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SIN QUERER, TERMINE COMO LA AMANTE DEL MAFIOSO

SIN QUERER, TERMINE COMO LA AMANTE DEL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lía Castillo solo quería convertirse en una estrella.

Como vocalista de Lumina Hearts, su grupo de idols empieza a conquistar seguidores y cumplir sus primeros sueños. Pero una noche de celebración, unas copas de más y un tropiezo cambian su vida para siempre.

Lía termina frente a un hombre demasiado atractivo para ser real. Sin saber quién es, lo llama guapo, lo besa y pasa la noche con él.

Al despertar, huye convencida de que todo quedó atrás.

Hasta que Dante Varela aparece.

Él es el líder de la familia criminal más poderosa y temida de la región. Y no está dispuesto a olvidar a la mujer que se atrevió a besarlo sin miedo.

Cuando Dante amenaza con destruir la carrera de Lumina Hearts, Lía se ve obligada a elegir entre su sueño y convertirse en la amante del mafioso.

Pero Dante pronto descubrirá que retenerla será mucho más fácil que hacerla enamorarse de él.

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La mentira perfecta

Me despedí de él lo más rápido que pude, tomé mi bolso y salí de la mansión con el corazón todavía acelerado y la mente hecha un torbellino. Tenía entrenamiento vocal y coreográfico esa mañana, y no podía llegar tarde. Necesitaba cantar, moverme, sudar, hacer algo que me recordara que seguía siendo yo, que no me había perdido por completo dentro de esa casa de paredes frías y reglas de hierro.

Caminé hacia la salida sin mirar atrás, sintiendo el peso de sus palabras en cada paso: Eres mi amante. Mi diversión. No esperes más. Y la argolla en su dedo, brillando como una sentencia inapelable. Estaba casado. Tenía una esposa. Y yo… yo era la otra. La que nadie debía conocer. La que se conformaba con los restos. Dolía, sí, pero al mismo tiempo, extrañamente, esa certeza me daba una especie de paz resignada. No podía esperar un futuro que no existía. No podía soñar con un anillo, ni con un "te quiero", ni con una casa con jardín. Él me lo había dejado claro desde el principio, y eso… eso me ahorraba ilusiones que solo me iban a romper el corazón.

Mientras tanto, dentro de la mansión, Dante se quedó de pie en la entrada, viéndola marcharse hasta que su figura desapareció entre los árboles del jardín. No había cerrado la puerta cuando el mayordomo, James, se acercó con paso tranquilo, las manos entrelazadas frente a su cuerpo, la expresión imperturbable de siempre. Pero había algo en su mirada, una duda contenida, que no pudo callar.

—Señor —dijo, con voz baja y respetuosa—. Permítame preguntarle algo que no entiendo.

Dante no se giró de inmediato. Se quedó mirando hacia la puerta por unos segundos, una sonrisa lenta, satisfecha, curvándose en sus labios.

—Pregunta, James. Sabes que no te prohíbo hablar con sinceridad.

—¿Por qué le dijo que está casado? —preguntó el mayordomo, sin rodeos—. La señorita Lía creyó cada palabra. Vio la argolla y no dudó ni un instante. Pero… usted no está casado. No hay esposa. No hay nadie.

Dante soltó una risa baja, genuina, y se giró hacia él, caminando despacio hacia la sala de estar.

—¿Crees que fue un error, James? ¿Crees que mentirle fue mal?

—Creo que fue cruel —respondió el mayordomo con calma—. Ella cree que es la amante, la segunda, la que tiene que esconderse. Y no lo es. No hay nadie más.

—Exactamente —dijo Dante, sentándose en el sillón de cuero negro y recostándose con comodidad—. No hay nadie más. Y por eso mismo, tenía que decírselo. Tenía que ponerle ese límite desde el primer día. Aunque ella lo niegue, aunque diga que no le importa… la idea de estar con un hombre comprometido, que pertenece a otra mujer, la excita. La hace sentir que lo que tenemos es prohibido, secreto, intensamente peligroso. Y eso la ata más a mí. Pero lo más importante, James… —se inclinó hacia adelante, la mirada brillante de astucia— es que al saber que estoy casado, ella ya no va a esperar de mí afecto ni un título de novia, ni prometida, ni esposa. Ya no soñará con un futuro que no puedo darle. Ya no me pedirá cosas que no estoy dispuesto a dar. Sabe cuál es su lugar, y se conformará con él.

—¿Y si la ve con otras mujeres? —insistió James—. ¿Qué pasará entonces?

—Entonces sabrá que es una más —respondió él con tranquilidad—. Sabrá que no tiene derecho a reclamar, porque nunca le prometí exclusividad. Si la veo con otra, tendrá que guardar silencio. Tendrá que aceptarlo. Y eso es perfecto. Así no hay malentendidos. Así no hay falsas esperanzas. Así nadie sale lastimado de más.

El mayordomo lo miró en silencio unos instantes, procesando sus palabras, y asintió lentamente.

—Es verdad, señor. Las perspectivas que manejamos y las oportunidades que vemos… son muy distintas a las de ella.

—Exactamente —dijo Dante, sacando un cigarrillo del bolsillo de su camisa y golpeándolo suavemente contra la mesa—. Tú ves crueldad. Yo veo claridad. Si le hubiera dicho que soy soltero, que estoy libre, que nadie me espera… ella empezaría a imaginar cosas. A imaginar un "nosotros" de verdad. A querer presentarme a sus amigas, a querer salir de la mano por la calle, a querer que todo el mundo sepa que soy suyo. Y no puedo darle eso. No ahora. No sé si algún día. Así que esta mentira… es la más amable de todas. La protege de esperar demasiado. Y me protege a mí de tener que rechazarla.

Encendió el cigarrillo, dio una calada lenta y profunda, y exhaló el humo mirando hacia la ventana, donde Lía había desaparecido apenas unos minutos antes.

—Es muy astuto, señor —dijo James, con una media sonrisa—. O muy cruel. Aún no me decido.

Dante soltó una carcajada, suave y oscura, y miró a su mayordomo con esos ojos que siempre veían todo un paso por delante.

—Ambas, James. Ambas.

Se quedó solo en la sala, el humo del cigarrillo rodeándolo como una nube gris, y pensó en ella. En cómo había tomado la argolla entre sus manos, en cómo se había puesto triste al saber que pertenecía a otra, en cómo había aceptado su lugar sin pelear demasiado. Y sonrió. Porque la mentira estaba funcionando a la perfección. Ella creía que era su amante, su segunda opción, su secreto… y mientras ella creyera eso, nunca descubriría la verdad: que no había nadie más. Que nunca la hubo. Que desde el momento en que tropezó con él, ella era la única mujer en su mundo. Y que la estaba atrapando no porque no pudiera casarse con ella… sino porque todavía no estaba dispuesto a admitir que ya estaba perdidamente enamorado.

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