Por qué sentía que esas palabras estaban relacionadas con ella?

Miles de preguntas llenaron su cabeza.

Y ninguna tenía respuesta.

Mientras tanto, en la casa principal de MoonBlack, la reunión había llegado a un punto muerto.

Los ancianos seguían divididos.

Finalmente, Vicente se puso de pie.

Su voz alfa llenó toda la habitación.

—Como líder de MoonBlack, he tomado una decisión.

Todos guardaron silencio.

—Los duendes permanecerán bajo nuestra protección. Esa es mi palabra… y será respetada.

Al ver la postura firme de Vicente, todos terminaron aceptando el tratado.

Pero eso no significaba que estuvieran de acuerdo.

Porque entre los presentes…

había algunos dispuestos a destruir aquella alianza con los duendes.

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