Ella renace en una época mágica.. en el cual su familia la humilla, por lo que decide irse y cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico *
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Carruajes Norhaven
Dos días después, cuando el murmullo de la plaza estaba en su punto más animado, la campanilla de la juguetería volvió a sonar.
Leilani levantó la vista desde el mostrador.
Primero vio al militar.
Alto, postura recta, uniforme impecable. Su presencia imponía respeto sin necesidad de hablar. Sus ojos recorrían el lugar con atención protectora, aunque no parecía tenso.
Luego la vio a ella.
Una mujer de cabello negro brillante, recogido con elegancia, y ojos verdes intensos que observaban todo con curiosidad genuina. Su vestido era sencillo pero de excelente confección. Había algo en su porte… no arrogante, sino firme. Seguro.
Leilani sonrió con naturalidad profesional.
—Bienvenidos.
La mujer se acercó primero a los juguetes de madera articulados. Tomó una muñeca doctora, revisando sus articulaciones con interés.
—Mira esto, Ryan.. La movilidad está muy bien lograda.
El militar se inclinó un poco para observar.
—Es trabajo fino.
Leilani sintió una pequeña satisfacción al escuchar ese comentario.
Durante varios minutos recorrieron la tienda. Eligieron un caballo con ruedas, una muñeca reina, una cuna pequeña y un set de utensilios de cocina en miniatura.
Cuando llegaron al mostrador, Leilani envolvió los juguetes con cuidado en papel grueso.
Entonces recordó algo.
Sacó de debajo del mostrador una pequeña cajita con un juguete sencillo pero delicado.. un pequeño pájaro de madera que, al presionar una palanca, batía suavemente las alas.
Se lo extendió a la mujer.
—Por la inauguración de la tienda… cumplimos un mes. Es un regalo de la casa.
La mujer abrió los ojos con sorpresa.
—¿De verdad?
—Sí. Es un regalo de la casa.
La mujer recibió el juguete con ambas manos, como si fuera algo frágil.
—Muchas gracias… Son preciosos —respondió con elegancia, y su sonrisa fue genuina.
Leilani sintió el impulso de presentarse.
—Soy Leilani Baston… Abrí la tienda hace apenas unos días.
La mujer asintió levemente.
—Soy Agnes Norhaven… Y él es Ryan.
No alcanzó a decir más.
Los ojos de Leilani se agrandaron de inmediato. Su expresión cambió por completo.
[¿Norhaven? ¿La casa de los carruajes? ¿La misma de la que hablaba todo el pueblo?]
—¿Lady Norhaven?
Agnes inclinó ligeramente la cabeza, confirmándolo sin ostentación.
Leilani se llevó una mano al pecho, visiblemente emocionada.
—Es un honor… He oído hablar mucho de usted… de sus carruajes, de sus inventos. Son el orgullo del pueblo.
Agnes parpadeó, un poco incómoda ante tanto reconocimiento. No parecía una mujer acostumbrada a la adulación.
—Me alegra saberlo.. Pero no es necesario el título aquí.
Ryan observaba la escena con discreta atención, aunque una leve sonrisa se dibujaba en sus labios al ver la naturalidad de Leilani.
Agnes recorrió nuevamente la tienda con la mirada.
—Y su tienda es maravillosa. De verdad.
Leilani sintió que el elogio valía más que cualquier moneda.
No era solo una clienta.
Era una creadora.
Una inventora.
Una mujer que había levantado algo importante en ese pueblo.
Y estaba admirando su trabajo.
—Gracias… Intento hacer cosas que duren. Que acompañen.
Agnes sostuvo la mirada de Leilani un segundo más, como si evaluara algo más profundo.
—Se nota —dijo finalmente.
Ryan tomó los paquetes y asintió con respeto hacia Leilani.
—Volveremos.
Cuando la pareja salió, la campanilla volvió a sonar.
Leilani permaneció quieta unos segundos.
Su corazón latía rápido.
Lady Norhaven había estado en su tienda.
Había elogiado su trabajo.
Y lo había hecho con sinceridad.
Una sonrisa amplia se extendió por su rostro.
Pero algo más despertó en su interior.
Curiosidad.
Admiración.
Tal vez… una oportunidad.
Si Agnes Norhaven había visto valor en su trabajo, entonces su tienda no era solo un capricho para justificar su dinero.
Dos días después de aquella primera visita, la campanilla volvió a sonar a media mañana.
Leilani levantó la vista… y allí estaban nuevamente.
Agnes Norhaven y Ryan.
Esta vez no venían a curiosear.
Venían decididos.
—Buenos días, señorita Baston —saludó Agnes con una sonrisa que ya se sentía cercana.
Ryan inclinó la cabeza en saludo.
Leilani salió de detrás del mostrador.
—Lady Norhaven… señor Ryan. Es un honor volver a recibirlos.
Agnes intercambió una breve mirada con Ryan antes de hablar.
—Venimos a encargar un juguete especial.
El corazón de Leilani dio un pequeño salto.
—¿Especial?
Ryan asintió.
—Un carruaje.
Los ojos de Leilani brillaron.
[Un carruaje.]
—Lo haré.. Con gusto.
Agnes rió suavemente ante su entusiasmo.
—Nos gustaría que fuera fiel a uno de nuestros modelos.
Leilani dudó un segundo, luego preguntó con respeto..
—¿Podría… ver el diseño real?
Agnes no dudó.
—Claro. Está afuera.
Salieron los tres a la calle. El carruaje estaba estacionado frente a la plaza, elegante, robusto y refinado. La madera perfectamente pulida, las ruedas reforzadas con detalles metálicos, el escudo discreto de la casa Norhaven grabado con precisión.
Leilani se quedó observándolo como si fuera una obra de arte.
Sacó su cuaderno y un pequeño lápiz.
Se acercó despacio, recorriendo con la mirada cada línea, cada curva.
Se agachó para observar el sistema de las ruedas.
Se puso de puntillas para mirar los detalles del techo.
Agnes la observaba en silencio, sonriendo.
Había visto esa mirada antes.
La mirada de alguien que ama crear.
—La estructura está balanceada hacia atrás… Y el eje está reforzado aquí… eso evita que se incline en caminos irregulares.
Ryan arqueó una ceja.
—Tiene buen ojo.
Leilani dibujaba con rapidez, casi olvidando que no estaba sola.
—Quiero que el juguete conserve eso.. Que no sea solo bonito… sino correcto.
Agnes no pudo evitar reír suavemente.
—Así se empieza.
Leilani levantó la vista.
—¿Perdón?
Agnes la miró con complicidad.
—Así empiezan las personas que no solo quieren vender algo… sino hacerlo bien.
El cumplido hizo que Leilani bajara la mirada, ligeramente sonrojada.
Terminado el boceto, cerró el cuaderno con cuidado.
—Lo tendré listo en una semana.
Agnes intercambió una mirada significativa con Ryan.
Y entonces, como si recordara algo importante, dijo con naturalidad..
—Por cierto… me casaré en unos días.
Leilani parpadeó.
—¿Se… casará?
Ryan tomó la mano de Agnes con una firmeza tranquila.
Agnes asintió.
—Y me gustaría que asistiera.
El mundo de Leilani pareció detenerse un segundo.
—¿Yo?
—Sí.. Es una ceremonia pequeña, pero importante para mí. Y me gustaría que estuviera allí.
Leilani no podía creerlo.
Una boda.
De Agnes Norhaven.
Una mujer que había construido su nombre.
Que dirigía una casa reconocida.
Que diseñaba carruajes admirados en todo el ducado.
Y ella… estaba invitada.
Sintió una emoción cálida expandirse en su pecho.
No era solo por la boda.
Era por lo que significaba.
Alguien importante la veía.
No como la hija ignorada de un lord cruel.
No como una fugitiva.
Sino como Leilani Baston.
Dueña de una tienda.
Creadora.
—Gracias… Es un honor. De verdad.
Agnes sonrió con sinceridad.
—Entonces la esperaré.
Ryan asintió con respeto.
—Será un buen día.
Cuando la pareja volvió al carruaje y se alejó por la plaza, Leilani se quedó allí unos segundos, con el cuaderno apretado contra el pecho.
Iba a asistir a una boda.
No como sirvienta.
No como sombra.
Sino como invitada.
Y por primera vez desde que había huido de la mansión Vitra… sintió que realmente pertenecía a algún lugar.
Sonrió.
Y volvió a la tienda con el corazón ligero.
Tenía un carruaje que construir.
Y un vestido que pensar.