Verónica creé tener una vida de ensueño; dueña de una empresa más importante de la cuidad, una fortuna inmensa y un bebé en camino. Pero de eso nada le sirvió al descubrir la infidelidad de su marido con su empleada. Después de sufrir una depresión, decidió acabar con su vida sin esperarse a que regresará antes de casarse con Andrés.
Se vengara de él con su peor enemigo. Un mafioso que tiene una obsesión con la protagonista.
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Capitulo 21: Distancia que es necesaria.
Dominic no respondió de inmediato.
Se quedó mirándola, procesando cada palabra sin interrumpirla, sin cambiar su postura, pero con una atención fuerte.
—¿Te estás escuchando?
Verónica no retrocedió.
—Perfectamente.
Dominic apoyó ambas manos sobre la mesa, inclinándose apenas hacia ella.
—Estás diciendo que te alejarías… para que todo vuelva a ser como antes.
Verónica sostuvo su mirada sin vacilar. Aunque su voz suena un poco preocupada.
—Estoy diciendo que si mi presencia altera el curso de las cosas de forma que no puedo prever, entonces se convierte en un riesgo innecesario.
Dominic soltó una leve exhalación.
—Para ti.
—Para ambos —corrigió ella.
El silencio no fue largo. Pero sí pesado.
Dominic se incorporó un poco más, ignorando la ligera molestia en el costado.
—No me interesa un escenario donde no estés.
Verónica frunció apenas el ceño.
—Esto no se trata de lo que te interesa.
—Claro que sí.
Verónica negó levemente.
—No, Dominic; esto se trata de lo que es inteligente hacer. Si dejamos a un lado esto, podrías vivir sin riesgo. Es la única prevención que tengo para tí.
Dominic la observó con más intensidad.
—Te quedaste —dijo—. Viniste hasta aquí sin que te lo pidiera, entraste como si este lugar fuera tuyo, te preocupaste por mí… y ahora me dices que lo más sensato es alejarte.
—No mezcles las cosas.
Dominic no bajó la voz.
—Tú las mezclaste cuando decidiste aparecer. Me ayudaste, de varías formas. Pero también la desordenaste. Ahora como hago para dejar de pensar en tí.
Dominic sostuvo su mirada unos segundos más. Verónica no sabía que más decir. Desvía la mirada por primera vez.
—Estás dentro de mi vida.— Continúo él—. No eres cualquiera mujer que conozco. Ese brillo que ví cuando hicimos el amor es lo que quiero seguir viendo. Verónica... ¿O no te importo?
—Vine precisamente por eso… —añadió por fin. Cómo si esa palabra hubiera causado algo en ella—. Porque sí me importas, y eso es lo que complica todo. Un tiempo... Solo vamos a darnos un tiempo alejados.
El silencio fue distinto esta vez. No incómodo. Pero sí más personal. Verónica lo sostuvo con la mirada, hasta que dió media vuelta directo a la puerta. Dominic no apartó la mirada de ella. Él quería decirle que:
“No te vayas"
Pero quería darle su espacio. Además que hicieron un trato. Solo por una noche se amarían, no más.
Los días comenzaron a ordenarse de una forma que desde fuera parecía normal, pero que en realidad el desequilibrio emocionalmente de Verónica crecía.
La oficina estaba en silencio cuando Verónica revisaba los últimos reportes del día; su atención estaba completamente enfocada, en los números, en los contratos, las proyecciones, todo encajaba como debía, como ella quería. O eso fingía sentir.
—Maldita sea. Tengo todo en mis manos... ¿por qué me siento así?—susurró para ella misma.
Hego entró sin tocar, como ya era costumbre.
—Sabía que seguirías aquí —dijo, cerrando la puerta detrás de él—. Todo el mundo ya se fue.
Verónica no levantó la vista de inmediato.
—Eso explica por qué tenía tanta paz —respondió.
Hego dejó un documento sobre el escritorio.
—Cerramos el trato con la firma extranjera —añadió—. Aceptaron tus condiciones sin cambiar una sola cláusula. Eres una bestia en los negocios.
Verónica asintió levemente.
—Le conviene tanto como a nosotros.
Hego la observó con una media sonrisa.
—Estás creciendo rápido, más de lo que muchos pueden tolerar; ya empezaron a preguntarme de dónde sacas tanta información.
Verónica cerró el archivo que tenía frente a ella. Y sonrió.
—Es normal. Lo único que pido es que no se metan en mi camino. Le hago un favor a la empresa y a mí.
Hego la miró con más atención.
—Hay algo más —dijo Hego—. Te han estado buscando varias veces.
Verónica lo miró.
—¿Quién?
Hego no necesitó pensar demasiado.
—Es un hombre importante y peligroso. No me gusta pronunciar su nombre.
Verónica se apoyó más en la espalda en la silla. Su expresión cambio significativamente.
—¿Y qué le dijiste?
—Que estabas ocupada —respondió Hego—. Lo cual no era mentira.
Luego que Hego se marchó. Verónica recibe una llamada. Suspiró no cansancio, sino preparándose para hablar. Había pasado muchos días sin comunicarse.
—Dominic... Lo prometimos.
—Lo sé. Y sé que estás ocupada. Aún así, me basta con escucharte. Yo... Estaré de viaje por uno meses. Tenías razón, ahora estoy en mi punto más alto en la mafia.
Verónica frunció los labios. Era lo mejor estar alejados de esta manera, a pesar de sentirse extraña. Él continúo.
—Pero nada de eso me importa.
—¿Que deseas exactamente?
—La pregunta ofende—se rió sin gracia— Pues a tí.
Verónica tomó un respiro. Creyó que con esta distancia podría sacarsela de la cabeza. Pero igual a ella, no podía.
—Hagamos algo. Cuando vuelva, me darás tu respuesta.
—¿Y cuál es la pregunta?
—Si puedo permanecer a tu lado.—se escuchó un silencio por el otro lado.— No tienes que darme respuesta ahora. Cómo te dije. Cuando regrese. Hasta luego, Verónica.
Antes de colgar. Ella se detuvo.
—¿Dominic?
—Dime.
—Cuidate. Si algo te pasa, no te podré dar mi respuesta. Se que no te gusta dejar las cosas lo incompletas.
Dominic se rió. Esta vez con calidez en su voz.
—Te prometo que estaré en una pieza cuando nos veamos.
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