Una joven que sufrió la violencia y la humillación pública más desgarradora regresa irreconocible al lugar de su pesadilla, convertida en alguien que ya no tiene miedo y viene por lo que le pertenece.
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CAPÍTULO 12 — UNA TARDE SOLO PARA NOSOTROS
“Hay momentos que parecen simples mientras los vives, pero terminan quedándose para siempre en el corazón.”
El viernes, cuando terminó la última clase, estaba guardando mis cuadernos cuando Demián se acercó a mi puesto. Me miró con esa sonrisa que últimamente conseguía ponerme nerviosa sin siquiera intentarlo. —Sophie, ¿qué haces mañana? —me preguntó. Le respondí que no tenía planes y entonces me sorprendió con una invitación al cine. No pude evitar sonreír. Me encantaba la idea de pasar tiempo con él, así que acepté inmediatamente. Antes de irse me dijo que él se encargaría de elegir la película y que sería una sorpresa.
Durante toda la tarde estuve pensando en nuestra salida. No era la primera vez que estábamos juntos, pero había algo diferente en saber que al día siguiente tendría unas horas solamente para mí y para él. Me acosté pensando en qué película elegiría y terminé quedándome dormida con una sonrisa.
El sábado llegó demasiado rápido. Cuando recibí su mensaje avisándome que ya había llegado, bajé casi corriendo. Lo encontré esperándome y, apenas me vio, sonrió. —Hola —me dijo. —Hola —respondí mientras me acercaba. Durante el camino comenzamos a conversar y terminamos riéndonos de cosas completamente tontas.
Demián me contó una historia de cuando era pequeño y yo no podía parar de reír. —No puedo creer que hayas hecho eso —le dije. Él se defendió diciendo que era pequeño, pero eso solamente consiguió que me riera más.
Cuando llegamos al cine, finalmente descubrí la película que había elegido. Era justamente una que quería ver desde hacía tiempo. —Sabía que te gustaría —me dijo. Compramos las entradas y algo para comer antes de entrar a la sala. Yo intentaba actuar con normalidad, pero por dentro estaba demasiado feliz.
Nos sentamos juntos y, cuando las luces se apagaron, comenzó la película. Al principio permanecimos atentos a la pantalla, pero después nuestras manos quedaron muy cerca. Sentí cómo sus dedos rozaban los míos y lo miré de reojo. Él también me estaba mirando. No dijimos nada. Simplemente tomó mi mano y entrelazó sus dedos con los míos. Sentí que el corazón me latía más rápido, pero no quise soltarlo. Me quedé así durante toda la película, disfrutando de aquel pequeño momento que solamente nosotros entendíamos.
Cuando salimos, caminamos sin ninguna prisa. Compramos algo para comer y nos sentamos a conversar. Hablamos de nuestros sueños, de las cosas que queríamos hacer algún día y de lo que esperábamos del futuro. Me gustaba escucharlo hablar porque sentía que cada vez conocía una parte nueva de él. En un momento me preguntó qué era lo que más me hacía feliz. Me quedé pensando unos segundos y terminé respondiendo que estar con las personas que quería. Él sonrió y me preguntó si él estaba dentro de esas personas. Lo miré y le dije que sí. Su sonrisa fue suficiente para hacerme sentir especial.
Después seguimos caminando por el centro comercial, entrando a algunas tiendas y riéndonos de cualquier cosa. El tiempo pasó demasiado rápido. Cuando finalmente llegó la hora de volver, ninguno de los dos parecía querer que terminara la tarde. En el camino permanecimos tranquilos, recordando algunos de los momentos más divertidos del día.
Cuando llegamos, me quedé unos segundos antes de despedirme. —Gracias por hoy —le dije. Demián me sonrió y respondió que él también lo había pasado increíble. Antes de bajar, me dijo que quería repetir aquella salida. —Entonces tendremos que hacerlo otra vez —respondí sonriendo.
Entré a casa y subí directamente a mi habitación. Me senté en la cama y miré el anillo que llevaba en mi dedo. Recordé nuestras risas, nuestras conversaciones y aquel momento en que tomó mi mano durante la película. Sonreí para mí misma. No necesitaba nada más. Aquella tarde había sido perfecta simplemente porque había estado con él.
Esa noche recibí un último mensaje suyo: “Me gustó mucho estar contigo hoy”. Lo leí varias veces antes de responderle que a mí también. Dejé el teléfono a un lado y cerré los ojos.
Por primera vez en mucho tiempo sentí que estaba exactamente donde quería estar.