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La Venganza Silenciosa de la Esposa

La Venganza Silenciosa de la Esposa

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Divorcio / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Nadhira ohyver

Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.

Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.

Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.

Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.

Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.

NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Farah se sobresaltó y se puso de pie de un salto.

—¡Dios mío! ¡Quema!

—¡Por Dios, Farah! ¡Perdóname! ¡Perdóname! —Tania compuso una expresión de pánico convincente, tomó de inmediato unas servilletas de la mesa más cercana e intentó ayudar a Farah a limpiarse la ropa.

—¡Qué torpe soy! ¡Perdóname!

Diego se levantó de un brinco, furioso.

—¡Tania! ¿Pero qué hiciste?

—¡Diego, fue un accidente! ¡Me asusté! —replicó Tania con un tono ligeramente ofendido, lo que hizo callar a Diego, temeroso de parecer cruel delante de Farah y de su madre.

Farah apartó las manos de Tania con brusquedad. El líquido tibio le calaba la blusa, pero lo que quemaba más era la mirada que Tania le había lanzado un instante antes: fría y cargada de significado, nada que ver con la expresión asustada de una esposa ingenua.

Farah le sostuvo la mirada. Detrás de aquella cascada de disculpas, captó la señal: esto no fue un accidente. Esta mujer lo sabe.

Farah tragó saliva. Tania no era la mujer fácil de dominar que Diego le había descrito. A sus ojos, Tania era una rival astuta. El té derramado era una advertencia.

El miedo la asaltó un instante, pero enseguida recobró el control. El deseo de quedarse con Diego creció todavía más. No iba a dejarse vencer por aquella mujer retorcida.

—No pasa nada, Tania —dijo Farah, con la voz más serena ahora, impregnada de determinación.

—Voy a limpiarme en el baño.

Farah se alejó con paso altivo, dejando a Diego y a Tania en la sala.

—¡Por ahí, Farah! Derecho y luego a la derecha —gritó Tania con tono servicial, señalando hacia el baño con el índice, asegurándose de que todos escucharan lo "amable" que era.

Farah desapareció de la vista. Diego seguía refunfuñando, mientras Tania regresaba a la cocina, satisfecha con el impacto de su pequeño "accidente" y con la certeza de haberle demostrado a Farah lo ajena que era en aquella casa.

* * *

Farah azotó la puerta del baño principal hasta hacerla vibrar. Su respiración era agitada, no por náuseas, sino por una rabia que le hervía por dentro. Se contempló en el espejo; tenía el rostro encendido.

—¡Maldita! ¡Seguro que lo hizo a propósito! —siseó Farah, maldiciendo a Tania.

Estaba convencida de que el té caliente derramado había sido un acto deliberado para intimidarla.

Tras calmarse un momento, sus ojos perspicaces comenzaron a examinar el entorno. Las cejas se le arquearon al notar algo: no había ni un solo portarretratos con fotos de la boda de Diego y Tania, ni tampoco imágenes de ellos juntos. Solo decoración neutra. Una sonrisa cínica se dibujó en los labios de Farah.

—Entonces era verdad lo que decía Diego —murmuró con aire triunfal.

—Su relación está vacía. No soy solo una aventura pasajera; Diego realmente me ama.

Su convicción se afianzó. Sin embargo, el recuerdo de lo ocurrido minutos antes volvió a encenderle la sangre. No podía dejar que Tania se saliera con la suya.

Farah se retocó el maquillaje a toda velocidad y salió a paso firme, sus tacones resonando con fuerza sobre el mármol, lista para lanzar su protesta.

Llegó a la sala. Vacía. Tania no estaba. El gesto de Farah se agrió aún más.

Diego, por su parte, estaba hundido en el sofá, entretenido con su celular.

—¡Diego! —lo llamó Farah con voz imperiosa.

Él levantó la vista, sorprendido.

—¿Sí, Farah? ¿Qué pasó?

—¡Tu esposa lo hizo a propósito! —le espetó Farah, acercándose con gesto amenazante.

—No es una simple ama de casa, tienes que creerme. Me derramó el té caliente encima a propósito. ¡Menos mal que solo era té tibio! ¿Y si hubiera sido agua hirviendo y me quemo la piel? ¿Y mañana qué sigue? ¿De verdad puedes garantizarme que estoy a salvo aquí?

Diego dejó el celular e intentó calmar a Farah, que estallaba de emoción.

—Farah, tranquila. Estoy seguro de que Tania no lo hizo a propósito.

Farah se enfureció más y cruzó los brazos sobre el pecho.

—Además, ¿por qué tengo que quedarme aquí haciéndome pasar por tu prima? ¿No sería más seguro seguir como antes, viéndonos afuera? Si me quedo en esta casa, lo que va a pasar es que se nos va a complicar todo para estar juntos, sobre todo con tu esposa aquí metida las veinticuatro horas. ¿Me vas a dejar conviviendo con tu mujer, que estoy segura no tiene nada de inofensiva?

Diego se puso de pie, se acercó a Farah y trató de apaciguarla con halagos.

—Mi amor, créeme, Tania es una mujer común y corriente. Ama de casa. No tiene ningún poder —la rodeó con los brazos con suavidad.

—Sí, Tania tiene estudios universitarios, se graduó de diseñadora, pero es una persona que no confía en sus propias capacidades. Por eso, en lugar de ejercer como diseñadora, prefirió ser mi esposa y dedicarse a servirme en la casa. No tienes de qué preocuparte; créeme, ella no es una amenaza para nosotros —Diego esbozó una sonrisa ladina.

—Además, si todos los días me quedo "trabajando hasta tarde", va a empezar a sospechar. Si tú vives aquí, es mucho más fácil para nosotros estar juntos. Tal vez a medianoche pueda meterme en tu cuarto...

—No puedo estar lejos de ti, mi amor, lo que quiero es verte todos los días —Diego le guiñó un ojo con coquetería.

El rostro de Farah se iluminó al escuchar la confesión y las promesas de Diego. La furia se le evaporó de golpe, reemplazada por una sonrisa radiante y un placer desbordante. Le devolvió el abrazo.

Al otro lado, en el umbral que daba a la sala familiar, apenas a unos metros del sofá, Tania permanecía inmóvil. Sus pasos se habían detenido en seco. Se ocultó detrás del pilar.

La voz de Farah, levemente alterada por la emoción, y la de Diego, intentando seducirla, le llegaban con una claridad despiadada.

Las palabras de Diego le taladraban los oídos como cuchillos. Su expresión, sin embargo, no se alteró: serena, gélida.

"Tania es una mujer común y corriente. Ama de casa. No tiene ningún poder".

"...en lugar de ejercer como diseñadora, prefirió ser mi esposa y dedicarse a servirme en la casa".

Cada frase humillante que resbalaba de los labios de Diego —el hombre al que ella había levantado de la nada— se convertía en combustible que alimentaba su determinación.

No cayó una sola lágrima, no se oyó un solo sollozo. Lo único que había era un destello de acero en los ojos de Tania.

Ay, Diego, pensó Tania con una sonrisa tenue y letal, qué equivocado estás. Acabas de despertar al monstruo que dormía.

Tania registró cada detalle: el tono de voz de Diego, los gestos de Farah, la ceguera absoluta de su marido. Las pruebas se acumulaban; la venganza quedaba grabada a fuego.

Cuando el silencio volvió a apoderarse de la sala, Tania se colocó la máscara de nuevo y avanzó hasta allí.

Los tres pares de ojos se clavaron en ella de inmediato. Su mejor sonrisa y su actitud más amable estaban perfectamente dispuestas en sus labios.

Aunque moría de ganas de abofetear la boca de Diego, que acababa de insultarla a sus espaldas, se contuvo. Todavía no era el momento. Su resolución de demostrar que podía igualar el éxito de Diego —e incluso destruirlo— se fortaleció aún más.

—Diego, Doña Carmen y... Farah —saludó Tania con cordialidad, la voz suave y controlada.

—Yo... —Tania dejó la frase en suspenso a propósito.

Al percibir aquella pausa, la preocupación cubrió los rostros de los tres. Doña Carmen era la más inquieta; la culpa le carcomía el corazón.

Sus dedos apretaban el respaldo de la silla con fuerza. Quería ser sincera con Tania, sacar a la luz todas las mentiras de su hijo, que iban de mal en peor. Pero no podía: la boca se le sellaba por la lealtad de madre y el temor que le inspiraba Diego.

Continuará...

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Adarely Garcia
esta interesante, pero ya se hizo muy monótono... cómo puede llevar 7 meses teniendo a esos son en su casa y con todas las pruebas que lleva, no ha hecho nada 😠😬
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