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La Esposa Fea del Alfa Maldito

La Esposa Fea del Alfa Maldito

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Completas
Popularitas:196.3k
Nilai: 4.9
nombre de autor: elmira brazil

Milena Cruz siempre fue la mujer que los Ríos escondían: la prima pobre, la de la cara marcada, la esposa fea que nadie elegiría. Pero cuando Valeria Ríos se niega a casarse con Dante Navarro, el heredero maldito de la Manada Luna de Hierro, Milena es enviada en su lugar para salvar a su abuela.
Todos creen que Dante está condenado. Sus novias anteriores murieron antes del amanecer, su lobo fue sellado con plata y acónito lunar, y el Consejo solo necesita otra víctima para cerrar el ataúd del Alfa.
Pero Milena no muere.
Su aroma despierta al lobo dormido de Dante. Su sangre de sanadora calma el veneno que nadie pudo tocar. Y el Alfa que debía destruirla empieza a protegerla frente a toda la manada, aunque hacerlo lo acerque a la muerte.
Milena llegó como una sustituta despreciada. Una esposa fea comprada con amenazas. Pero bajo sus cicatrices se esconde una heredera Cruz-Varela, una loba sanadora capaz de romper juramentos de sangre y desnudar las mentiras que enterraron a otras novias antes que ella.
Entre falsas Lunas, pactos de sangre, desafíos de Alfa y un vínculo de mate que arde cada vez que intentan separarlos, Milena tendrá que decidir si huye del Alfa maldito o si acepta el lugar que siempre le perteneció.
Porque la mujer que todos llamaron fea no nació para ser sacrificada.
Nació para convertirse en Luna.

NovelToon tiene autorización de elmira brazil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11: La aguja lunar

Milena sintió la mirada de la manada en el vientre.

Nadie le estaba viendo la cara. Nadie fingía compasión por sus cicatrices. Los Ancianos, las esposas de los guerreros, los jóvenes que habían venido a oler escándalo bajo el techo de Casa Lirio, todos bajaron los ojos al mismo punto.

Su cuerpo acababa de convertirse en territorio de guerra.

Eliseo sostenía el informe con cuidado, igual que se sostiene una serpiente antes de saber si ya mordió.

—El registro lleva su nombre —dijo.

—Entonces el registro miente.

Valeria rió desde el lado de Patricia. Tenía los ojos secos, el cuello erguido y la falsa dignidad de quien ya había ensayado su papel.

—Claro. Primero niega al cachorro de mi hermana y ahora niega el suyo.

Milena volvió la cabeza hacia ella.

—Tu cachorro falso venía colgado del cuello de una mujer que ni siquiera supo sostener la mentira diez minutos.

Patricia dio un paso al frente.

—No le hables así a mi hija.

Dante levantó la mano.

Patricia se quedó sin aire.

La orden no la tiró al suelo. Le cerró la garganta, le cortó la frase y le dejó los labios abiertos en una mueca furiosa. Dante seguía enfermo, el veneno le marcaba la piel con palidez y sudor frío, pero la manada obedeció antes de pensar.

Ese era el peso de un Alpha.

Milena lo sintió en los huesos y entendió por qué todos le temían.

Isadora tomó el papel de manos de Eliseo.

—El informe declara que Milena Cruz presenta sangre fértil alterada por contacto Alpha.

Un murmullo corrió por la sala.

No eran palabras inocentes. En una manada, un cachorro Alpha podía mover herencias, romper pactos, forzar ceremonias y darle al Consejo permiso para encerrar a una mujer en nombre de la sucesión. Una Cruz marcada por sangre rara y cercana al Alpha enfermo era justo la clase de escándalo que los Duarte necesitaban.

Querían poner una cadena nueva donde la primera todavía le quemaba la muñeca.

Milena levantó la barbilla.

—Quiero una prueba de luna.

Eliseo la miró con alarma.

—Eso exige aguja lunar.

—Lo sé.

—Si la sangre fue mezclada con acónito seco, la aguja va a jalar el veneno hacia la superficie. Duele.

—Me han dolido cosas peores.

Dante se acercó medio paso.

—Milena.

Ella no lo miró. Si lo hacía, iba a encontrar preocupación en sus ojos y la preocupación de Dante era peligrosa. Calentaba. Confundía. Le daba al bond dormido un motivo para levantar la cabeza.

—No voy a dejar que discutan mi vientre en una sala llena de desconocidos —dijo—. Si quieren usar mi sangre, la van a ver responder.

Lorena, apoyada contra la pared, cruzó los brazos.

—Tiene valor.

Milena la cortó con la mirada.

—Tengo rabia. El valor se lo dejo a quien tenga tiempo.

Isadora golpeó el bastón una vez.

—Hagan la prueba. Ahora.

La sala de la aguja estaba debajo del altar lunar. Bajaron por una escalera estrecha, tallada en piedra negra, hasta un cuarto sin ventanas donde el aire olía a sal, cera y pelo mojado de generaciones de lobos. Entraron Milena, Dante, Jacobo, Eliseo e Isadora. Valeria exigió pasar. Patricia gritó que una prueba sin familia Ríos era trampa.

Jacobo cerró la puerta en sus caras.

Milena agradeció el silencio.

Sobre una mesa baja había tres cuencos: agua lunar, sal negra y ceniza de laurel. En el centro descansaba la aguja. Hueso blanco, punta de plata bendecida, mango envuelto en hilo rojo.

Abuela Clara le había enseñado a no temerle.

No la llames magia, Mile. La sangre habla. Tú solo acercas el oído.

Eliseo le tomó la mano.

Dante se interpuso antes del corte.

—Si esto la daña, se detiene.

Milena le sostuvo la mirada.

—Si se detiene antes de probarlo, ellos ganan.

—No me importa ganar una discusión si usted cae.

—A mí sí. Porque la que cae soy yo.

El silencio pesó.

Dante bajó la mano, lento.

Eliseo hizo una incisión pequeña en la yema de Milena. Una gota cayó al agua.

La sangre no se abrió.

Se hundió en un hilo rojo, firme, vivo.

Milena tomó la aguja. La plata le mordió la piel. Sus cicatrices ardieron con una memoria vieja y su lobo enterrada raspó dentro de ella, furiosa por el metal.

Dante lo olió.

—Suéltela.

—Quédese ahí.

Clavó la punta en el borde del cuenco.

El agua tembló.

La sangre subió en espiral. Por un segundo fue limpia. Luego apareció una mancha negra pegada al hilo rojo, una costra ajena, amarga, con olor a tierra podrida.

Eliseo se inclinó.

—Acónito seco.

—En el informe —dijo Milena, con los dientes apretados—. No en mi cuerpo.

Movió la aguja.

El frío le entró por los dedos y le subió hasta el codo. La aguja no curaba; cobraba. Le robó calor, le robó pulso, le robó aire. Milena siguió moviéndola hasta que la mancha negra se despegó del hilo rojo.

La sala pareció inclinarse.

Dante llegó a su lado.

—Basta.

—Todavía no.

La mancha cayó al fondo del cuenco. El agua se aclaró. El hilo rojo se abrió y dibujó una media luna perfecta.

Eliseo soltó una respiración rota.

—No hay embarazo. No hay sangre de cachorro. El informe fue fabricado con sangre contaminada y nombre falso.

Milena apoyó ambas manos en la mesa para no caer.

—Más fuerte.

Eliseo levantó la voz.

—Milena Cruz no está embarazada. Ningún cachorro Alpha fue probado. El informe es falso.

Jacobo abrió la puerta y repitió la declaración hacia el pasillo.

Afuera estalló el ruido.

Patricia gritó. Valeria guardó silencio.

Ese silencio le gustó menos a Milena.

Isadora miró el cuenco, luego a Milena.

—Que conste en acta lunar. Alguien usó veneno y registro de sangre para forzar una acusación contra una mujer bajo protección Alpha.

—Bajo protección de sí misma —corrigió Milena.

La Anciana no sonrió, pero sus ojos cambiaron.

Los dedos de Milena estaban azules.

Dante le tomó la mano entre las suyas antes de que ella pudiera esconderla. El calor de él la golpeó con una violencia dulce. Cedro negro, lluvia, sangre limpia bajo el veneno. La sala se redujo a su pulgar sobre la yema cortada, a la presión contenida de sus dedos, al tirón del vínculo que ninguno se atrevía a nombrar.

Milena quiso apartarse.

Tardó un segundo de más.

Eliseo lo vio.

Isadora también.

Milena recuperó la mano.

—La aguja cobra —dijo, seca.

—Yo también —respondió Dante en voz baja—. Y alguien va a pagar esto.

La puerta se abrió de golpe.

Un hombre entró sin esperar permiso. Alto, empapado por la lluvia, chaqueta oscura pegada a los hombros, ojos verdes con el brillo de un lobo que no había venido a pedir favores. Dos guerreros de otra manada lo siguieron hasta el umbral.

No inclinó la cabeza ante Dante.

Jacobo se puso rígido.

—Gael Escudero.

Dante mostró apenas los dientes.

—Estás en mi territorio.

Gael miró primero el cuenco, después la mano herida de Milena.

—Y tú tienes a la única sanadora que puede salvar a Don Octavio.

Milena sintió que otra guerra entraba al cuarto con las botas mojadas.

Gael le habló a ella, no a Dante.

—Milena Cruz, mi abuelo está muriendo por veneno Duarte. Necesito que venga conmigo.

Dante se colocó delante de Milena.

—No.

Gael no parpadeó.

—Entonces tu guerra con Escudero empieza esta noche.

1
Lucia Feliciano Falcao
Ellos ya empiezan a comunicarse sin que uno conozca el otro.🤔🤔🤔
Luz Mery Suarez
y como l embarazo ❓ si estaba más muerto tenía la lápida pegada en el trasero 😂😂
Luz Mery Suarez
Milena
Martha de la Rosa
👏👏👏👏woooooo
Martha de la Rosa
va empezando la lectura y ya me atrapó 👏
Marianella Luquez
Entiendo que la protagonista pasó por una serie de vicisitudes, también entiendo que no pueden aparearse por la maldición de Dante. Pero ni un 🫂 ni un 😘 o 🔥😁😁😁😁😁😁
Hecate ⚡🐍🔥🗡️
no sé entiende es difícil seguir l narrativa salta de una cosa a otra no explica bien ella se hace la fuerte y lo hace sufrir cuando ella quiere estar con el es un juego parece es no me toques pero si tocame raro no se entiende
Hecate ⚡🐍🔥🗡️
está muy complicado leerla y entenderla quien es Duarte no se entiende y que es ella muchas vueltas nada concreto
Lourdes Margarita Santana Velarde
preciosa, gracias Sra. ( Señorita ) Autora, es la narración o explicación más hermosa y sencilla q he leído, sin ser vulgar Pero sin escribir las palabras exactas, se sintió muy románticas, m enamoré d ste capitulo
Lourdes Margarita Santana Velarde
yo stoy pasando lecturas, solo stoy leyendo lo q veo interesante
Lourdes Margarita Santana Velarde
tampoco entiendo xq ella no termina d aceptarlo
Leticia V
felicidades
Lourdes Margarita Santana Velarde
por ls momentos a mi también, ls 3 últimas q he leído m han decepcionado mucho
Borja
por favor, cada momento es más tenso
Lourdes Margarita Santana Velarde
yo opino lo mismo
Borja
esa es la fuerza de una verdadera Luna luchadora 👍
Borja
quiero saber cómo va a desenredarse esta maraña
Yudis Zorrilla
🤭🤭🤭🤭😂
Yudis Zorrilla
😭😭😭😭😭😭
Pilo
extraordinaria tu historia, me encantó de inicio a fin. me gusta leer historias de mates y lobos, pero esta fue diferente, te felicito escritora y que siga fluyendo tu inspiración, espero leer otra historia igual o mejor que esta, aunque te ratificó para mí es maravillosa.🤗👌👍
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