Morí atragantado con un hotdog y reencarné en mi novela BL favorita.
¿Suena épico? No lo es, porque ahora soy el extra que muere en el capítulo 3.
Mi plan: pasar desapercibido y sobrevivir.
La realidad: el villano frío y temido del imperio se enamoró de mí.
Entre malentendidos, romance accidental y un destino que se salió del guion,
haré lo imposible por no morir otra vez…
aunque eso signifique robarle el corazón al villano.
✨ BL + comedia + reencarnación
✨ Villano obsesivo x extra caótico
✨ Final feliz (si no muero antes)
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Capítulo 16: Manual para Compartir Silencios (Sin Entrar en Pánico)
La noche siempre me caía peor que el día.
Durante el día, al menos podía fingir que estaba ocupado. Contar frascos, llevar papeles, caminar detrás de Lucien con la dignidad de un acompañante que no pidió serlo. Por la noche, en cambio, el silencio me devolvía pensamientos que no había autorizado.
Me senté en el borde de la cama con la manzana que había escondido en el bolsillo. La miré como si fuera un objeto filosófico.
—No te emociones —me dije—. Fue una caminata práctica. Con manzana. Y música. Y contacto de muñeca. Nada que requiera análisis profundo.
La manzana no opinó.
Estaba a punto de morderla cuando tocaron la puerta.
—Pasa —dije, esperando a cualquier sirviente menos a quien apareció.
Lucien Blackthorne entró con un pequeño frasco de vidrio oscuro en la mano. El contraste entre su presencia imponente y el objeto diminuto me pareció injustamente gracioso.
—El médico dijo que te ayudará con los mareos nocturnos —explicó, dejándolo sobre la mesa.
—Gracias —respondí—. ¿Eso significa que ahora tengo “rutina nocturna supervisada”?
—Significa que debes tomártelo —replicó.
—Autoridad clara y concisa. Aprecio la consistencia.
Lucien no se fue de inmediato. Se quedó de pie cerca de la mesa, como si no supiera si sentarse, irse o vigilar que yo no derramara el frasco.
—¿Quieres… que me quede un momento? —preguntó al final, con un tono que no era una orden.
Parpadeé.
—¿Un momento tipo “me quedo por si te desmayas” o un momento tipo “nos quedamos en silencio incómodo como personas que no saben socializar de noche”?
—Un momento —repitió—. Sin clasificar.
—Me parece justo —sonreí—. Los silencios sin clasificar son menos exigentes.
Lucien tomó la silla y se sentó. Yo bebí el contenido del frasco con cuidado, arrugando la nariz por el sabor amargo.
—Esto sabe a arrepentimiento —comenté.
—Sabe a medicina —respondió.
—Ambas cosas no son excluyentes.
El silencio se instaló, pero no pesaba. Yo jugueteaba con la sábana, doblándola y desdoblándola como si fuera un proyecto importante.
—No eres bueno con los silencios —dije.
—No —admitió—. Me recuerdan cosas.
—¿Cosas malas?
Lucien se quedó mirando la pared.
—Cosas que no se resuelven con órdenes.
Asentí.
—Yo también tengo de esas —respondí—. Las guardo en un cajón mental que no abre sin permiso.
Lucien me miró, curioso.
—¿Y quién te da permiso?
—Nadie —sonreí—. Por eso el cajón está siempre medio abierto.
Se produjo una pausa distinta. No tensa. Honesta.
—Lucien —dije—. ¿Puedo hacerte una pregunta imprudente?
—Adelántate.
—¿Por qué me cuidas tanto? No soy parte de tus planes. No soy… útil para tus estrategias.
Lucien me sostuvo la mirada.
—No todo en mi vida son planes.
—Eso suena a declaración peligrosa.
—Es una corrección —replicó—. Y tú no eres una variable. Eres una persona.
El pecho me dio un salto. No supe qué responder de inmediato.
—Gracias —dije al final—. No suelo ser tratado como… persona importante.
Lucien se levantó como si la cercanía lo incomodara. Dio dos pasos hacia la puerta y se detuvo.
—No eres “persona importante” —dijo—. Eres importante. Sin apellidos.
Sonreí, nervioso.
—Eso fue innecesariamente bonito. ¿Lo sabe?
Lucien no respondió. Abrió la puerta… y volvió a cerrarla.
—Mañana entreno temprano —dijo—. Si quieres… puedes venir a mirar. Te hará bien salir.
—¿Eso es una invitación?
—Es práctico —respondió, fiel a su palabra favorita.
—Práctica romántica, versión entrenamiento —bromeé.
Lucien me lanzó una mirada de advertencia.
—No uses esa palabra.
—Lo intento, pero ella me persigue.
Lucien resopló, apenas audible.
—Descansa.
—Buenas noches, Lucien.
—Buenas noches, Elian.
Cuando se fue, me dejé caer de espaldas en la cama con una risa silenciosa.
—Genial —murmuré—. Ahora también compartimos silencios. Esto ya es oficialmente una dinámica peligrosa.
Miré el techo, con la sensación extraña de que el mundo, por primera vez, no se sentía tan hostil.
🎵🎶Fondo, fondo, fondo🎶🎵🤣😆😈😆🤣😉