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Atrapé Al Diablo

Atrapé Al Diablo

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Reencuentro / Completas
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

La Academia Valmont lo tenía todo: lujo, poder y secretos. Entonces conocí a Matías Ferrer, el chico que parecía un ángel… y terminé atrapando al diablo.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 2

Dormí poco aquella noche.

No sabía por qué, pero cada vez que cerraba los ojos volvía a verlo:

el chico de cabello rubio claro y mirada fría que había aparecido en la Academia Valmont como si no perteneciera a ese lugar.

Y quizá realmente no pertenecía.

A la mañana siguiente, Santiago amaneció cubierto por una fina neblina.

Conduje mi Aston Martin por las calles todavía húmedas; el brillo azul oscuro del auto se mezclaba con el gris del cielo, y la música sonaba suavemente en el interior.

A pesar de haber cumplido diecisiete años, seguía sintiendo esa misma emoción cada vez que tomaba el volante.

Cuando llegué, la Academia Valmont se alzaba imponente bajo las luces doradas de la entrada.

Los estudiantes caminaban apresurados, todos con sus uniformes azul rey intenso y detalles dorados; algunos llegaban con choferes, otros acompañados de guardaespaldas.

Todo parecía tan igual, tan normal…

que casi logré olvidar la extraña sensación que me había perseguido desde el día anterior.

Casi.

—¡Amalia!

—gritó Sofía apenas crucé el vestíbulo de mármol.

—Buenos días para ti también.

—Tengo noticias increíbles.

—Eso nunca suena bien.

Sofía tomó mi brazo y comenzó a arrastrarme hacia las escaleras mecánicas de vidrio.

—El nuevo sacó cien puntos exactos en la prueba diagnóstica.

—¿Y?

—¿Y?

¡Nadie saca cien en esa prueba!

—Yo la saqué el año pasado —respondí con tranquilidad.

—Eso no cuenta porque eres un robot —replicó ella riendo.

Reí mientras subíamos hasta el cuarto piso.

—¿Por qué te importa tanto?

—Porque alguien podría quitarte el primer lugar.

—Entonces tendré que esforzarme un poco más.

—Amalia.

¿alguna vez has pensado en vivir peligrosamente?

—Claro que sí.

Una vez entregué una tarea un minuto antes de que se cerrara el plazo.

—Qué rebeldía la tuya.

Llegamos al salón y tomé mi asiento junto a la ventana.

Afuera, la lluvia comenzó a golpear suavemente los cristales.

Minutos después, Matías entró en la sala.

No miró a nadie, no saludó.

Simplemente, dejó su mochila sobre el escritorio y se sentó.

Varias chicas intentaron llamar su atención, pero él las ignoró como si no estuvieran allí.

—Es oficialmente el chico más extraño de todo el colegio —susurró Sofía.

—Llegó hace un día, vas rápido.

—Tengo talento para estas cosas.

La profesora entró y comenzó la clase.

Todo transcurría con normalidad hasta que anunció la frase que nadie quería oír:

—Hoy realizaremos el trabajo en parejas.

Un murmullo llenó el salón.

—Amalia y Matías trabajarán juntos.

Sofía soltó una carcajada.

—Te han abandonado a tu suerte.

Hice como que no la escuchaba y me acerqué a su mesa.

—Supongo que tendremos que colaborar.

—Supongo —respondió él sin levantar mucho la vista.

—Eres muy conversador.

¿sabes?

—Y tú hablas demasiado.

—Eso ha sido grosero.

—Una observación, nada más.

Rodé los ojos y abrí mi computadora.

Pasamos varios minutos en silencio, y lo más extraño era que funcionábamos sorprendentemente bien.

Él resolvía los problemas antes de que yo terminara de leerlos, y detectaba fallos que nadie más habría notado.

—¿Siempre eres así?

—pregunté al fin.

—¿Así cómo?

—levantó la vista, y sus ojos verde claro me atravesaron.

—Como si estuvieras compitiendo contra todo el mundo.

Matías detuvo lo que hacía por un instante.

—¿Y tú siempre haces preguntas que no te corresponden?

—Solo cuando tengo curiosidad.

—La curiosidad suele ser peligrosa —dijo con un tono muy bajo.

—¿Lo dices por experiencia propia?

Esta vez no respondió.

Cuando terminamos la actividad, todos guardaron sus cosas.

Al cerrar mi cuaderno, una hoja se deslizó y cayó al suelo.

Matías la recogió antes que yo.

—Gracias —dije extendiendo la mano.

—Deberías ser más cuidadosa.

—¿Siempre encuentras algo que criticar?

—Solo cuando hace falta.

Le tomé la hoja de golpe, y por primera vez vi una media sonrisa en sus labios.

—¡Sofía! —llamé para cambiar de aire.

—No me metas en vuestra guerra —respondió ella levantando ambas manos.

Más tarde fuimos hacia la cafetería.

El lugar estaba lleno, y el aroma del café recién hecho y la repostería dulce lo llenaba todo.

—¿Te vas acostumbrando a la Academia Valmont?

—pregunté.

—Todavía no.

—¿Y qué te parece hasta ahora?

Miró a su alrededor.

os techos altos, las lámparas doradas, los ventanales infinitos y ese mar de uniformes azul rey.

—Es demasiado perfecto.

Demasiado ordenado.

—Eso no responde lo que te pregunté.

—Sí lo hizo.

Antes de que pudiera insistir, el timbre sonó anunciando el cambio de clase.

Matías tomó su mochila y se puso de pie.

—Nos vemos, Amalia.

Fue la primera vez que pronunció mi nombre.

Y esas dos palabras bastaron para dejarme totalmente inmóvil.

Lo vi alejarse hasta perderse entre el resto de estudiantes, mientras las luces de la academia brillaban reflejadas en el suelo de mármol pulido.

No lograba entender por qué aquel chico me resultaba tan imposible de descifrar.

Por qué parecía ocultar tanto peso, tantas cosas, detrás de cada frase corta.

Y por qué, entre cientos de personas, era él quien no dejaba de dar vueltas en mi cabeza.

Pero mientras la lluvia seguía cayendo sobre Santiago y el eco de sus pasos se apagaba al fondo del pasillo, solo una pregunta sonaba una y otra vez en mí:

¿Por qué tenía la certeza de que detrás de esa indiferencia de Matías Ferrer se ocultaba una verdad que nadie estaba listo para saber?

 

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