Renace en la novela que estaba leyendo.. el día de la boda con el conde mudo.. Pero ella cambiará su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico*
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Cumpleaños de Vanessa
Antes de salir hacia la fiesta, Emma se detuvo frente a Daniel en la habitación.
Él estaba ajustando los gemelos de su camisa frente al espejo cuando ella preguntó con naturalidad..
—¿Qué color usarás esta noche?
Daniel tomó su pequeña libreta del escritorio y escribió con trazos firmes..
“Verde y dorado.”
Emma sonrió de inmediato.
—Bien. Como los colores de la casa Devlin.. Entonces elegiré algo similar. Iremos a juego.
Daniel levantó la vista y asintió con una leve inclinación de cabeza.
No escribio nada.. pero su mirada se suavizó apenas.
Cuando ambos estuvieron listos y se encontraron en el salón principal, Daniel se detuvo.
Emma descendía las escaleras con paso elegante, el vestido verde ceñido marcando su silueta con sobriedad y fuerza. Los detalles dorados bordaban el corsé y el borde de la falda con discreta riqueza. Incluso llevaba un pequeño adorno dorado en el cabello, sutilmente similar al broche que Daniel usaba en la solapa.
No era un atuendo escandaloso.
Era impecable.
Armonioso.
Emma notó su sorpresa y alzó una ceja divertida.
—¿No combinamos bien?
Daniel sostuvo su mirada unos segundos más de lo habitual… y asintió.
Los gemelos Devlin, en cambio, habían decidido no asistir.
—No nos simpatiza Vanessa —había dicho Damian sin rodeos.
—Y sospechamos que intentarán obligarnos a bailar con ella —añadió David con evidente fastidio.
Emma había reído, comprendiendo perfectamente su lógica.
Así que solo Daniel y ella partieron hacia la mansión Collins.
Al llegar, la fiesta ya estaba en pleno movimiento. Las flores amarillas dominaban cada rincón, iluminadas por candelabros y faroles.
Y en el centro del salón, como si formara parte del decorado, estaba Vanessa.
Vestía un vestido amarillo brillante, con capas de tul y bordados que imitaban pétalos. Desde lejos parecía envuelta en el mismo color que adornaba la casa.
Emma la observó un instante antes de acercarse.
—Wow, prima.. Pareces una flor.
Vanessa sonrió, complacida por lo que creyó era un halago.
Emma inclinó ligeramente la cabeza, fingiendo analizar el conjunto.
—Ahora no sé dónde empieza tu vestido y dónde terminan las flores.. Te ves muy… grande. Pero si a ti te gusta, está bien.. ademas no se usa hablar de cuerpos ajenos..
El silencio alrededor fue inmediato.
La sonrisa de Vanessa se congeló.
Sus manos se tensaron sobre la falda amarilla.
Iba a responder.. pero el tío Collins, que observaba desde un lado del salón, le lanzó una mirada fulminante.
Una advertencia silenciosa.
Vanessa cerró la boca.
Forzó una sonrisa.
Emma, impecable en verde y dorado junto a Daniel, parecía no haber dicho nada ofensivo en absoluto.
Pero el contraste era evidente.
Vanessa estaba vestida como parte de la decoración.
Emma estaba vestida como una Devlin.
El tío Collins se recompuso con rapidez tras el pequeño incidente y se acercó a Daniel y Emma con una sonrisa amplia, casi ansiosa.
—Queridos, qué alegría que hayan.. Esta fiesta podría ser una muestra de…
—Claro que lo es..
Giró ligeramente hacia Daniel, tomando su brazo con elegancia.
—Esposo, esta fiesta es una muestra del estatus de la familia Collins.. Ellos gastaron una fortuna solo en un cumpleaños para Vanessa.
Algunos invitados comenzaron a prestar atención.
Emma recorrió el salón con la mirada.. las guirnaldas florales, los candelabros importados, la orquesta contratada, la mesa de postres desbordante.
—Se nota que están muy bien económicamente.. Quizás pronto empiecen a pagar lo que le adeudan a la casa Devlin.
El tío Collins palideció de inmediato.
Daniel dirigió la mirada hacia las decoraciones con atención deliberada. Luego asintió lentamente.
Ese gesto silencioso fue más devastador que cualquier palabra.
Emma continuó, como si el tema fuera mera conversación doméstica.
—E incluso le deben al cuñado del duque Evenson.
Daniel giró la cabeza hacia ella con visible sorpresa. Sus cejas se elevaron ligeramente.
Emma apretó suavemente su brazo.
—Tranquilo, querido.. Esa deuda no es nuestra.
Alrededor, el murmullo crecía.
El tío Collins sentía cómo el aire se volvía espeso otra vez, más sofocante que antes. Su sonrisa se había desvanecido por completo.
Emma inclinó apenas la cabeza en un gesto cortés.
—Disfrutaremos la fiesta.
Y, con naturalidad impecable, se alejó del brazo de Daniel, dejándolo plantado entre invitados que ahora observaban con curiosidad… y cálculo.
El tío Collins permaneció inmóvil unos segundos.
Endeudado.
Había pedido préstamos desmedidos para financiar aquella celebración ostentosa, convencido de que una demostración pública de riqueza fortalecería la posición de Vanessa.
Pero ahora… Ahora Emma acababa de insinuar que la familia Collins tenía liquidez suficiente para saldar deudas pendientes.
Si los acreedores escuchaban… Si el nombre de la casa Devlin se mezclaba con reclamos públicos…
Sintió un mareo repentino.
El sudor comenzó a formarse en su frente pese al ambiente fresco del salón.
No era solo ira lo que lo invadía.
Era miedo.
La fiesta que debía elevar su prestigio podía convertirse en la prueba de su ruina.
La velada continuó como si nada turbio hubiera sido dicho.
Emma no soltó el brazo de Daniel en ningún momento. Caminaban juntos entre los invitados, deteniéndose aquí y allá para recibir saludos y cumplidos. Ella sonreía con esa elegancia natural que parecía no quebrarse nunca.. él respondía con inclinaciones de cabeza y una presencia firme, silenciosa, imposible de ignorar.
Cada tanto, Emma se inclinaba hacia él.
—Mira a la señora Whitmore.. Lleva tantas plumas que temo que salga volando antes del postre.
Daniel bajó la mirada para disimular… pero sus labios se curvaron apenas.
Más tarde, al pasar frente a una mesa rebosante de arreglos florales, Emma murmuró..
—Si agregan una rosa más, tendremos que pedir permiso para respirar.
Daniel apretó ligeramente su brazo en respuesta.
Ella lo notó.
Y sonrió, satisfecha.
No necesitaba palabras de él. Le bastaban esos pequeños gestos.. la leve inclinación hacia ella cuando alguien hablaba demasiado, la forma en que su mano se cerraba con un poco más de firmeza si percibía incomodidad, esa sombra de sonrisa que aparecía cuando Emma decía algo solo para él.
Disfrutaron la fiesta.
No por la ostentación.
Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, caminaban como un frente unido.
Cuando finalmente regresaron a la mansión Devlin, la noche estaba fría y silenciosa.
Dentro del carruaje, el movimiento suave y constante terminó por vencer a Emma. Apoyó la cabeza en el hombro de Daniel, todavía sosteniendo su brazo, y poco a poco su respiración se volvió lenta y profunda.
Se había quedado dormida.
Daniel la observó unos segundos.
Con cuidado, se quitó la chaqueta y la acomodó sobre los hombros de ella, cubriéndola del frío nocturno. Luego, cuando el carruaje se detuvo frente a la entrada de la mansión, dudó apenas un instante antes de inclinarse y levantarla en brazos.
Emma se movió levemente al sentir el cambio.
A medio camino hacia la puerta, abrió los ojos.
Lo miró.
Por un segundo pareció considerar bajar… pero en lugar de eso, deslizó los brazos alrededor de su cuello y apretó un poco más el agarre.
Daniel notó el gesto.
Sus miradas se cruzaron.
Emma cerró los ojos otra vez, fingiendo seguir dormida.
Daniel no la bajó.
Solo ajustó mejor el peso en sus brazos y continuó caminando.
Desde el corredor principal, los gemelos Devlin acababan de regresar de la biblioteca cuando lo vieron pasar.
Damian alzó una ceja.
David soltó una risa baja.
—Vaya —murmuró uno de ellos.
Daniel siguió de largo, imperturbable, con su esposa descansando contra su pecho.
Pero cuando pasó junto a los gemelos, una pequeña sonrisa.. breve, casi imperceptible.. cruzó su rostro.
Los gemelos se miraron entre sí.
Y sonrieron también.
Porque no era solo que su hermano llevara a su esposa en brazos.
Era la forma en que lo hacía.