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Me Enamore De Mi Sobrina

Me Enamore De Mi Sobrina

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Malentendidos
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con Daniela y Marcos.

Según la gente, ellos son tío y sobrina. Así los llaman y así los ven desde siempre.

Por eso, cuando empiezan a surgir sentimientos entre ellos, todos creen que es un amor prohibido, porque piensan que Daniela y Marcos son familia y que no pueden estar juntos.

Pero la verdad es otra.

Marcos no es su tío. No existe ningún parentesco familiar entre ellos y no llevan la misma sangre. Él simplemente es amigo de la mamá de Daniela y, como se he criado a Daniela ella comenzo a llamarlo “tío”.

Pero para Daniela y Marcos, la verdad siempre fue diferente: él no es su tío, solo es el amigo de su mamá.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18 — ¿Esto es por mi bien?

Narra Daniela

Yo todavía seguía llorando en el piso de la sala.

La puerta acababa de cerrarse y Marcos ya se había ido con los policías.

Sentía un vacío horrible en el pecho.

Mi mamá estaba parada frente a mí, mirándome seria.

—Daniela, levántese del piso y vaya arreglando sus maletas.

Levanté la mirada lentamente.

—¿Para qué?

—Te vas a ir a un internado en España.

Sentí que el corazón se me partió todavía más.

—¿Qué?

—Lo que escuchó. Va a empezar una nueva vida lejos de todo esto.

Me levanté del piso con las piernas temblando.

—Te odio.

Mi mamá se quedó mirándome.

—Lo hago por tu bien, niña.

Solté una risa llena de dolor.

—¿Por mi bien?

—Sí.

—¿Usted de verdad cree que hizo bien separándome del hombre que amo?

—Ese hombre te está haciendo daño.

—¡No me está haciendo daño!

—¡Te metió en una situación en la que ahora estás embarazada!

Me llevé una mano al vientre.

—¡Y ese bebé también es de él!

—¡Precisamente por eso!

—¿Precisamente por eso qué?

—Porque necesitás pensar en tu futuro.

—¡Yo ya pensé en mi futuro!

—No, Daniela. Estás tomando decisiones sin pensar en las consecuencias.

—¡Yo lo amo!

—El amor no es suficiente.

—Para mí sí importa.

Mi mamá negó con la cabeza.

—Estás confundida.

—¡No estoy confundida!

—Sos mi hija y yo sé lo que te conviene.

—¡No! —grité—. Usted cree que sabe lo que me conviene, pero nunca me preguntó qué quería yo.

—Porque a veces una mamá tiene que tomar decisiones difíciles.

—¡Pero esta decisión es sobre mi vida!

—¡Soy tu mamá!

—¡Y yo soy una persona, mamá! ¡No soy una muñeca que usted puede mandar de un lado para otro!

Ella se quedó callada.

Yo seguía llorando.

—¿Usted sabe qué siento? —pregunté—. Hace unos minutos se llevaron al hombre que amo y ahora usted quiere mandarme a otro país.

—Lo hago porque quiero protegerte.

—¡Yo no necesito que me proteja de Marcos!

—¡No lo conocés como yo!

—¡Sí lo conozco!

—¡Es mi mejor amigo!

—¡Y también es el hombre que amo!

Mi mamá apretó los labios.

—No voy a aceptar esa relación.

—Pues tendrá que aceptarla.

—No mientras vivas bajo mi techo.

Sentí una rabia enorme.

—Entonces me voy a ir.

—¿A dónde?

—No sé.

—No seas irresponsable.

—¿Irresponsable? ¿Usted me acaba de decir que me va a mandar a España contra mi voluntad y yo soy la irresponsable?

—Es un internado. Vas a estar cuidada.

—¡Yo no quiero estar cuidada! ¡Quiero estar con mi familia y con el papá de mi hijo!

Mi mamá se quedó mirándome.

—Marcos no va a volver.

Sentí un golpe en el pecho.

—No diga eso.

—Es la realidad.

—No.

—Daniela...

—¡No!

Las lágrimas me volvieron a caer.

—Él me prometió que iba a volver por mí.

—Las promesas no siempre se cumplen.

—La de él sí.

Mi mamá respiró profundamente.

—Subí a tu habitación y arreglá las maletas.

—No.

—Daniela.

—¡No me voy!

—No te estoy preguntando.

—¡Y yo tampoco estoy pidiendo permiso!

Nos quedamos mirándonos.

Por primera vez sentí que estaba enfrentándome directamente a mi propia mamá.

—Usted podrá separarme físicamente de Marcos —dije entre lágrimas—, pero no puede obligarme a dejar de amarlo.

Mi mamá no respondió.

Yo subí las escaleras lentamente.

Antes de entrar a mi habitación, volteé.

—Y tampoco puede hacer que mi hijo crezca pensando que su papá lo abandonó.

Cerré la puerta.

Me apoyé contra ella y volví a llorar.

Lo único que tenía claro era que no pensaba rendirme.

Porque Marcos me había prometido que volvería.

Y yo iba a esperarlo.

1
Deyda Ninorca Sanchez Batista
porque no lo visitaste
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