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Destellos De Traición

Destellos De Traición

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Reencuentro / Venganza
Popularitas:8.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Abigail ha pasado años tallando la vida perfecta: una carrera prestigiosa como diseñadora de joyas de alta gama y un matrimonio que creía inquebrantable con Julián. Sin embargo, la perfección se astilla cuando descubre que su esposo y Mónica, su mejor amiga y socia, no solo mantienen un romance clandestino, sino que han estado conspirando para robar sus diseños y dejarla en la quiebra.
​En medio del colapso de su mundo, reaparece Sebastián, un antiguo amor de la juventud que ahora es un magnate de la industria minera de gemas. Mientras Abigail planea su venganza —una tan fría y elegante como un diamante—, deberá decidir si permite que el fuego del pasado con Sebastián purifique su corazón o si las heridas de la traición la han vuelto tan dura e impenetrable como la piedra que diseña

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 09

​La oficina nunca se había sentido tan pequeña. El aire, saturado por el aroma del café de Julián y el perfume floral de Mónica, le resultaba a Abigail casi asfixiante. Sin embargo, se movía por el espacio con una naturalidad que le sorprendía incluso a ella misma. La traición, cuando es absoluta, tiene un efecto secundario inesperado: otorga una claridad gélida.

​Abigail no estalló. No hubo gritos, ni papeles volando por los aires, ni la satisfacción catártica de una bofetada. En lugar de eso, se sentó frente a su monitor, revisando los bocetos de la nueva colección de alta costura, mientras sentía la mirada de Julián sobre su nuca.

​—¿Todo bien, Abby? Estás muy callada hoy —dijo él, acercándose con esa falsa solicitud que ahora le revolvía el estómago.

​Abigail forzó una sonrisa, esa que había ensayado frente al espejo del baño durante veinte minutos esa mañana. Una sonrisa que no llegaba a los ojos, pero que era suficiente para alguien tan cegado por su propia ambición como Julián.

​—Solo un poco de migraña, nada grave. Estoy concentrada en las texturas de la seda salvaje. Queremos que esta colección sea inolvidable, ¿verdad?

​—Inolvidable —repitió Mónica desde el otro extremo de la mesa, con una chispa de ironía que Abigail detectó de inmediato.

​Abigail asintió y volvió a su trabajo. Bajo la mesa, sus manos temblaban ligeramente, pero su mente estaba en otro lugar. Ya no estaba diseñando vestidos; estaba diseñando una trampa.

​Dos días después, en un café oscuro lejos del distrito de la moda, Abigail se reunió con Elías Thorne. No era el tipo de investigador privado que aparece en las películas; no usaba gabardina ni fumaba sin parar. Era un hombre de mediana edad con una apariencia tan ordinaria que resultaba invisible. Eso era exactamente lo que ella necesitaba.

​—No quiero solo fotos de ellos entrando a hoteles —dijo Abigail, empujando un sobre con el anticipo sobre la mesa de madera—. Quiero sus movimientos digitales. Quiero saber con quién hablan cuando creen que nadie escucha.

​Thorne tomó el sobre y la miró con una mezcla de lástima y respeto profesional.

—¿Está segura de que quiere saberlo todo, Sra. Sterling? A veces el "cómo" duele más que el "qué".

​—Lo que duele es ser una espectadora en mi propia ruina —respondió ella con firmeza—. Proceda.

​Las semanas siguientes fueron un ejercicio de resistencia emocional. Abigail continuó cenando con Julián, permitiendo que él la besara en la mejilla al llegar a casa, escuchando sus mentiras sobre "reuniones tardías con proveedores". En la oficina, compartía almuerzos con Mónica, discutiendo paletas de colores y cortes asimétricos, mientras sabía que cada palabra que salía de la boca de su asistente era una capa más de engaño.

​El sentimiento predominante no era ya la tristeza, sino una indignación silenciosa. Se sentía como si estuviera observando una obra de teatro desde el backstage, viendo cómo los actores se preparaban para apuñalarla mientras ella sostenía el guion.

​La llamada de Thorne llegó un jueves a las dos de la mañana. Abigail se encerró en el baño, abriendo el grifo para que el ruido del agua ocultara su voz.

​—Tengo los correos y las grabaciones —dijo Thorne—. No solo es una aventura, Sra. Sterling. Es un traspaso de activos.

Abigaíl recibió el informe digital en su tableta. Sus dedos se deslizaron por la pantalla, iluminando la oscuridad del baño. Allí estaba:

carpetas compartidas en la nube tituladas "Proyecto Fénix". Julián y Mónica no solo estaban robando sus diseños actuales; estaban vendiendo la propiedad intelectual de su técnica de bordado patentada a una firma extranjera llamada L'Eclat, un gigante textil con sede en Lyon conocido por absorber pequeñas casas de moda y desmantelarlas.

​La traición tenía un precio: cinco millones de euros y una posición directiva para ambos en la nueva sucursal que la firma abriría en Nueva York.

​Lo que más le dolió no fue la cifra, sino los detalles técnicos. Julián había compartido notas personales de Abigail sobre las debilidades de sus contratos, los puntos ciegos de su seguro y, lo más imperdonable, los bocetos que ella había dedicado a la memoria de su madre. Eran piezas que nunca habían salido a la luz, su "tesoro privado".

​Mónica, por su parte, había estado enviando fotos de los patrones originales de Abigail, anotando cómo simplificarlos para la producción en masa, destruyendo el alma artesanal de la marca para hacerla "más rentable" para los compradores extranjeros.

​Al salir del baño, Abigail vio a Julián durmiendo plácidamente. Durante años, ese hombre había sido su ancla. Ahora, era solo un parásito que se alimentaba de su talento.

​Sintió una oleada de náuseas, seguida de una calma absoluta. El miedo se había evaporado. Ya no se preguntaba qué había hecho mal para que la traicionaran. Comprendió que la ambición de ellos no tenía nada que ver con sus carencias, sino con el vacío moral de ellos.

​Cerró la tableta. No los confrontaría hoy, ni mañana. Esperaría al evento de lanzamiento de la colección de invierno, el momento en que ellos creían que cerrarían el trato con los emisarios de L'Eclat.

​Abigail pasó el resto de la noche en su estudio personal, el único lugar de la casa donde Julián no tenía acceso permitido. Empezó a trazar un nuevo mapa. Si ellos querían vender sus diseños, ella les daría algo que vender, pero no sería lo que ellos esperaban.

Transferir legalmente los derechos de autor más valiosos a una sociedad holding a nombre de su hermana, fuera del alcance del patrimonio conyugal.

Alimentar a Thorne con más fondos para asegurar que los correos llegaran a las autoridades fiscales en el momento justo.

​ Abigail se miró al espejo. Las ojeras eran profundas, pero sus ojos brillaban con un fuego que Julián nunca había visto. La vigilancia había terminado; la cacería acababa de empezar.

​ El robo de los diseños dedicados a su madre, lo que elimina cualquier rastro de piedad en ella.

Abigail pasa de ser la víctima vigilada a ser la estratega que controla el tablero.

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Marjorie Pogo
Esta super entretenida.... Es lindo ver como uno no se deja vencer por malas personas en las que uno confío eso a uno lo vuelve más fuerte☺️..... Quiero seguir leyendo hasta el final... Actualicenla pronto 🤭🥰
Ana Leidi Reinosolappot
👏☺️
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