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Noventa Días Para Equivocarme

Noventa Días Para Equivocarme

Status: Terminada
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amor eterno / Completas
Popularitas:53.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

10 años de trabajo. Un imperio millonario. Y solo 90 días de vida.
Para el mundo, yo era la ejecutiva perfecta; para mi familia, solo una tarjeta de crédito. Nadie me quería de verdad, hasta que un diagnóstico terminal lo cambió todo: me quedan tres meses.
Si voy a morir, romperé cada una de las reglas que me mantuvieron cautiva.
Sin pensarlo dos veces, caminé directo al despacho de mi mayor rival en los negocios: el hombre más arrogante, insufrible y provocador que conozco. Esta vez no vine a hacer negocios... vine a vivir aunque sea una farsa.
¿Qué tan lejos llegarías si supieras que no tienes nada que perder?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo VII La noche de la gala

Punto de vista de Victoria

El dolor de vientre seguía allí, sordo y constante como un latido traicionero que me trituraba las entrañas por dentro, pero no me permití pestañear ni un solo segundo. Me retoqué el labial rojo frente al espejo del auto, verifiqué que el vestido de seda negro ajustado no dejara traslucir nada más que un control absoluto y descendí del vehículo.

Los destellos de las cámaras y el murmullo de la élite de la ciudad nos recibieron en la entrada del gran salón de la residencia de los Castañeda. Caminé con la cabeza en alto, pisando firme sobre mis tacones de diez centímetros, sintiendo cómo el aire se congelaba a mi alrededor y cómo cada mirada se posaba sobre mi figura. Todos esperaban verme abatida tras los rumores de mi colapso en la reunión de ayer; la alta sociedad y los buitres corporativos necesitaban ver si la heredera del imperio Valenzuela mostraba alguna grieta, si la mujer que los había arrollado en los negocios durante la última década finalmente se estaba desmoronando.

Les regalé mi mejor sonrisa fría, pulida e inalcanzable. Yo no competía por un espacio en ese salón; ese salón me pertenecía desde el momento en que crucé las puertas.

—Míralos a todos, Adriana —le murmuré a mi asistente, quien caminaba a dos pasos de mí, tan tensa que parecía a punto de hiperventilar—. Están esperando a que tropiece. Creen que un dolor de estómago ridículo va a tirarme al suelo. Asegúrate de que los ejecutivos de Onetto tengan la propuesta actualizada en sus correos antes de que termine la noche. No quiero ningún cabo suelto.

—Sí, jefa. Todo está listo —respondió en un susurro cargado de aprensión—. Pero, por favor, si siente un pinchazo más fuerte... el doctor Rivas dijo que no debía hacer grandes esfuerzos...

—Estoy perfecta —la corté con una frialdad tajante antes de que pudiera terminar la frase—. Guarda tus preocupaciones para alguien que las pida.

Ajusté mi postura, levanté el mentón y me abrí paso entre los empresarios más influyentes de la región, saludando con inclinaciones de cabeza calculadas y marcando mi territorio con la determinación de siempre. Mi padre había preferido el camino cobarde de huir cuando la presión lo sobrepasó, pero yo no era él. Yo no me rompía.

Punto de vista de Sebastián

Estaba conversando en una mesa alta con Don Aurelio Castañeda, sosteniendo una conversación aburrida sobre las fluctuaciones del mercado inmobiliario, cuando el murmullo de la sala cambió drásticamente de tono. La música de cámara pareció quedar en segundo plano y el ambiente se cargó de una electricidad casi tangible. Giré la cabeza hacia la entrada principal y, por un segundo que pareció una eternidad, me olvidé de lo que estaba diciendo. Ahí estaba ella.

Victoria cruzó el umbral luciendo como una diosa inalcanzable vestida para una guerra elegante. El corte del vestido negro resaltaba la palidez de su piel y la curvatura de su espalda, pero en la firmeza de sus ojos oscuros no había rastro de la mujer frágil y desamparada que había colapsado en mis brazos apenas veinticuatro horas atrás. Se movía con una elegancia feroz, dominando la atención de cada hombre y mujer en el recinto sin siquiera esforzarse.

Mis ojos brillaron con una mezcla involuntaria de orgullo, frustración y una devoción contenida que me quemó la garganta. Era sencillamente alucinante. Cualquier otra persona en su lugar estaría reposando en una cama de clínica, dopada con analgésicos y exigiendo cuidados, pero Victoria Valenzuela había decidido vestirse de gala, levantarse como una reina y caminar sobre espinas solo para recordarle al mundo entero quién mandaba.

—Esa mujer va a terminar matándote o matándose ella misma, Alarcón —comentó Don Aurelio a mi lado, observando la dirección de mi mirada con una sonrisa sabia y pausada.

—Tal vez las dos cosas al mismo tiempo, Don Aurelio —murmuré sin poder despegar los ojos de la curva de su cuello—. Si me disculpa un momento, hay un asunto comercial que debo atender personalmente.

Tomé dos copas de champán de la bandeja dorada de un camarero que pasaba y me encaminé directamente hacia ella, ignorando los saludos de los ejecutivos que intentaban cortarme el paso. Necesitaba estar cerca. Necesitaba mirarla a los ojos a escasos centímetros para comprobar si ese brillo en su mirada era pura determinación o la fiebre disfrazada de orgullo antes de la caída.

Punto de vista de Selene

Desde el otro extremo del salón, junto a la barra de mármol, apreté el tallo de la copa de cristal con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos. Pensé que el vidrio se rompería en mi mano.

Me había pasado tres horas enteras frente al espejo maquillándome, peinándome con ondas perfectas y ajustándome el vestido verde esmeralda para asegurarme de que Sebastián Alarcón no tuviera más remedio que notar mi presencia. Había ensayado cada postura, cada movimiento de pestañas y cada sonrisa. Cuando por fin lo vi al fondo de la sala, impecable, imponente con su traje a medida y esa aura de poder que lo rodeaba, sentí que el corazón se me salía del pecho. Era el hombre que merecía estar a mi lado.

Pero en cuanto la estúpida de Victoria puso un pie en la fiesta, el universo de Sebastián se redujo a ella.

Vi cómo sus ojos se encendieron de inmediato. Vi la forma en que su cuerpo se puso rígido, cómo dejó hablando solo a Don Aurelio Castañeda uno de los hombres más ricos del país y cómo su mirada recorrió a mi hermana con una fascinación oscura y profunda que jamás le había visto dedicar a ninguna otra mujer. Ni siquiera me había registrado a mí, a pesar de que pasé a menos de dos metros de su mesa hace un instante.

—Mírala —susurré con la voz envenenada por la rabia, acercándome a mi madre, quien observaba la escena con la misma frialdad distante de siempre—. Siempre tiene que ser el centro de atención. Siempre tiene que arruinarlo todo con su sola presencia.

—Cálmate, Selene. La gente nos está viendo y no quiero un espectáculo —me reprendió mi madre en un murmullo rígido, acomodándose las joyas del cuello—. Controla esa cara.

—¡No me pidas que me calme, mamá! —siseé entre dientes, viendo cómo Sebastián caminaba con paso decidido hacia Victoria sosteniendo dos copas y regalándole esa sonrisa magnética que me volvía loca—. Él ni siquiera sabe que existo porque ella está ahí, haciéndose la mujer de hierro y la inalcanzable como siempre. La odio. Te juro por la memoria de mi papá que la odio.

Giré sobre mis tacones y me tragué el resto de la bebida de un solo golpe. Si Victoria creía que se quedaría con la atención de Sebastián esa noche solo por jugar a ser la ejecutiva estrella, estaba muy equivocada. Esta noche yo no iba a ser un simple adorno en su sombra.

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Perla Arbos
Historia muy interesante!!!. Felicitaciones!!!
Silvia Muñoz Muñoz
Que bella historia ,excelente gracias autora
Ysabel Correa: Gracias a ti por el apoyo y espero sigas apoyando mi trabajo 🫂
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yuyis
yo si dije esa no no es la mamá y a Víctoria la estan enfermando
yuyis
si es tan. orgullosa
yuyis
sera q victoria es hija de solo el papá??
yuyis
cómo siempre las vividoras. dignas
yuyis
por q será q dejamos la salud para lo último
Ysabel Correa: Es como si nos importara lo que realmente importa.
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yuyis
por q será q dejamos la salud para lo último
Dach Chavez
Me encanto esta novela
Ysabel Correa: Graciaaaaas 🥰
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Honoria Garcia
muchas gracias por compartir con nosotros tu novela
Pris
Muy bella y entretenida historia
Ysabel Correa: Gracias 🥰
total 1 replies
Dach Chavez
👏👏👏 gracias, que grandioso capítulo 😭😭😭
Pris
Me parece que la mamá de alguna forma la está envenenando y sabe que el diagnóstico es falso. Ella lo mano hacer.
Doris Torre
me encanto es muy buena 👌
Pris
Quizás le hagan como le hicieron a una amiga, le quitaron el estomago y le unieron el esófago y con los intestinos.
yals
muy recomendable ne encantó triunfo el amor
Ysabel Correa: Gracias por la recomendación 🫂
total 1 replies
yals
me encantan tus novelas cortas y muy bien desarrolladas, felicidades
Ysabel Correa: Con gusto las escribo para ustedes ☺️
total 1 replies
Jane Osorio Miranda
muy buen final mis felicitaciones a Sra autora y por supuesto la justicia y el amor siempre triunfan
Ysabel Correa: Gracias 🫂
total 1 replies
Jane Osorio Miranda
muy buen final mis felicitaciones a Sra autora y por supuesto la justicia y el amor siempre triunfan
Jane Osorio Miranda
/Cleaver//Skull//Skull/
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