Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.
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Capítulo 8: El Hermano Que Empezó a Desaparecer
Las semanas comenzaron a pasar de una forma extraña.
No más rápidas.
No más lentas.
Solo… más frías.
Como si el aire alrededor de los Suzuki hubiera cambiado sin que nadie pudiera explicarlo.
La vida seguía.
Las clases seguían.
Las calles seguían llenas.
Los guardias seguían patrullando.
El reino seguía respirando con esa falsa normalidad que siempre ocultaba algo debajo.
Pero Himari lo notó antes que nadie.
Asahi estaba cambiando.
Y no solo por fuera.
La Distancia Empieza en Silencio
No ocurrió de golpe.
No fue una pelea.
No fue una decisión que él anunciara.
Fue algo peor.
Fue gradual.
Fue silencioso.
Asahi empezó a alejarse de sus amigos.
Ya no se quedaba con ellos al terminar las clases.
Ya no caminaba entre risas por los pasillos de la academia.
Ya no hacía imitaciones tontas de los profesores.
Ya no parecía realmente presente cuando alguien le hablaba.
Seguía respondiendo.
Seguía siendo educado.
Seguía pareciendo el mismo a simple vista.
Pero Himari lo conocía demasiado bien.
Y sabía que algo dentro de él estaba retrocediendo.
Como si una parte de su hermano ya no quisiera ser alcanzada.
El Entrenamiento Oculto
La razón estaba lejos de las aulas.
Lejos de la casa.
Lejos de cualquier mirada.
Cada noche, cuando el barrio dormía y la pequeña casa Suzuki quedaba en silencio, Asahi salía solo.
A veces al patio trasero.
A veces al bosque.
A veces a zonas abandonadas donde nadie pudiera verlo.
Y entrenaba.
No con espada.
No con magia elemental.
No con algo que la academia pudiera enseñar.
Entrenaba con su propia sangre.
Al principio había sido un accidente.
Un calor en las venas.
Un impulso.
Una reacción salvaje nacida de la necesidad de proteger.
Pero ahora…
Ya no era accidente.
Asahi había empezado a dominar su técnica de sangre.
Todavía de manera imperfecta.
Todavía con dolor.
Todavía en secreto.
Pero ya no era algo desconocido.
Podía endurecer su cuerpo.
Podía tensar su circulación hasta volver sus músculos más densos.
Podía manipular pequeñas cantidades de sangre fuera de su cuerpo por instantes cortos.
No era elegante.
No era limpia.
No era una magia hermosa.
Era una magia brutal.
Primitiva.
Silenciosamente aterradora.
Y lo peor…
Era que se adaptaba demasiado bien a él.
El Precio del Poder
Los cambios no tardaron en aparecer.
Primero fue pequeño.
Tan pequeño que casi parecía imaginación.
Un mechón de cabello que había perdido su color oscuro.
Solo una parte.
Solo una línea blanca entre el castaño.
Asahi lo notó una noche frente al espejo.
Lo sostuvo entre sus dedos durante varios segundos.
No dijo nada.
No reaccionó.
Solo lo observó.
Como si estuviera viendo una prueba física de que algo dentro de él ya no era normal.
Y después vinieron los ojos.
No todo el tiempo.
No de forma permanente.
Pero cuando la técnica despertaba…
Cuando el calor recorría sus venas y la sangre respondía a su voluntad…
Sus ojos tomaban un tono rojo carmesí.
Oscuro.
Profundo.
Más parecido al color de una advertencia que al de una persona viva.
Y eso…
Eso empezó a incomodarlo incluso a él.
Himari Lo Nota
Himari fue la primera en verlo.
No porque él se lo dijera.
Sino porque ella siempre había sabido leer los silencios de su hermano.
Lo notó cuando él dejó de esperarla al salir de clases.
Lo notó cuando ya no se sentaba con ella tanto tiempo a comer.
Lo notó cuando respondía “estoy bien” sin siquiera mirarla.
Lo notó cuando una noche, al levantarse por agua, pasó frente al baño y lo vio de pie frente al espejo…
Con la capucha baja.
Con la mano sobre un mechón de cabello blanco.
Ella se quedó quieta.
No hizo ruido.
No quiso que él supiera que lo había visto.
Pero desde ese instante…
Sintió miedo.
No miedo de él.
Miedo de perderlo.
🌒 Un Desayuno Más Frío
A la mañana siguiente, el desayuno fue más silencioso de lo normal.
Kenji hablaba con Aiko sobre el trabajo del día.
Intentaban mantener la rutina viva.
Intentaban que la casa siguiera sintiéndose como hogar.
Pero Asahi apenas tocaba la comida.
Tenía la capucha negra puesta incluso dentro de casa.
Eso no pasó desapercibido.
—Te vas a sofocar con eso puesto —dijo Kenji intentando sonar ligero.
Asahi apenas respondió.
—Estoy bien.
Himari lo miró desde el otro lado de la mesa.
—Últimamente siempre dices eso.
Asahi levantó la vista apenas.
—Porque lo estoy.
—No me mientas.
La frase salió antes de que ella pudiera detenerla.
Aiko y Kenji quedaron en silencio.
Asahi también.
Por un momento nadie se movió.
La casa, tan pequeña y cálida normalmente, se sintió de repente más estrecha.
Más tensa.
Más ajena.
“Te Estás Alejando”
Después del desayuno, Himari lo alcanzó antes de que saliera.
Lo detuvo en la puerta.
—Te estás alejando de mí.
Asahi se quedó quieto.
No giró de inmediato.
Luego respondió en voz baja:
—No es eso.
—Sí lo es.
Himari apretó las manos.
—Ya no me hablas como antes. Ya no me cuentas nada. Ya no estás aquí aunque estés enfrente de mí.
Asahi cerró los ojos un instante.
Como si cada palabra le pesara.
Finalmente se giró.
Y cuando lo hizo…
Himari vio por un segundo el mechón blanco asomando bajo la capucha.
Sintió un vacío en el estómago.
—Solo estoy entrenando más —dijo él.
—No es solo eso.
Silencio.
—¿Qué te está pasando, Asahi?
Él la miró.
Y por un momento pareció que iba a hablar.
Pareció que iba a decirle la verdad.
Pareció que iba a dejarla entrar.
Pero no lo hizo.
Solo levantó la mano y le acomodó suavemente el cabello detrás de la oreja.
Un gesto antiguo.
Un gesto suyo.
Un gesto que dolió más que cualquier rechazo.
—Nada que tú debas cargar conmigo.
Himari sintió que el pecho se le apretaba.
Porque entendió exactamente lo que significaba.
Él no solo estaba sufriendo.
Estaba intentando sufrir solo.
El Inicio de la Soledad
Esa noche, Asahi volvió a salir.
El bosque estaba oscuro y húmedo, iluminado apenas por la luna entre las ramas.
Se detuvo frente a un pequeño charco de agua estancada.
Y ahí se vio reflejado.
Capucha negra.
Rostro más serio.
Cabello manchado de blanco.
Y cuando activó la técnica…
Sus ojos se volvieron rojo carmesí.
Se quedó mirando su reflejo durante varios segundos.
No parecía enfermo.
No parecía maldito.
Parecía algo peor.
Parecía alguien que estaba empezando a dejar de verse como humano.
Y aun así…
No se detuvo.
Porque una idea peligrosa ya había empezado a crecer dentro de él:
si quería proteger a quienes amaba… tal vez tendría que convertirse en algo que ya no se pareciera a ellos.
Y esa idea…
Fue el verdadero inicio de su caída.