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¿Será demasiado tarde, señor Rodrigues?

¿Será demasiado tarde, señor Rodrigues?

Status: Terminada
Genre:Romance / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:4
Nilai: 5
nombre de autor: Dayane Castro

Carolina Ferreira creía haber encontrado el amor de su vida. Se casó llena de sueños e hizo todo lo posible para que el matrimonio funcionara. Pero, con el tiempo, empieza a sentir que algo no encaja. La distancia de Henrique Rodrigues no proviene solo de palabras duras, sino también del silencio, la frialdad y las ausencias nocturnas que hieren más que las peleas.

Henrique carga con un pasado que Carolina no conoce del todo y unas decisiones que nunca fueron realmente suyas. Mientras ella insiste en amar, él se cierra. Pero ningún corazón aguanta amar solo para siempre. Y cuando el sentimiento empieza a enfriarse, las consecuencias pueden ser irreversibles, y Henrique descubrirá que no se debe pisotear un corazón apasionado. Pero ¿será demasiado tarde?

NovelToon tiene autorización de Dayane Castro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Henrique,

Entro en el baño, hago mi higiene nocturna, me pongo unos pantalones cortos porque hace calor y me quedo sin camisa. Me acuesto en la cama, y ella está girada con la cara hacia el otro lado. Entonces, me acuesto y le doy la espalda también. Cuando cierro los ojos, el silencio es interrumpido por un llanto bajito, casi imperceptible.

No sé por qué llora tanto, siendo que fue ella misma quien se colocó en esta situación. Peor aún, ahora ni siquiera puedo decirle que pida el divorcio, no puedo perder la presidencia de la empresa. Mi madre es rígida con sus promesas, siempre cumple lo que dice.

—No necesita ser así, Carolina. No necesitas llorar, no hay sentimientos en este matrimonio. Podemos continuar como estamos, sin que uno se meta en los asuntos del otro. —Me giro para mirarla.

—Solo que tú te metes en mis asuntos, no me dejas hacer lo que quiero y te entrometes. Quieres que sea igual, no te metas en lo que yo haga.

—Entonces no hagas las cosas delante de otras personas, así me avergüenzas, ¿no lo ves? Nadie sabe que todavía estoy con Tatiane, todos creen que estoy contigo.

—¿Por qué aceptaste el matrimonio, siendo que la amas? —Ella se gira mirándome, con los ojos llenos de lágrimas. —Vamos a terminar esta payasada, porque ni siquiera puedo llamar a esto matrimonio.

—Ahora ya no podemos, después de tu numerito, mi madre no nos deja divorciarnos.

—¿Yo hice un numerito, Henrique? —Asiento con lo obvio. —Vete al infierno. —Ella me da la espalda nuevamente, sin decir nada más.

—Si tú no hubieras...

—Vete a dormir, déjame en paz. —Ella me interrumpe, lo que me irrita.

—Carolina...

—¡Cállate! —Me muerdo el borde de la boca y me giro nuevamente dándole la espalda, poseído por la rabia. Antes era ella la que estaba callada, no me provocaba ni me hablaba de esa manera. Al contrario, hacía todo para agradarme, pero en los últimos días me está sacando de quicio.

(...)

Me despierto sintiendo un peso en mi brazo y mi pecho, y cuando abro los ojos, la veo abrazada a mí. Estoy boca arriba, con un brazo debajo de su cabeza y la otra mano en su cintura. Ella, en cambio, está con el brazo en mi pecho, con la mano abierta sobre él.

Siento el perfume de su cabello por primera vez. Es bueno, huele a flores, cierro los ojos y tengo la sensación de estar en un jardín. Ella se mueve, y yo me quedo con los ojos cerrados, para ver qué va a hacer.

Ella se mueve, levanta la cabeza y luego se aleja, levantándose de la cama. Abro los ojos y veo que se dirige al baño. Me siento en la cama pasándome la mano por el pelo.

Esto está empezando a salirse de control, voy a buscar la manera de dormir en otro lugar esta noche, no podemos acercarnos de esta manera. Unos minutos después sale del baño usando un bikini en la parte de arriba y una falda corta en la parte de abajo.

—¿Qué estás usando?

—No recuerdas lo que dijo tu madre, de día, fiesta en la piscina. ¿Quieres que me ponga un chándal?

—Pero no necesitas estar así, hay amigos de ellas en la casa, algunos incluso solteros. —Me levanto de la cama, voy al armario, cojo una manta y se la llevo. Solo que Carolina levanta la mano, haciéndome parar.

—No voy a usar eso. Recuerda tus palabras de anoche, Henrique. No vamos a meternos en los asuntos del otro. Déjame ser libre, ya que tú también quieres serlo.

—Tú eres mujer, vas a dar que hablar...

—Que así sea, ¿te imaginas lo que las personas que saben de tu novia dicen de mí? ¿No quieres que te tilden de cornudo también, Henrique? —Me quedo aturdido con su pregunta, eso no me importa, no de ganar ese adjetivo viniendo de ella. —Que tengas un buen día. —Ella me empuja suavemente para pasar y sale de la habitación.

Cierro los ojos y tiro la manta al suelo bufando de rabia. Voy al baño, hago mi higiene y bajo a desayunar. Todos están usando trajes de baño, los hombres sin camisa, usando solo pantalones cortos, y las mujeres en bikini solo en la parte de arriba.

Después del desayuno, todos se dirigen a la zona de ocio. Mi celular empieza a sonar, y cuando miro la pantalla, es Tati. Maldición, ayer me dormí sin llamarla. Estaba tan distraído discutiendo con Carolina, que me olvidé de al menos enviar un mensaje.

—Hola, amor...

—¿Amor? Henrique, quien ama no olvida, ¿por qué no me llamaste antes de dormir? Pensé que íbamos a hacer el amor por videollamada.

—Me dormí... Dormí en la habitación de mi madre, no se pudo, lo siento, mi vida.

—Está perdonado. Sal de la casa, tengo una sorpresa para ti en la entrada del sitio. —Miro hacia atrás y no entiendo nada. Carolina y mi madre pasan frente a mí, y yo voy detrás de ellas, pero cuando giran hacia la parte de la cocina, yo sigo directo hacia el portón principal. Cuando salgo, veo el coche de Tati parado, y ella, en cuanto me ve, baja del vehículo. — ¿Te gustó?

—¿Qué estás haciendo aquí? —Me acerco a ella mirando hacia el portón, para que mi madre no nos vea. Ella se pone de puntillas y me da un beso.

—Vine a rescatarte de la fiesta aburrida de tu madre, apuesto a que es un martirio tener que pasar tanto tiempo con tu esposa. —Ella hace un puchero, y sabe que me derrite de esa manera.

—Henrique. —Cuando me ve besar a Tati, mi madre grita desde el portón. —Qué está pasando. —Vienen ella y Carolina, pero mi madre parece más enojada.

—¡Hola, suegra! —Tati provoca, y mi madre solo no se le echa encima porque yo me meto en medio. —Por cierto, feliz cumpleaños.

—No me llames suegra, vagabunda. ¿No sabes que mi hijo es un hombre casado?

—Hasta lo sé, pero pregúntale a él si eso impide algo. —Mi madre me mira muy enfadada, mientras que Carolina mira desde lejos, solo viendo el circo incendiarse.

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