Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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14. EL RUGIDO DEL DRAGÓN
La luna iluminaba silenciosamente el Palacio Negro.
Todo permanecía en calma.
O al menos eso parecía.
Alisa dormía profundamente, envuelta entre las suaves mantas de su enorme cama.
Las imágenes de los últimos días se mezclaban en sus sueños.
El jardín.
El carruaje.
El beso.
Y aquellos ojos rojos que aparecían una y otra vez.
Entonces...
Sintió que alguien acariciaba suavemente su mejilla.
Todavía medio dormida abrió apenas los ojos.
La silueta de un hombre se encontraba frente a ella.
Cabello negro.
Ojos carmesí.
Una expresión extrañamente serena.
Sonrió con pereza.
—Qué sueño tan bonito...
Sin pensar en las consecuencias, estiró ambas manos y sujetó el rostro de Arion.
—Si esto es un sueño...
No quiero despertar.
Antes de que él pudiera reaccionar, Alisa unió sus labios con los suyos en un beso espontáneo.
Arion quedó completamente inmóvil.
La sorpresa hizo que perdiera el equilibrio.
Terminó cayendo sobre la cama, apoyándose con un brazo para no lastimarla.
Durante unos segundos ninguno de los dos reaccionó.
Cuando el beso terminó, Alisa volvió a acomodarse sobre la almohada con una pequeña sonrisa.
—Buenas noches...
Murmuró entre sueños antes de volver a quedarse profundamente dormida.
Arion permaneció inmóvil, observándola.
Su corazón latía con una fuerza que jamás había sentido.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Definitivamente...
No estaba soñando.
Con extremo cuidado acomodó el cobertor sobre ella y abandonó la habitación en absoluto silencio.
Sin embargo...
Al otro lado del pasillo respiró profundamente.
El dragón dentro de él rugía con una intensidad imposible de controlar.
A la mañana siguiente...
Un mensajero imperial llegó al palacio.
—El emperador solicita la presencia inmediata del Archiduque.
Arion no tardó en presentarse.
El ambiente en el salón del trono era tenso.
El emperador observaba a su hermano con expresión seria.
A su lado permanecía el príncipe heredero.
—¿Sabes por qué te llamé?
—Lo imagino.
El emperador apoyó ambas manos sobre el trono.
—Mi hijo insiste en que rompas tu compromiso con la señorita Beaumont.
El príncipe dio un paso al frente.
—Aún puedo hacerla feliz.
Arion sostuvo su mirada.
—Ella no es un premio.
Ni un juguete que pueda entregarse de un hombre a otro.
El salón quedó completamente en silencio.
El emperador respiró profundamente.
—Comprendo tu postura...
Pero esta disputa comienza a afectar a la familia imperial.
Arion respondió con firmeza.
—Entonces pídale a su hijo que deje de perseguir a una mujer que ya tomó una decisión.
El príncipe apretó los puños.
Pero no encontró argumentos para responder.
Cuando el Archiduque abandonó el salón...
El Gran Oráculo salió lentamente de entre las sombras.
Llevaba el antiguo libro entre las manos.
Había encontrado un nuevo fragmento oculto entre sus páginas.
Leyó en voz baja.
"Cuando el Dragón reclame a la Dama...
el fuego despertará.
Pero si otro pretende separarlos...
la sangre bañará nuevamente el Imperio."
El anciano cerró el libro de golpe.
Su rostro perdió completamente el color.
—La profecía... está comenzando.
Arion regresó al Palacio Negro mucho más tarde.
Su expresión era fría.
Más fría de lo habitual.
Los sirvientes comprendieron de inmediato que algo había ocurrido.
Nadie se atrevió a dirigirle la palabra.
Alisa, que acababa de salir de la biblioteca, lo observó desde el otro extremo del pasillo.
Algo estaba mal.
Se acercó lentamente.
—¿Arion?
Él levantó apenas la mirada.
—¿Sí?
Ella sonrió con cierta timidez.
—Anoche tuve un sueño muy extraño.
Aquellas palabras captaron inmediatamente su atención.
—¿Un sueño?
Alisa bajó la mirada, avergonzada.
—Soñé... que entrabas en mi habitación.
Arion sintió que el corazón daba un vuelco.
Ella continuó hablando sin notar su reacción.
—Y...
Creo que incluso te besé.
Qué vergüenza...
Debo estar perdiendo la cabeza.
Arion permaneció completamente inmóvil.
Durante unos segundos no supo qué responder.
Entonces dio un paso hacia ella.
Y otro más.
Hasta quedar frente a frente.
Alisa levantó lentamente la vista.
—¿Arion?
Él llevaba horas intentando controlar su temperamento.
La discusión con el príncipe.
La presión del emperador.
La profecía.
Todo parecía consumirlo.
Pero bastó verla para que aquella tormenta comenzara a desaparecer.
Le acarició suavemente el rostro.
—Gracias.
Antes de que Alisa pudiera preguntar por qué...
Él depositó un beso breve y cálido sobre su frente.
Después apoyó la suya contra la de ella, cerrando los ojos por un instante.
La cercanía bastó para devolverle la calma.
Alisa sintió cómo la tensión abandonaba lentamente el cuerpo de Arion.
Y, sin comprender la razón...
Sonrió.
En ese mismo momento...
Una mujer de extraordinaria belleza atravesó la entrada principal.
Sus largos cabellos plateados caían hasta la cintura.
Las delicadas orejas puntiagudas revelaban su origen.
Era una elfa.
Los sirvientes realizaron profundas reverencias.
—Lady Melisa...
La mujer sonrió.
—He venido a felicitar personalmente al Archiduque por su compromiso.
Hace mucho que no lo veo.
Alisa observó la escena desde el pasillo.
No sabía quién era aquella mujer.
Pero la forma en que hablaba de Arion...
Le produjo una incómoda sensación.
Melisa caminó directamente hacia él.
—Arion.
Ha pasado demasiado tiempo.
La elfa extendió la mano con una sonrisa familiar.
Pero el Archiduque apenas la miró.
Su atención seguía puesta en Alisa.
Notó inmediatamente el pequeño gesto de incomodidad en su rostro.
Y aquello bastó.
—Melisa.
Debo pedirte que regreses otro día.
La elfa parpadeó sorprendida.
—¿Acabo de llegar...?
—Estoy ocupado.
Ella intentó insistir.
—Solo quería conversar unos minutos...
—No.
Los ojos rojos de Arion fueron completamente claros.
—Mi prometida es mi prioridad.
La sonrisa de Melisa desapareció.
Realizó una elegante reverencia y abandonó el palacio.
Alisa observó cómo se alejaba.
No pudo evitar sentir un extraño alivio.
Arion se acercó nuevamente a ella.
—¿Molesta?
Ella cruzó los brazos.
—No.
Él arqueó una ceja.
—¿Segura?
Alisa desvió la mirada.
—Solo... tenía demasiada confianza contigo.
Una leve risa escapó de los labios del Archiduque.
Era la primera vez que veía a Alisa actuar de aquella manera.
Y, sorprendentemente...
Le gustó.
Muy dentro de su corazón...
El dragón volvió a rugir.
—Nuestra compañera...
—Solo nuestra...
Y, por primera vez...
Arion dejó de luchar contra aquella voz.
Porque comenzaba a darse cuenta de que el dragón no estaba hablando únicamente de instinto.
También estaba hablando del amor que crecía, imparable, dentro de su propio corazón.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/