NovelToon NovelToon
La maestra que será nuestra madrastra

La maestra que será nuestra madrastra

Status: Terminada
Genre:CEO / Padre soltero / Reencuentro / Donde hubo fuego cenizas quedan / Completas
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Aurora Medina llega a la capital con una misión: domar al grupo más rebelde del exclusivo Colegio Altamira, un aula de hijos de millonarios que ya hizo renunciar a cinco tutores. Lo que no imagina es que, detrás de esos dos gemelos insoportables que le declaran la guerra, se esconde el hombre que le rompió el corazón doce años atrás… justo antes de llegar al altar.

Alejandro Bustamante lo tiene todo: dinero, poder y una frialdad que congela salas de juntas. Todo, menos a la única mujer que amó. Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, él está dispuesto a usar cualquier arma para reconquistarla. Incluso a sus propios hijos.

Pero entre ellos hay una herida vieja, una verdad enterrada y una mentira que destruyó dos vidas. Y mientras el hielo empieza a derretirse, no todos quieren ver a Aurora convertida en la nueva señora Bustamante…

¿Podrá Aurora perdonar el pasado y aceptar el lugar que el destino le tenía reservado: el de madre de los hijos del hombre al que juró no volver a amar?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Cerca de la hora de salida, el ambiente en torno a las rejas y el estacionamiento se veía animado por el vaivén de los autos de los padres de familia. Pero, entre la fila de tantos vehículos, la presencia de la camioneta blanca de lujo de Alejandro se convirtió, por supuesto, en el centro de todas las miradas.

Él había venido más temprano a propósito para recoger en persona a Mateo y a Martina. Sin embargo, tras la excusa de pasar por los gemelos se escondía una intención principal que le había estremecido el pecho de calidez todo el día: quería volver a ver el hermoso rostro de Aurora antes de que cayera la noche.

No muy lejos de donde él estaba estacionado, al otro lado de la calle, tras los cristales oscuros de un auto negro apenas visible, un hombre de traje oscuro sostenía el teléfono contra la oreja. Aquellos ojos afilados, los de un hombre llamado Rodolfo, vigilaban desde la distancia cada movimiento de Alejandro.

—Le informo, señora: el señor Alejandro está recogiendo en persona al niño Mateo y a la niña Martina. Y… he visto al señor Alejandro reencontrarse con la profesora Aurora en el estacionamiento —informó Rodolfo con voz baja pero firme a través de la línea telefónica.

En otro lugar, más exactamente en la sala de la majestuosa mansión de los Bustamante, doña Carmen escuchaba el informe con la mandíbula tensa. La taza de porcelana que sostenía en la mano temblaba por la ira que le abrasó el pecho de golpe.

—¿Así que ahora Alejandro empieza a fingir cariño por los gemelos? —siseó doña Carmen con la voz trémula de rabia contenida—. Él, que durante más de diez años se mostró siempre indiferente, sin importarle su propia sangre, hasta el punto de considerarlos siempre una vergüenza… ¿ahora, con tal de conquistar a esa mujer pobre y pueblerina, se rebaja a montar toda esta pantomima? ¡De verdad me repugna!

Doña Carmen apretó el puño con tanta fuerza que la palma y los dedos se le pusieron blancos; la ira y la inquietud se le mezclaban en el pecho.

—¡Sigue vigilando a mi hijo, Rodolfo! Que no se te escape ni un solo movimiento —ordenó doña Carmen con un tono frío y cargado de énfasis—. Tengo que ajustar cuentas cuanto antes con esa mujer para que entre en razón y se aleje de una vez de mi hijo y de mis dos nietos.

—Entendido, señora. Así lo haré —respondió Rodolfo antes de cortar la llamada.

Mientras el acecho del peligro vigilaba en la distancia, el ambiente en un rincón del estacionamiento del colegio era justo el contrario. Mateo y Martina, que acababan de salir por las rejas, corrieron hacia su padre, de pie muy firme junto a su auto. Detrás de los gemelos, Aurora caminaba despacio, acompañando a sus alumnos.

Al ver a Aurora, Alejandro le dedicó de inmediato su sonrisa más cálida y sincera, sin reparar en las miradas de extrañeza de algunos padres de familia alrededor.

Aurora se detuvo cerca de la puerta del auto de Alejandro, sujetando la correa de su bolso de trabajo con los dedos un poco temblorosos. Aunque por dentro le brotaba una calidez y sentía ganas de saltar de alegría al ver el cambio de actitud de Alejandro, tan atento y dulce con ella, se esforzó por mantener su dignidad y su profesionalidad como maestra delante de los niños.

—Señor Alejandro… —lo llamó Aurora con dulzura, con un rostro que procuró que sonara lo más neutro y sereno posible—. Quiero darle muchas gracias por el postre saludable que envió esta mañana con Mateo y Martina. Estaba riquísimo y me ayudó muchísimo a recuperar las fuerzas.

Al oír aquel agradecimiento directo de los labios de Aurora, el brillo de felicidad se hizo aún más patente en los ojos de Alejandro. El hombre carraspeó suavemente, tratando de controlar los latidos desbocados de su corazón.

—De nada, Aurora… quiero decir, profesora Aurora —dijo Alejandro, corrigiéndose delante de los niños—. Ese postre lo encargué especialmente para reponerse de una gripe fuerte. Lo importante es que ya se sienta mejor.

—Sí, profesora, el postre de mi papá se lo terminó en el recreo, ¿verdad? —añadió Martina con una amplia sonrisa, contenta también de ver a su maestra con mejor aspecto.

—Sí, Martina. Gracias, niños —respondió Aurora sonriendo con calidez, y luego miró de reojo a Alejandro con una expresión tierna que hizo que él contuviera un instante la respiración—. Bueno, cuídense en el camino, ¿de acuerdo?

Aurora agitó la mano mientras Mateo y Martina subían al auto. Alejandro asintió con intención, esbozando una sonrisa llena de promesas antes de rodear el vehículo para volver al asiento del conductor. Tras la calma en la actitud de Aurora, Alejandro sabía que el muro de hielo que amurallaba el corazón de la mujer que tanto amaba empezaba, poco a poco, a derretirse.

*

*

La noche se hacía cada vez más profunda. Tras disfrutar de un tazón de arroz frito caliente comprado a la entrada del callejón, Aurora y Dalia se sentaron a descansar en la modesta sala de su casa alquilada. El fresco de la noche traía una calidez muy propia entre las dos amigas.

Dalia se recostó en el respaldo del sofá y le dio un codazo a Aurora en el brazo, con una amplia sonrisa traviesa.

—Oye, Auro, ¿cómo va tu relación con el señor Alejandro? Seguro que hoy se volvieron a ver en el colegio, ¿no? —preguntó Dalia con tono pícaro, guiñándole el ojo una y otra vez.

Las mejillas de Aurora se sonrojaron al instante. Se apresuró a girar la cara para disimular la vergüenza.

—Ay, ¿qué dices, Dalia? ¡Qué relación ni qué nada! Solo somos la tutora y el padre de unos alumnos, nada más.

—Ya, ¡puro pretexto! Anda, no lo guardes tanto tiempo —rió Dalia, redoblando las bromas—. Si un viudo rico y guapo como él de pronto te pide matrimonio, ¡acéptalo enseguida, eh! Mira que si lo rechazas, ¡te lo quito de las manos!

—¡Ay… ni se te ocurra…! Eh… ¡ups! —Aurora se tapó la boca con las dos manos al darse cuenta de su reacción espontánea, y luego le dio una palmadita en el muslo a Dalia—. ¡Ay, cómo te gusta molestarme, Dalia! Además… Alejandro y yo no podemos estar juntos. El muro que nos separa es demasiado alto y demasiado fuerte —dijo Aurora en voz baja; su semblante, antes sonrojado, se ensombreció de pronto y se llenó de tristeza al recordar la enredada realidad que había entre ellos.

Dalia, que vio el cambio en el rostro de su amiga, apenas iba a consolarla cuando de repente se oyeron unos golpes bastante fuertes en la puerta del frente.

Toc, toc, toc.

—¿Quién será a estas horas de la noche? —murmuró Dalia, extrañada.

—Déjame a mí, Dalia —dijo Aurora poniéndose de pie y caminando hacia la puerta.

Pero, en cuanto tiró de la puerta de madera y la abrió, la sonrisa de Aurora se le borró por completo. El cuerpo se le quedó rígido en el umbral. Frente a ella había una mujer entrada en años, con una ropa lujosa que resultaba muy llamativa. Un collar de perlas le adornaba el cuello, y su mirada rebosaba altivez, frialdad y un odio profundo. Aquella mujer no era otra que doña Carmen, la madre de Alejandro.

Doña Carmen se cruzó de brazos, echó un vistazo fugaz a aquella casita alquilada con gesto de asco y luego fulminó a Aurora con una mirada despectiva.

—Vaya… ¿así que aquí es la casa de la sinvergüenza que se atreve a acercarse y coquetear con mi hijo? —siseó doña Carmen con una voz fría y punzante.

El corazón de Aurora pareció detenerse en seco. Sintió que el aire alrededor de su pecho se le enrarecía. Se quedó de piedra al oír aquella frase afilada que humillaba su dignidad. Su mente enseguida se echó a girar sin control. ¿Doña Carmen ya sabe quién soy en realidad? ¿Se acuerda de que soy la mujer del pueblo con la que Alejandro estuvo a punto de casarse? ¿O es por la vil calumnia que la difunta Cintia le sembró en su día, la que hizo que me odiara tanto?

Dalia, que oyó el alboroto y aquella frase insolente, corrió de inmediato hacia la puerta. De pie junto a Aurora, el pecho le rugía de rabia contenida. Miraba con furia a aquella anciana adinerada que llegaba sin el menor asomo de cortesía y, sin más, pisoteaba la dignidad de su amiga en su propia casa.

Continuará…

1
Graciela Saiz
Dalia no fue a la boda 🤔🤔🤔
Graciela Saiz
ahora a luchar contra la madre metiche y venenosa 🤬
Graciela Saiz
HABLA AURORA ! CONTESTA!
Graciela Saiz
yo creo , que ellos dos deberían tener una buena conversación sobre lo hechos , el más que nada el , 🤷
Leticia Baeza Vazquez
pues con tanto engaño y no ser la sangre pues no yamaba
Leticia Baeza Vazquez
q bueno q sufrió la perra desgraciada q hizo q la tomara x haberlo drogado maldita te lo cobro el karma
Leticia Baeza Vazquez
esa zorra de la nueva secretaria 😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor solo x darle gusto Alos padres así será de estúpida es una mujer estudiada pero parece una ignorante pendeja
Leticia Baeza Vazquez
espero y te des cuenta de la víbora q tienes x madre y esa maldita q bueno q se murió la desgraciada
Leticia Baeza Vazquez
esa mamada q ponen en todas las novelas afuerza aceptar lo q ofrecen si yo digo no es no y quién me obliga nadie osea era una porquería escritora ten más imaginación
Graciela Saiz: no , no somos así , somos peores , estupidas y manipulables ante el amor de un hombre, no hay excepción, mujer empoderada 😅
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
Haver escritora y deja la estupidez y q ella no puede decir No oque diablos osea la pones como estúpida manipulable x unos putos mocosos asco
Graciela Saiz: Señora Leticia, si tanto le desagrada , tiene la opción de no leerla , y respetar el trabajo de la autora, y si no escriba su propia historia 😏
total 1 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora no mames osea la humilló x una putizorra ofrecida y ahora resulta q x unos escuincles la BAS hacer una maldita manipulable osea asco q se de su lugar y consiga alguien mejor y la valore , si no espera de mi todas las críticas 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
eso de tener amigas zorras y disculpa escritora pero no la cages si dejas q ella y ese perro infiel desgraciado se quede con ella osea
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play