Ella renace en otra época. Decidida a ser feliz y a no perder la sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Emily Nolan 1
Despertó con un leve sobresalto, el aire atrapado en su pecho como si aún estuviera cayendo. Sus ojos recorrieron lentamente el lugar… y esta vez lo comprendió mejor.
—…Nolan —susurró, apenas audible.
Las paredes eran distintas.. más sobrias, elegantes, con retratos antiguos que parecían observarlo todo en silencio. La cama era amplia, cubierta con telas finas, y el aroma en la habitación era delicado, como de flores secas y té.
La Mansión Nolan.
El nombre llegó a su mente como un eco… y con él, una sensación inquietante.
Intentó incorporarse, pero el cuerpo volvió a fallarle. El cansancio la arrastró otra vez, como una corriente inevitable, y sus párpados cayeron.
Y entonces… soñó.
No era un sueño cualquiera. Eran recuerdos.
Se vio a sí misma.. no, a ella.. frente a un espejo, observándose con una mirada crítica, casi cruel. Una joven de belleza delicada, piel pálida, ojos cansados que intentaban ocultar su debilidad bajo una apariencia impecable.
—No puedo comer eso —decía la voz de la joven con firmeza—. Engorda.
La escena cambió.
Platos servidos… intactos. Días enteros con apenas un sorbo de té. Sonrisas falsas en reuniones sociales mientras el cuerpo se debilitaba lentamente.
Y entonces lo entendió.
Emily Nolan.
Ese era su nombre ahora.
Una joven noble, sobrina de un duque influyente en el reino de Sunderland. Vivía bajo el prestigio de su familia, rodeada de lujos… pero atrapada en su propia vanidad. No comía lo suficiente, no cuidaba su salud, obsesionada con mantener una imagen perfecta.
El dolor, el mareo, la debilidad… no eran un misterio.
Eran consecuencias.
Las imágenes siguieron.
Su tío, siempre distante pero correcto. La mansión, llena de reglas y expectativas. Y su primo… ausente, fuera del reino por negocios.
Luego, el ambiente cambió.
El aire se volvió pesado.
Un salón lleno de nobles. Miradas tensas. Susurros.
Y frente a ella… El duque Moriarty.
Alto, imponente, con una presencia que helaba la sangre. Sus ojos eran fríos, calculadores, como si cada palabra que escuchara fuera evaluada antes de decidir si valía la pena responder.
Y Emily… habló.
Orgullosa. Altiva. Imprudente.
No midió sus palabras. No entendió el peso de su nombre… ni el del hombre frente a ella.
El silencio que siguió fue devastador.
Las miradas cambiaron. El respeto desapareció. La caída comenzó en ese instante.
Las escenas se volvieron más oscuras.
Rumores. Rechazo. Puertas cerrándose. Invitaciones que dejaban de llegar. La familia distanciándose para proteger su reputación.
Y finalmente… Soledad.
Humillación.
Un final frío, olvidado, sin nadie a su lado.
Emily.. no, ella despertó de golpe, respirando con dificultad.
Sus manos temblaban sobre las sábanas.
—Ese… es mi futuro… —murmuró, con la voz quebrada.
Pero no.
No tenía por qué serlo.
Esa vida… ese final… pertenecían a una Emily que ya no existía.
Se quedó en silencio unos segundos, procesando todo.
Primero.. su cuerpo estaba débil porque apenas se alimentaba.
Segundo.. su posición social era frágil, sostenida solo por su apellido.
Tercero.. había un error clave que no podía repetir.
El duque Moriarty.
Una figura peligrosa. No alguien a quien provocar por orgullo vacío.
Cerró los ojos, esta vez con calma.
—Bien… —susurró, con una determinación nueva—. Entonces empezaré por lo básico.
Comer.
Cuidar su salud.
Y, sobre todo… pensar antes de hablar.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, tenue pero firme.
Porque si el destino le había dado otra oportunidad, no iba a desperdiciarla por vanidad… ni por estupidez.
Esta vez, Emily Nolan no terminaría sola.
hermosa novela
ame a Fred