Dos salones, un pasillo y un futuro que está a punto de cambiar.
Valeria es la definición de la perfección académica en el 3º A. Con sus apuntes organizados por colores y la mirada fija en su título profesional, no tiene tiempo para distracciones. Para ella, la Escuela Normal es un peldaño más hacia el éxito, un lugar donde cada minuto debe ser aprovechado.
Al otro lado de la pared, en el 3º B, vive Julián. Él no busca las mejores notas, sino los mejores momentos. Relajado, carismático y con la habilidad de encontrar belleza en el caos, Julián cree que la vida sucede en los descansos, no en los libros.
Cuando un choque accidental en el pasillo cruza sus mundos, se desencadena una reacción en cadena que ninguno de los dos puede controlar. Lo que empieza como una curiosidad incómoda se transforma en una serie de encuentros robados bajo la sombra de los almendros y susurros en la biblioteca. Sin embargo, el camino no será fácil: las expectativas sociales, la presión de la graduación y la
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Capítulo 19: El Ritmo de la Anticipación
Capítulo 19: El Ritmo de la Anticipación
El lunes por la mañana, la Escuela Normal se sentía diferente. Las banderas del festival aún colgaban de algunos balcones, balanceándose con la brisa marina, pero el bullicio de las competencias había sido reemplazado por un murmullo más suave y expectante: los preparativos para el baile de clausura. Valeria caminaba por el pasillo central, y por primera vez, no sentía que las paredes la asfixiaran. Incluso el examen de Geología que tenía a primera hora le parecía un reto estimulante en lugar de una carga pesada.
—¡Valeria! ¡Espera! —la voz de Sofía resonó por el corredor.
Sofía llegó corriendo, con una revista de moda y su cámara digital en mano. Tenía una energía renovada, y Valeria notó que llevaba un brillo especial en los ojos.
—Tienes que ayudarme. Mateo me pidió oficialmente que fuera su pareja para el baile, y ahora Daniel y El Chino insisten en que debemos ir todos en grupo. Dicen que es una "formación táctica de amistad".
Valeria sonrió, acomodándose los lentes.
—Me parece una idea lógica, Sofía. Daniel necesita apoyo moral para no tropezar con sus propios pies, y El Chino... bueno, alguien tiene que vigilar que no se coma todo el buffet antes de que empiece la música.
—Exacto —rio Sofía—. Pero lo más importante: ¿qué te vas a poner tú? Julián me preguntó discretamente cuál era tu color favorito. Creo que está planeando algo que combine con tu vestido.
Esa simple frase hizo que el corazón de Valeria diera un vuelco. La idea de Julián esforzándose por un detalle tan sutil como el color de un traje la hacía sentir una calidez que ninguna reacción química podría explicar.
En el salón de clases, el ambiente era inusualmente relajado. El profesor Martínez, contagiado por el éxito del festival, decidió que los primeros quince minutos de la clase serían para discutir los resultados deportivos antes de entrar en materia de rocas y minerales.
—Fue un gran fin de semana para la institución —dijo el profesor, mirando a Valeria con un gesto de aprobación—. La organización fue impecable. Gracias, señorita Valeria, por su rigor.
Desde el fondo, El Chino levantó la mano con entusiasmo.
—¡Y gracias a mis pantorrillas, profesor! No olvide que el despliegue físico también fue clave para la moral colectiva.
Todo el salón estalló en carcajadas. Daniel, sentado al lado del Chino, intentaba esconderse detrás de su libro de texto, aunque no podía evitar sonreír. Incluso Lucas y Camila, que estaban sentados unas filas más allá, se unieron a la risa. La tensión de semanas anteriores se había disuelto en una normalidad adolescente mucho más sana.
Al terminar la clase, el grupo se reunió en su lugar habitual bajo el árbol de mango. Julián ya estaba allí, sentado en la raíz más alta, terminando un dibujo. Al ver llegar a Valeria, cerró el cuaderno con rapidez, pero le dedicó esa sonrisa que siempre lograba que ella olvidara cómo hablar.
—Hola, capitana —dijo Julián, saltando al suelo con agilidad—. ¿Cómo estuvo el examen?
—Fácil —respondió ella, intentando sonar casual—. Aunque admito que me costó concentrarme pensando en los pasos de baile que El Chino jura que me va a enseñar.
—¡Son pasos de vanguardia, Val! —exclamó El Chino, que llegaba con Daniel y Mateo—. He estado practicando el "giro del ventilador". Daniel dice que es físicamente imposible, pero yo digo que solo me falta práctica y menos fricción en los zapatos.
—Es físicamente imposible porque el centro de gravedad no se sostiene, Chino —replicó Daniel, ajustándose los lentes con autoridad académica—. Vas a terminar derribando la torre de sonido.
Valkra apareció caminando desde el estacionamiento, con su paso pesado y su chaqueta de cuero. Al acercarse al grupo, se detuvo y cruzó los brazos. Su presencia seguía siendo imponente, pero ya no inspiraba miedo, sino una seguridad reconfortante.
—Escuché que están planeando un desastre para el viernes —dijo Valkra, mirando directamente a Julián—. Espero que se comporten. Estaré cerca de la entrada, asegurándome de que nadie de fuera venga a arruinarles la noche.
—Gracias, Valkra —dijo Julián seriamente—. Significa mucho.
—Solo no dejes que el tipo de la banda en la cabeza —señaló al Chino— se acerque demasiado a la ponchera. No quiero tener que cargar a nadie hasta su casa.
El resto de la tarde transcurrió entre risas y planes. Mateo y Sofía se apartaron un poco para hablar de sus cosas, mientras Daniel intentaba explicarle a Valeria cómo funcionaba el sistema de luces que habían alquilado para el baile. El Chino seguía haciendo demostraciones de su baile "imposible", mientras que Julián y Valeria simplemente disfrutaban de estar sentados el uno al lado del otro, viendo cómo el sol de la tarde empezaba a bajar.
—Val —dijo Julián en un momento en que los demás estaban distraídos—, he estado pensando. Después del baile, el año se va a terminar muy rápido.
Valeria asintió, sintiendo una pequeña punzada de nostalgia.
—Lo sé. Cada uno tomará su camino. Tú con tu arte, yo con mi carrera...
Julián le tomó la mano, entrelazando sus dedos con los de ella.
—Los caminos pueden cruzarse más de una vez, Valeria. No hace falta una ecuación para saber que esto no termina con el último timbre de la escuela.
Valeria lo miró y, por primera vez, no buscó una respuesta lógica. Simplemente apretó su mano y se apoyó en su hombro. La Escuela Normal seguía allí, con sus reglas y sus exámenes, pero ellos ya habían aprendido la lección más importante: que el presente, con sus amigos locos y sus amores inesperados, era el único experimento que valía la pena vivir al máximo.
El Capítulo 19 cerraba con el grupo de amigos planeando sus trajes y sus sueños, mientras el eco de una música lejana empezaba a ensayar para la noche del viernes. La novela romántica estaba en su punto más dulce, y el baile de clausura prometía ser el escenario donde todas las palabras que faltaban por decir, finalmente encontrarían su ritmo.