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BAJO EL DOMINIO DEL DEMONIO

BAJO EL DOMINIO DEL DEMONIO

Status: Terminada
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Villana / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Hace quince años, la dejaron en la calle, hambrienta y sin esperanza, con dos niños pequeños y una madre agonizante. Hoy, es "La Tiburón" en los corporativos de alta alcurnia y "El Demonio", la implacable jefa de la mafia que controla el país desde las sombras. Cuando su despreciable exmarido regresa buscando destruirla con la complicidad de la esposa de un poderoso magnate industrial, descubrirán demasiado tarde que han despertado al monstruo equivocado. Una guerra de poder, finanzas y venganza donde el amor y la supervivencia bailan al filo de una navaja.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL NEXO DE LA FAMILIA ELEGIDA Y LA CENA DEL PELIGRO

​La noche había caído sobre la metrópoli, envolviendo los rascacielos de cristal en un manto de luces neón y sombras alargadas. En la mansión privada de Amelia, la atmósfera era radicalmente distinta a la tensión corporativa de las oficinas centrales. En la amplia y moderna cocina, el aroma a comida casera preparada por Marta y Luisa se mezclaba con las risas estridentes de los más jóvenes.

​Diego, a sus die十七 años, le contaba a su abuela Teresa uno de sus divertidos enredos en la preparatoria, provocando la risa cálida de la anciana, mientras Martina revisaba con destreza inusual las pantallas de seguridad de la propiedad, asegurándose de que los perímetros estuvieran blindados contra cualquier intruso. Rosario, con su habitual paso tranquilo, servía una ronda de té caliente en el comedor principal.

​En el estudio privado de Amelia, la tranquilidad tenía matices de estrategia. Sentada en su sillón ejecutivo, con una copa de vino tinto y la luz tenue de una lámpara de escritorio, repasaba los documentos del contrato con el conglomerado de Sebastián Ferrer. La puerta se abrió sin previo aviso, revelando a Natalia Robles y a su esposo Héctor Medina, acompañados por sus hijos Emilio y Luna, quienes corrían a saludar a su "tía" postiza antes de ser interceptados por Bruno Ríos con una sonrisa fingida de severidad.

​—Vengo a exigir una explicación médica y psicológica de cómo diablos lograste dejar a "La Bestia" mudo en su propia sala de juntas —exclamó Natalia con una mezcla de admiración y regocijo, dejándose caer en uno de los sillones de cuero frente al escritorio—. Héctor no ha parado de hablar en todo el camino sobre cómo pusiste contra las cuerdas al magnate más frío y despiadado del país.

​Amelia soltó una carcajada suave, agitando el vino en su copa. —No hice nada extraordinario, Natalia. Simplemente le hablé con números reales y con la verdad de cómo se mueve el mercado de combustibles. A los hombres como Sebastián Ferrer no les impresulan los halagos; les fascina que alguien les plante cara sin temblarles el pulso.

​Héctor, acomodándose las gafas con una sonrisa irónica, intervino con cautela: —No te confíes tanto, Amelia. Sebastián no es un peón ordinario. Es un estratega nato, y lo peor de todo es que, por alguna razón, parece genuinamente intrigado por ti. En el almuerzo ejecutivo posterior, me preguntó de la nada si conocía detalles sobre tu vida personal antes de fundar Castañeda Holdings. Tuve que esquivar el tema con elegancia para no levantar sospechas sobre tu pasado en el puerto.

​La mención del pasado hizo que la mirada de Amelia se ensombreciera por una fracción de segundo. Aunque el imperio que había construido era sólido como el diamante, sabía que los fantasmas nunca descansan. Carlos Vargas y su exsuegra Gloria seguían rondando como buitres hambrientos, esperando una rendija por donde fracturar su seguridad, y ahora, la curiosidad de Sebastián Ferrer amenazaba con remover un subsuelo que ella prefería mantener sellado bajo siete llaves. Nadie, absolutamente nadie fuera de su círculo más íntimo y de su leal Bruno, sabía que la impecable CEO corporativa era también "El Demonio" de los muelles.

​—Que investiguen lo que quieran —respondió Amelia con una frialdad calculada, sus ojos ámbar brillando con destellos peligrosos—. Si Carlos intenta acercarse de nuevo, Bruno se encargará de recordarle por qué las ratas deben quedarse en las alcantarillas. Y en cuanto a Sebastián Ferrer... si quiere jugar con fuego, aprenderá muy rápido a quemarse las manos.

​La reunión familiar transcurrió entre risas, complicidad y la calidez de una "familia elegida" que había sobrevivido al infierno para saborear la victoria. Sin embargo, el destino, implacable, ya tenía preparada una jugada que pondría a prueba todas las defensas de Amelia.

​A pocos kilómetros de allí, en un exclusivo restaurante de la zona alta, Sebastián Ferrer cenaba en compañía de su esposa Bárbara Lázaro y su hijo mayor Hugo. Bárbara, como de costumbre, monopolizaba la conversación con quejas vacías sobre la alta sociedad y las revistas de moda, un hastío que Sebastián toleraba con la mandíbula tensa.

​—Por cierto, Sebastián —soltó Bárbara mientras cortaba su filete con desdén—, me enteré por unas amigas de la fundación que esa advenediza de Amelia Castañeda está intentando arrebatarte el contrato de las refinerías. Es una trepadora sin clase. Deberías aplastarla de inmediato y darle una lección a esa cualquiera. No entiendo cómo le das tribuna a mujeres de esa ralea.

​Sebastián dejó caer los cubiertos sobre el plato con un seco y contundente golpe que hizo saltar a Bárbara de su asiento. Sus oscuros ojos despidieron una chispa gélida y letal.

​—Vuelve a referirte a la señora Castañeda con ese desprecio, Bárbara, y te aseguro que te quedarás sin un solo centavo para tus desfiles de caridad y tus revistas de moda —espetó Sebastián con voz ronca, letalmente baja pero cargada de una autoridad absoluta que hizo temblar a su propia esposa.

​Hugo, el hijo mayor, miró a su padre con una mezcla de sorpresa y profunda curiosidad. Nunca antes había visto a su padre perder la compostura de esa manera por una competidora empresarial.

​Sebastián apartó la copa de vino sin probarla, con la mente fija en una sola cosa: la mujer de mirada de fuego que la tarde anterior lo había desafiado sin parpadear. El juego de ajedrez entre "La Bestia" y "La Tiburón" estaba a punto de traspasar los límites de los escritorios corporativos, directo hacia un abismo donde ninguno de los dos saldría ileso.

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