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GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / Amor a primera vista / Pérdida de memoria / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Sofía Miller, la brillante directora creativa de Big Eye Creative, y Sebastián Lombardi, el reservado CEO que lucha por salvar la empresa de su padre, se ven obligados a trabajar juntos. En el proceso, la tensión laboral se transforma en un amor apasionado. Sin embargo, la misma noche en que él le propone matrimonio, un rival provoca un trágico accidente de coche.Al despertar, Sofía recibe un doble impacto: Sebastián está en coma y ella espera un hijo suyo. Un año después, el CEO abre los ojos, pero una amnesia severa ha borrado su último año de recuerdos. Sebastián no reconoce a Sofía y cae en las redes de Daphne, su calculadora exprometida que vuelve para quedarse con su fortuna.Protegida en secreto por el abuelo de su bebé, Sofía regresa a la oficina y a la clínica para dar una batalla silenciosa. ¿Podrá el recuerdo de su amor y el latido de su hija Lucía romper el hielo de su memoria, o se perderá para siempre? Una historia de traición, intriga y reconquista.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 21. DESEOS A PUERTA CERRADA.

La victoria sobre el juicio familiar no hizo más que unirnos de una forma inquebrantable. Sin embargo, el éxito de la primera fase de la campaña para Sailing Dreams significaba que el volumen de trabajo se había duplicado. Al ser la relación pública oficial, queríamos demostrar con más fuerza que nuestros logros se debían puramente al talento. Por eso, ese jueves por la noche nos encontrábamos a solas en el amplio despacho presidencial de Sebastián, pasadas las diez de la noche, puliendo los detalles visuales para el lanzamiento del formato de "Lunas de miel y parejas".

Las luces principales de la oficina estaban apagadas; solo la calidez de una lámpara de escritorio y el brillo imponente de los rascacielos de la ciudad a través del gran ventanal iluminaban el espacio. Yo estaba de pie junto a su silla, señalando unos vectores en la pantalla de su portátil. Vestía una falda de tubo oscura y una blusa de seda blanca que, debido al calor de la noche, me había desabrochado levemente en el cuello.

—Si cambiamos este tono dorado por un bronce suave, transmitirá más intimidad, Sebastián —comenté, concentrada en el diseño.

De pronto, sentí sus manos grandes y cálidas posarse en mis caderas. Sebastián no estaba mirando la pantalla; sus ojos oscuros y cargados de una intensidad magnética, estaban fijos en mi cuello. Tiró de mí con suavidad, obligándome a girar y a sentarme directamente sobre el borde de su escritorio de roble, apartando un par de carpetas con un movimiento fluido.

—Llevo más de dos horas intentando concentrarme en los números, Sofía —confesó con una voz ronca, un murmullo bajo que me erizó la piel por completo—. Pero el roce de tu suave perfume  y el sonido de tu respiración me están volviendo loco. No puedo seguir fingiendo que me interesa este diseño ahora mismo.

Una sonrisa trémula se dibujó en mis labios. El corazón me dio un vuelco salvaje. Enredé mis dedos en su cabello negro y suave, inclinándome hacia él.

—¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que le interesa al señor CEO en este momento? —le provoqué en un hilo de voz.

Sebastián no respondió con palabras. Se puso de pie, posicionándose entre mis piernas abiertas y acortando toda distancia. Sus manos subieron por mis muslos, acariciando la tela de mi falda con una desesperación contenida, hasta acunar mi rostro. Rompió el espacio y me besó.

Fue un beso profundo, ardiente, desprovisto de la timidez de los primeros días. Su lengua reclamó la mía con una urgencia que me hizo soltar un gemido ahogado contra sus labios. La calidez de su cuerpo musculoso me envolvía, y por puro instinto, arqueé la espalda hacia él, pegando mi pecho al suyo. Sentí los latidos desbocados de su corazón latiendo con fuerza contra el mío.

Sus manos abandonaron mi rostro y comenzaron a desabrochar con dedos hábiles pero urgentes los botones restantes de mi blusa de seda. La prenda cayó de mis hombros, dejando mi piel expuesta al aire templado del despacho y a su mirada devoradora. Sebastián contuvo el aliento al contemplarme bajo la luz tenue de la lámpara. Sus dedos trazaron una línea de fuego desde mi clavícula hacia abajo, acariciando la curva de mis pechos sobre el encaje fino de mi lencería. Cada roce suyo era una caricia eléctrica que encendía una hoguera incontrolable en mi vientre.

—Eres una obra de arte, Sofía —jadeó, descendiendo con sus labios por mi mandíbula hasta enterrar su rostro en mi cuello, dejando un rastro de besos húmedos y mordiscos suaves que me hicieron jadear de puro placer.

Mis manos viajaron por su espalda firme, aferrándose a la tela de su camisa hasta que necesité sentir su piel. Le deshice la corbata y abrí los botones de su camisa con desespero, acariciando sus pectorales firmes y el relieve marcado de sus abdominales. Su piel quemaba al tacto. Sebastián soltó un gruñido de satisfacción al sentir mis uñas delinear su espalda.

Con una agilidad pasmosa, me tomó por la cintura y me recostó por completo sobre la superficie del escritorio, esparciendo algunos papeles al suelo sin que a ninguno de los dos nos importara en lo absoluto. Se posicionó sobre mí, atrapándome bajo el peso bendito de su cuerpo. Su mano bajó por mi vientre, deslizando la falda de tubo hacia mis pies con una lentitud tortuosa que solo aumentaba el deseo que me consumía.

La intimidad del momento se volvió absoluta. Ya no había barreras, ni miedos, ni pasado. Solo éramos un hombre y una mujer entregándose a una pasión pura, coreografiada por el murmullo de la ciudad a lo lejos. Cuando nuestras pieles finalmente se fundieron en un solo ser, una oleada de calor y plenitud me recorrió por completo. Me aferré a sus hombros musculosos, ocultando mis gemidos en su cuello mientras él se movía con un ritmo pausado, tierno y a la vez salvaje que me llevó directo al borde del paraíso. Nos entregamos el uno al otro por completo en esa oficina, sellando nuestro amor con una intensidad que nos dejó temblando y abrazados sobre el escritorio, iluminados por las estrellas de la noche.

Horas más tarde, mientras nos vestíamos entre risas cómplices y besos dulces, la tranquilidad regresaba a nuestro refugio. Habíamos convertido el lugar de trabajo en el escenario de nuestra mayor entrega. Sin embargo, la calma que disfrutábamos era solo una ilusión temporal.

Muy lejos de allí, en un club privado de la alta sociedad, Alan Vance se encontraba sentado en un reservado privado. Su rostro lucía demacrado por la humillación de la sanción de su padre, pero sus ojos brillaban con una fijeza peligrosa y desquiciada. El fracaso del escándalo familiar solo lo había vuelto más despiadado. Frente a él, un hombre de aspecto sombrío y traje oscuro le entregaba un fajo de documentos confidenciales.

Alan encendió un encendedor de oro, mirando las hojas con una sonrisa helada que carecía de cualquier rastro de humanidad. Su plan familiar había fallado, pero la obsesión lo empujaba a una fase mucho más oscura. No iba a buscar un simple plagio o un chisme social; esta vez, iba a falsificar una deuda millonaria y a sabotear directamente los frenos del coche de Sebastián para provocar un desastre total que eliminara al CEO del mapa de una vez por todas.

—Disfruta de tu mujer y de tus balances mientras puedas, Lombardi —susurró Alan, quemando la esquina de uno de los papeles con la llama del encendedor—. Porque este fin de semana, tu preciosa vida perfecta se va a estrellar contra la realidad.

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