Me llamo Araceli Durango, y toda mi vida me han señalado como la mala del cuento.
La manipuladora.
La egoísta.
La que destruye todo lo que toca.
Y quizá tengan razón.
No nací siendo un monstruo…
Pero cuando te enseñan desde pequeña que el mundo solo respeta a los fuertes, aprendes rápido a ocultar tus heridas detrás de una sonrisa afilada. A empujar primero antes de que te empujen. A tomar lo que quieres, incluso cuando no deberías.
Durante años construí mi reputación:
la mujer que nadie podía engañar, la que siempre ganaba, la que controlaba cada pieza del tablero.
Todo iba bien… hasta que Yubitza Sandoval regresó a mi vida.
La chica que una vez llamé amiga.
La única que vio mi vulnerabilidad.
La que, sin saberlo, presenció el día en que dejé de ser víctima y me convertí en la villana que todos temen.
Ahora, Yubitza aparece con una sonrisa que me hiere más que cualquier golpe del pasado, dispuesta a demostrar que no soy tan invencible como aparento. Su regreso reabre las puertas
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El día que aprendí a manipular
Ver a mi madre en esa pose de diva absoluta, rodeada de halagos y copas alzadas, me provocó algo más que hastío, me provocó un recuerdo.
No fue inmediato, llegó como llegan las verdades incómodas, despacio, arrastrándose desde un rincón oscuro de la memoria, hasta que ya no puedes ignorarlas. Carola Videla sonreía para la alta sociedad, segura de que todos la observaban con admiración, exactamente igual que aquella vez, exactamente con el mismo gesto.
Y entonces volví a tener ocho años, no seis, ocho, porque a los seis aprendí que el amor podía ser falso, pero a los ocho aprendí algo mucho más peligroso, que podía fingirlo yo también.
La única persona que me había demostrado cariño sincero en esa casa fue mi niñera, Shirley Suarez, no era elegante ni refinada, no hablaba con palabras rebuscadas ni tenía vestidos caros. Pero me miraba como si yo importara, como si no fuera un instrumento, ni una inversión, ni un apellido en construcción.
Shirley me abrazaba sin pedir nada a cambio, y eso, en mi mundo, era una anomalía.
Recuerdo su olor a jabón neutro y café, sus manos ásperas pero cálidas, la forma en que me defendía cuando mi madre fruncía el ceño por cualquier mínima “falta”.
—Es solo una niña —decía Shirley—. Déjela ser.—
Mi madre la odiaba por eso, no abiertamente, Carola nunca odia de frente, la despreciaba en silencio, con miradas largas y comentarios envenenados.
—No la malcríes —le advertía—. No quiero debilidades en esta casa.—
Yo escuchaba, siempre escuchaba.
A los ocho años ya no era ingenua, ya no esperaba que mi madre me mirara con amor ni que mi padre dejara de ceder, ya había entendido la dinámica y, lo más importante, había entendido quién tenía poder… y por qué.
Ese día ocurrió algo aparentemente insignificante.
Mi madre había organizado una cena importante, de esas en las que nada podía salir mal, yo debía bajar impecable, callada, sonriendo cuando me lo indicaran, Shirley me ayudaba a vestir, me ajustaba el vestido con cuidado, como si yo fuera frágil.
—Estás preciosa —me dijo, sincera—. Tu mamá debería decírtelo más seguido.—
Sentí algo extraño en el pecho, una mezcla de ternura… y alerta, porque por primera vez pensé algo que me heló la sangre...ella me quiere y quien te quiere… puede ser usado.
No lo hice de inmediato, no soy impulsiva, nunca lo fui, observé durante semanas, noté cómo Shirley reaccionaba cuando yo parecía triste. Cómo se apresuraba a complacerme, cómo se enfurecía, en silencio, cada vez que Carola me ignoraba.
Un día, fingí llorar...
No fue difícil, había llorado de verdad tantas veces que el gesto me salió natural, me encerré en el baño, dejé que Shirley me encontrara con los ojos rojos y los labios temblando.
—¿Qué pasa, mi niña? —preguntó alarmada.
—Mamá… —susurré—. Mamá dijo que soy un estorbo.—
No era exactamente una mentira, solo una adaptación, Shirley se indignó.
—Eso no es verdad —dijo, abrazándome—. Tú no eres ningún estorbo.—
Y ahí lo sentí, ese calor, ese control sutil.
—Quiero quedarme contigo hoy —dije—. No quiero bajar a la cena.—
—No puedes —respondió con suavidad—. Tu madre…—
—Por favor —la interrumpí—. Solo hoy, me siento mal.—
La vi dudar y su duda fue mi confirmación.
—Está bien —cedió—. Yo diré que te duele la cabeza.—
Esa fue la primera vez que obtuve algo fingiendo y me gustó, no por la comodidad de quedarme en mi habitación, sino por la sensación. Por ese descubrimiento íntimo y aterrador, podía mover a las personas si sabía qué tocar.
Después vinieron cosas más pequeñas, un postre extra, un juguete que mi madre había prohibido, una excusa para no asistir a eventos que me incomodaban, Shirley siempre encontraba la manera de protegerme.
Y yo aprendía, aprendía a modular la voz, a medir las lágrimas, a decir lo justo.
Nunca abusé demasiado, instintivamente sabía que si pedía todo, lo perdería, la manipulación no funciona con exceso, funciona con equilibrio.
Una noche, escuché a mi madre discutir con Shirley
—Está demasiado apegada a usted —dijo Carola, fría—. No es su función.—
—Solo la cuido —respondió Shirley—. Es una niña sola.—
Carola rió.—No dramatice, mi hija no necesita afecto, necesita carácter. y tiene todo lo que el dinero puede comprar.—
Yo estaba detrás de la puerta, escuchando, analizando.
Al día siguiente, fingí estar enferma, muy enferma, lo suficiente para que Shirley se quedara conmigo todo el día, cuando mi madre subió a verme, Shirley no se movió de mi lado, me acariciaba el cabello, me defendía con la mirada.
Carola me observó largo rato y sonrió, esa sonrisa fue distinta, peligrosa.
—Shirley—dijo—, necesito hablar con usted.—
Nunca volvió, me dijeron que había sido despedida por “excederse en sus funciones”, que no entendía su lugar, que me hacía débil, yo no lloré delante de nadie, no grité, no reclamé.
Esa noche, sola en mi cama, entendí la lección final, el cariño sincero no protege, el apego es una debilidad, y manipular… manipular te da control, no sentí culpa, sentí claridad.
Yo había movido una pieza, no había previsto todas las consecuencias, pero había comprobado algo esencial, tenía poder y el poder, una vez descubierto, es adictivo.
Desde entonces dejé de buscar amor, empecé a buscar resultados.
Miré de nuevo a mi madre, en el presente, brillando como la reina indiscutida de la velada, comprendí algo con una lucidez casi cruel, Carola Videla no me había convertido en esto a pesar de sí misma.
Lo había hecho sin querer, ella me enseñó que las emociones son herramientas, que las personas son medios, que el fin justifica cualquier gesto, la diferencia entre nosotras es simple, ella manipula para ser admirada, yo manipulo para no volver a ser vulnerable.
Ese día, con ocho años, perdí lo último que me quedaba de ingenuidad y gané algo que jamás volvería a soltar, la certeza de que, si sabía tocar el punto correcto, podía obtener todo lo que quisiera.
Y me gustó, no porque fuera cruel, sino porque por primera vez en mi vida…nadie me estaba usando a mí.
además de que fortuna habla si ella no tiene dendo caerse muerta será la fortuna de La familia de Elias y eso dudo que los padres del permitan eso y menos la acepten a ella y a esa niña ya que para ellos su único nieto es Máximo y su único heredero y ellos no creo que caigan en la manipulación de una niña en cambio Elias yo creo que si ya que su hijo no la ve como padre más bien como un extraño así que este si caerá en la trampa de Yubitza
lastima que esta mujer use asu hija y le enseño de pequeña a manipular solo la usa como una herramienta para subir de estrato y habría camino
a diferencia de Aracelis ella no utiliza a su hijo ni lo obliga a estar con su padre ella solo deja que su hijo sea feliz y tenga una vida normal como un niño mientras ella lo protege y además no solo tiene a la mamá si a los abuelos maternos y paternos que lo quieren y a un padrino que lo quiere lo protege y es capaz de hacer cualquier cosa por el incluso destruir a quellos qué quieran acelerar daño o a destruir su paz
así que Yubitza no la tendrá fácil y espero que Aracelis no caiga en su trampa y mas bien le haga creer a la Yubitza que sus planes están saliendo bien y ojalá ella descubra que en su casa hay una espía una traicionera que se vendio
que no es la persona que el cree solo espero Araceli no caiga en sus juegos si ella no necesito a Elías en el momento que debía ser no lo necesitará ahora
solo espero sea correspondido por Araceli
que se vaya con su gran amor y será la peor Araceli ahora tiene algo que proteger y no dejar que sea Tratado como a ella la trataron