Valentina creyó haberlo dado todo. Años de amor, de entrega, de familia y de sostener una vida que sin darse cuenta ya estaba quebrada.
Hasta que una noche, sin aviso, todo termino. Lo que siguió no fue una separación... fue un descenso al vacío. Entre el dolor, soledad y la reconstrucción de si misma, aparece Santiago... Un encuentro inesperado que despierta en ella emociones que creia muertas. Pero no todo lo que se enciende... sana, no todo lo que llega... permanece.
Esta es la historia de una mujer que tuvo que perdió a si misma, para finalmente reencontrarse.
"A veces, para volver a vivir... hay que aprender a soltarse"
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capítulo 21
Después de todo lo que habíamos construido… el silencio llegó sin aviso.
Un día estaba.
Y al otro… no.
Le escribía.
Esperaba.
Miraba el teléfono como si en cualquier momento fuera a aparecer su nombre en la pantalla.
Pero no.
Nada.
Y en ese vacío… la cabeza empieza a jugar en contra.
“¿Qué hice mal?”
“¿En qué fallé?”
“¿Por qué se fue?”
Me repetía mil veces las conversaciones, los momentos, cada detalle… buscando una respuesta que no llegaba.
Y dolía.
Porque no era solo la ausencia.
Era no entender.
Era quedarse con todo abierto.
Con todo inconcluso.
Pasaron los días.
Después semanas.
Y el tiempo empezó a pesar distinto.
Más frío.
Más real.
Yo seguía con mi vida… o al menos lo intentaba.
Pero había algo en mí que seguía ahí.
Esperando.
Aunque no quisiera admitirlo.
Hasta que un día…
cuando ya casi me había convencido de que no iba a volver…
apareció.
Un simple mensaje.
“Hola.”
Y todo en mí…
volvió a latir.
Lo miré.
Una y otra vez.
Como si no fuera real.
Como si al tocarlo fuera a desaparecer.
Pero no.
Estaba ahí.
Le respondí.
Sin pensar demasiado.
Y su respuesta llegó.
—Tengo que pedirte perdón…
Leí en silencio.
—Por haberme alejado.
Sentí el pecho apretarse.
—Estuve muy mal… muy enfermo. Con mucho tratamiento.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—Te extraño.
Tragué saliva.
—Sé que debí haberte contestado… pero no podía.
Cada palabra caía distinto.
—Estaba pasando por muchos problemas de salud… se me complicó todo.
Hizo una pausa.
O al menos… así se sintió.
—Sé que no es excusa.
Respiré hondo.
—Y no sé cuántas veces voy a pedirte perdón por lo que te hice…
Mis manos temblaban.
—Porque sé… que todo ese tiempo me esperaste.
Y ahí…
entendí algo.
No todo silencio es abandono.
No toda ausencia es olvido.
Pero eso… no quita el dolor de haber estado ahí…
Esperando.
Terminaba mi jornada de trabajo y me iba de paseo con Elizabeth y Massimo, estaban conmigo ellos sabían todo.
Meli nos acompañaba, en varias ocasiones nos juntábamos con Luciano e íbamos a cenar o algún viaje de fin de semana.
— En qué piensas? — preguntó Luciano y le sonreí soltando un suspiro .
—Estoy cansada nada más —negaba que supieran mi realidad, nadie sabía de Santiago solo eramos el y yo...
—Mmm bueno espero que sea eso y no de tu corazón
Sonreí después salí a caminar a la orilla del mar, me senté allí, lo extrañaba ...
Y en medio de todo eso… llegó su verdad.
—No quería que me veas en ese estado —me escribió.
Sentí cómo algo en mi pecho se aflojaba… pero a la vez dolía.
—La estaba pasando muy mal. De un momento a otro terminaba en emergencia… en el hospital.
Leí lento.
Como si cada palabra pesara.
—Me hicieron muchos estudios del corazón… y ahora estoy en tratamiento.
Cerré los ojos un segundo.
Imaginándolo.
Solo.
Pasándola mal.
Y yo… del otro lado, sin saber nada.
—No fue fácil —continuó—. Pero tengo que decirte algo…
Mi corazón empezó a latir más fuerte.
—Te extrañé tanto.
Y ahí…
todo volvió.
—Extraño mi lugar favorito…
Tragué saliva.
—Tu risa.
—Tu mirada.
—Tu voz.
—Tus manos.
Las lágrimas cayeron sin darme cuenta.
—Extraño no poder verte a los ojos…
Hice una pausa.
Respiré.
—Y decirte lo que estoy sintiendo ahora.
Y entendí…
que aunque el tiempo había pasado…
lo que había entre nosotros…
no se había ido.
Solo había estado esperando… en silencio.
Santiago
Pensé mucho antes de escribirle.
Demasiado.
Tenía el teléfono en la mano, abría el chat… y lo volvía a cerrar.
Porque sabía que no era un mensaje más.
Habían pasado tres meses y medio.
Tres meses y medio sin verla.
Sin saber de ella.
Sin escuchar su voz.
Sin ese lugar donde, sin darme cuenta, había aprendido a estar bien.
Y no fue porque quise desaparecer.
Fue porque no podía sostener nada.
Ni siquiera a mí.
Ese tiempo… fue una lucha.
Una de esas que no se ven.
Hospitales.
Estudios.
Resultados que no decían nada.
Y después… más estudios.
Más incertidumbre.
Hasta que finalmente entendieron.
Era mi corazón.
Mi propio corazón… que no estaba funcionando bien.
Así de simple.
Así de brutal.
Ahora estoy en tratamiento.
Aprendiendo a vivir distinto.
A ir más lento.
A escuchar el cuerpo.
A aceptar que hay cosas que no controlo.
Y hay preguntas que no se van.
¿Cuánto tiempo me queda?
¿Voy a poder seguir con mi vida normal?
¿Voy a volver a ser el mismo?
No lo sé.
Y eso… pesa.
Pero también…
me cambió.
Porque después de pasar por todo eso…
entendí algo.
Que no puedo seguir viviendo a medias.
Que no puedo seguir dejando para después.
Que no puedo dar por sentado lo que siento.
Hoy sé que quiero disfrutar.
De mi trabajo.
De las personas que tengo cerca.
De mis viejos.
De una charla.
De una risa.
De un momento simple.
Quiero vivir tranquilo.
Pero de verdad.
Hasta el día que no pueda respirar.
Y en medio de todo eso…
apareció ella.
Otra vez.
O mejor dicho…
nunca se fue.
Porque en los peores días…
cuando todo se hacía cuesta arriba…
cuando el miedo me ganaba…
pensaba en ella.
En su forma de hablar.
En su risa.
En esa paz que me daba sin saberlo.
Y ahí entendí algo más.
Que si había alguien a quien quería volver a ver…
era a Valentina.
Aunque no supiera cómo.
Aunque no supiera si iba a responder.
Aunque no supiera si todavía había algo.
Pero esta vez…
no quería quedarme con la duda.
Porque después de todo lo que viví…
hay algo que tengo claro.
Lo que se siente de verdad…
no se deja ir así como si nada.
Y en medio de todo eso… llegó su verdad.
—No quería que me veas en ese estado —me escribió.
Sentí cómo algo en mi pecho se aflojaba… pero a la vez dolía.
—La estaba pasando muy mal. De un momento a otro terminaba en emergencia… en el hospital.
Leí lento.
Como si cada palabra pesara.
—Me hicieron muchos estudios del corazón… y ahora estoy en tratamiento.
Cerré los ojos un segundo.
Imaginándolo.
Solo.
Pasándola mal.
Y yo… del otro lado, sin saber nada.
—No fue fácil —continuó—. Pero tengo que decirte algo…
Mi corazón empezó a latir más fuerte.
—Te extrañé tanto.
Y ahí…
todo volvió.
—Extraño mi lugar favorito…
Tragué saliva.
—Tu risa.
—Tu mirada.
—Tu voz.
—Tus manos.
Las lágrimas cayeron sin darme cuenta.
—Extraño no poder verte a los ojos…
Hice una pausa.
Respiré.
—Y decirte lo que estoy sintiendo ahora.
Y entendí…
que aunque el tiempo había pasado…
lo que había entre nosotros…
no se había ido.
Solo había estado esperando… en silencio.
siento que eso es lo peor que una mujer le puede pasar pensar que es hasta que lleguemos a viejitos los dos..y resulta que nada es para siempre sin saber que duele excelente inicio