Colter Callahan es un vaquero salvaje, de botas embarradas, modales dudosos y cero interés en una esposa.
Charlotte Walkins es sofisticada, adora los tacones, los vestidos de diseñador y considera que el barro no debería existir.
Así que, naturalmente, sus padres deciden sentarlos a cenar.
Colter fantasea con echarla de su rancho antes del primer plato.
Charlotte, después de mirarlo de arriba abajo, le sugiere que un buen corte de pelo podría hacer milagros.
Están a punto de convertirse en enemigos.
Entonces llega la propuesta de matrimonio.
Él tendrá que convivir con una princesa que probablemente se desmaye al ver una vaca.
Ella tendrá que soportar a un salvaje que cree que una camisa limpia es opcional.
Y justo cuando Charlotte piensa que casarse sería un desastre, descubre que el robo que la dejó hospitalizada podría esconder mucho más.
Ahora debe elegir entre enfrentar el misterio en la ciudad o refugiarse en el rancho de un salvaje junto a un insoportable marido.
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MÁS INTENTOS
NARRADOR
La frustración se mezclaba con la vergüenza en Charlotte.
Su segundo intento volvió a quedar duro. No entendía por qué, pero quería rendirse. Amasar el pan resultó más difícil que su examen final de la universidad.
Colter se rió y ella volvió a mirar sus brazos. No su cuerpo entero. Solamente eso porque aunque tuviera una camisa espantosa a rayas, sabía los brazos que ocultaba debajo.
No había visto nada más. No había querido tampoco. Ni siquiera se había preguntado cómo sería sin playera. Había una línea invisible que se mantenía muy firme entre los dos.
--¿Qué tienen mis brazos? Tengo puesta la camisa que odias
--Estaba pensando en algo. No era que estuviera viéndote
--¿En qué? Decidiré si intento creerte de acuerdo a la creatividad de tu mentira
--Pensaba en Katy. ¿Donde dormirá cuando venga?
--Es tu amiga, también tu problema-- Respondió con la voz seca
Colter estaba más que convencido de que si su esposa no le agradaba, su amiga tampoco lo haría.
Entonces vio la sonrisa forzada que pretendía ser dulce. También notó como agitaba sus pestañas.
--Lo que sea que me pidas será no
--¿Cómo sabes que planeaba pedirte algo?
--Porque me mirabas así y pestañeabas más que yo cuando me entra tierra en los ojos
--Iba a darte una oportunidad que no puedes desaprovechar, a menos que seas poco inteligente. Y eso me daría la razón en todo
Él que estaba a punto de ponerse de pie para comenzar a cocinar la miró de nuevo. Esta vez no pestañeaba, pero sonreía de una manera sospechosa.
--A ver cuéntame que oportunidad es esa, solamente por curiosidad porque no estoy interesado
--Cuando venga Katy nos puedes prestar tu cama y tu dormir en la mía. Porque ella no puede dormir en mi cuarto. No entramos
--Ni en un millón de años, Charlotte
--¿Y entonces que quieres que haga? Sería horrible hacer que duerma en el sofá
--Que no venga a quedarse. Problema solucionado
--Eres un esposo horrible. De verdad
--Horrible, pero me miras los brazos
--Y tu me miras el trasero y el pecho si uso camisa. ¿Cuál es el punto?
--Que te contradices siempre y que eres exasperante. Además que cada vez que sales del rancho provocas un accidente. Estoy cansado de ti
--Y yo de ti
Él fue a cocinar. Ella no supo que hacer. Estaba frustrada por todo. Ni siquiera su belleza podía convencer a ese hombre insoportable que no podía ser caballero a menos que ganara algo.
--Espera. Ya se, tengo una idea
--Diré que no, por tradición
--¿Qué quieres a cambio por prestarnos tu cama?
Él se limpió las manos. Se acercó a ella.
--Existirá un problema si entras a mi habitación y prefiero evitarlo
--Tecnicamente estaría con una amiga, no contigo
--Aún así. Es lo mismo. Si entras allí no querrás volver a salir y yo no estoy dispuesto a dormir contigo
Ella se rió. Claro que lo hizo. Pero Colter tenía razón.
--No haría eso
--Yo se que sí
--No se que tiene tu cuarto de especial. Seguramente no tengas sábanas de algodón egipcio ni una decoración acogedora para una mujer, mucho menos perfume
--Yo si lo sé y si te lo digo no saldrás de allí. Prefiero evitarlo. Una vez no desafies mi paciencia y para variar hazme caso
--Como digas
Él se alejó sin estar convencido. Ella no lo obedecería. Estaba seguro.
Su habitación no era la más especial, era masculina, simple, sin secretos ni cosas que si alguien viera saldría corriendo espantado. No. Era más grande que la de Charlotte y más cómoda. El secreto es que tenía señal. No mucha.
Él no dependía del celular, ella si.
Y si Charlotte entraba la cercanía sería inevitable y no era lo mismo discutir en la cocina que en una cama porque todo podía acabar mal. Podrían discutir peor o atravesar límites que convenía no cruzar.
Al momento de la cena, él la miró.
--Charlotte, lo digo en serio, no te quiero en mi habitación. De verdad. No compliquemos las cosas más de lo que ya están
--Bien. Eres egoísta
Él no dijo nada. No tenía sentido discutir. ¿Para qué? Pero todavía tenía en la mente aquellas múltiples ocasiones en que ella le había dicho que no sabía besar y que lo había tratado como si fuera célibe. Si eso se lo decía en su habitación y estaba enfadado... todo se podría complicar.
--Soy feliz así
--Eres insoportable
--La comida se enfría-- Señaló para que dejara de molestarlo
Todavía Katy no había llegado de visita y ya habían discutido por eso. A ese paso el único que sobreviviría al matrimonio sería Pastelito.
Entonces, ella fue a su propia habitación luego de que él fuera a la suya. Pasó lentamente pretendiendo ver algo, pero no pudo. Él cerró la puerta, como siempre.
Charlotte pretendió entrar al día siguiente. Estaba cerrado con llave. Eso solamente aumentó su curiosidad.
Ella comenzó a amasar pan. De nuevo. Esta vez abrazó a Pastelito cuando la masa aumentó un poco su tamaño. Eso significaba que no hornearía una piedra que ni la perra de su esposo había conseguido masticar.
Entonces cuando Colter llegó al mediodía ella le mostró su creación. Pudo cortarlo con las manos. No fue una tarea sencilla, pero pudo.
Llevó un trozo a la boca, pero antes le dió uno a ella.
--¿Y que tal está?-- Charlotte esperaba con su trozo en la mano
Colter tragó con dificultad, pero no lo demostró.
--Pruébalo
Lo llevó a su boca y se le borró la sonrisa.
--Está duro y no tiene sal. La olvidé-- Se sentó desganada
--Puedes mojarlo en el café. Es una opción
--Eres un asco dándome ánimos. No lo intentes o me dará depresión
Él levantó sus hombros y no dijo nada.
Fue a preparar el almuerzo.
Los peones comían algo rápido mientras seguían una orden. Debían proteger a los animales. Se avecinaba una tormenta.
En el campo no necesitaban el pronóstico meteorológico. Miraban el cielo, sentían el viento y también observaban el comportamiento de los animales.
Colter comió rápido.
--No salgas y que tú gato no se escape. Hoy llueve
Ella lo vio irse apurado y miró por la ventana. Creyó que el exageraba, pero no lo hacía.
Esta pareja ya está echa🤣.
que locura está novela
Gracias por estos capítulos 💕💕💕💕