Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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MI MEJOR AMIGO
Con el paso de las semanas, una nueva rutina comenzó a moldear los días en la mansión Acuña.
Cada mañana, Rodrigo iniciaba su jornada al volante conducía al pequeño Luca hasta el kínder, donde se tomaba varios minutos para recalcarle a la maestra, con un celo casi paternal, el cuidado meticuloso que el niño requería. Acto seguido, se dirigía al campus universitario para dejar a Julieta en sus clases.
A la hora de la salida, el ciclo se repetía: recogía a Luca del colegio y volvían juntos a la mansión. Mientras esperaban la hora en que Julieta terminaba sus clases, Rodrigo se sentaba en la mesa de la habitación a ayudar al pequeño con sus tareas del kinder.
Solo al final del día, tras cumplir con su último viaje, Rodrigo daba por concluida su jornada laboral y regresaba a su humilde hogar para dedicarse por entero a su abuela y a su hermanita Briana.
Aunque, claro, marcar esa hora de salida se convertía a diario en una pequeña odisea: despedirse de Luca requería negociaciones infinitas, pues el niño se negaba rotundamente a soltarlo.
En contadas ocasiones le tocaba trasladar a la Sra. Estela o a Lesly a alguna reunión ejecutiva.
Su presencia no pasó desapercibida para la servidumbre, Rodrigo, con su humildad y carisma natural, entabló una relación amigable y sincera con todo el personal de servicio de la propiedad.
Desde su llegada, el ambiente denso y tenso que solía dominar los pasillos de la casa se había vuelto inesperadamente ligero, lleno de risas y cordialidad.
Pero el cambio más drástico lo experimentó Luca. El niño introvertido y temeroso había quedado en el pasado; ahora era un pequeño sumamente expresivo, risueño y seguro de sí mismo.
La figura de un "padre" presente, paciente y dedicado potenció notablemente su intelecto y su desarrollo emocional.
Aquella tarde de jueves, Lesly decidió salir temprano de la corporación, anhelaba pasar tiempo de calidad con su hijo y desconectarse del estrés del trabajo.
Al cruzar el vestíbulo de la mansión, encontró a su madre ojeando cómodamente una revista de diseño en la sala de estar.
“Hola, mamá. ¿Dónde está mi pequeño?” preguntó Lesly, inclinándose para darle un afectuoso beso en la mejilla.
“Está en la biblioteca con Julieta y Rodrigo” respondió Estela con una sonrisa pausada “Tu hermana andaba hecha un manojo de nervios porque no entendía bien una materia de la universidad, y Rodrigo se ofreció amablemente a explicarle”
“Iré a verlos entonces” dijo Lesly, encaminándose de inmediato hacia las escaleras principales.
En el interior de la majestuosa biblioteca, el ambiente era cálido y familiar. Rodrigo permanecía sentado en una amplia silla de cuero con el pequeño Luca acomodado en su regazo, mientras le señalaba con la punta de un bolígrafo unos apuntes a Julieta.
“¿Ves? Entenderlo es sumamente fácil” explicaba Rodrigo con paciencia “Solo tienes que recordar bien las fórmulas base y no enredarte con los porcentajes”
Julieta abrió los ojos de par en par, aliviada, y con su habitual entusiasmo corrió a rodearle el cuello por detrás en un efusivo abrazo.
“¡Sí, por fin lo entendí! Gracias, gracias, ¡de verdad eres mi mejor amigo!” exclamó la joven entre risas.
Rodrigo soltó una carcajada limpia ante las ocurrencias de Julieta, quien a veces actuaba como una niña pequeña e hiperactiva.
“¡Aléjate, tía! Él es mi papá” interrumpió Luca de golpe, armando un puchero teñido de puros celos infantiles “¡Mío y de nadie más!”
Detrás de la puerta que permanecía entreabierta, Lesly observaba la escena. En ese preciso instante, una ola irracional de celos, esos mismos celos que ella juraba no sentir jamás por el "simple chofer" emergió a la superficie con una violencia que la tomó por sorpresa.
Incapaz de contener la amargura, empujó la puerta y cruzó el umbral con el rostro tenso “¿A qué viene tanta confianza, Julieta?” reprochó con un tono de voz innecesariamente cortante.
Julieta se separó de Rodrigo de inmediato, mirando a su hermana con desconcierto “No seas tan aguafiestas, Lesly. Rodrigo es increíble explicando; de verdad se le entiende muchísimo mejor que al profesor del curso. De hecho, le voy a decir a mis amigas de la facultad para que vengan un día a la casa a que les enseñe”
Lesly sintió que la sangre se le subía a la cabeza. La sola idea de ver a Rodrigo rodeado de un grupo de jóvenes universitarias riéndose y coqueteándole le resultó absolutamente insoportable.
“No te sobrepases, Julieta. No debes abusar del tiempo de los demás” sentenció molesta, buscando justificar su enfado.
Al escuchar la frialdad de Lesly, el rostro de Rodrigo se transformó por completo. La calidez y la espontaneidad que solía mostrar con todo el mundo a excepción de ella y del rígido Renato Acuña desaparecieron tras un muro de distancia impecable.
Bajó a Luca de su regazo con cuidado, se puso de pie y se acomodó el saco del uniforme “Disculpen la interrupción” dijo Rodrigo, manteniendo una postura erguida y una mirada impenetrable “Mi jornada laboral ha terminado por el día de hoy. Me retiro”
“Claro...” respondió Lesly en voz baja, sintiéndose repentinamente desarmada e incómoda por la barrera de hielo que él acababa de levantar entre los dos.
Lo que Lesly ignoraba por completo era que esa frialdad gélida no era más que la única defensa de Rodrigo: el único método que el joven había encontrado para ocultar los profundos e intensos sentimientos que, muy a su pesar, comenzaban a nacer en su corazón hacia la empresaria.
Sin decir una palabra más, Rodrigo hizo una breve inclinación de cabeza y abandonó la biblioteca.
Julieta, al notar la tensión en el aire, decidió recoger sus cuadernos en silencio y escabullirse hacia su habitación, dejando a su hermana mayor sola en la inmensidad del recinto, atrapada en un torbellino de pensamientos contradictorios.
Fue la voz del pequeño Luca, tirándole suavemente de la mano para pedirle que jugaran, lo que logró rescatar a Lesly de aquel sofocante trance de confusión y deseo reprimido.
cárcel sus atacantes también. sus compañeros son cómplices no hicieron nada por Yuli Rodrigo la salvó
Renato se va a arrepentir cuando vea lo que paso
😡😡😡😡