Del odio al amor solo hay un paso.
Cual camino eligieron nuestros protagonistas?
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Nuestro final feliz
Maximiliano se inclinó hacia su abdomen.
—Hola, pequeño. Tus padres están un poco locos, pero te quieren muchísimo.
Noor se rió.
—Eso sí es verdad.
Aquella noche terminó tarde.
Cuando todos se marcharon, Noor y Maximiliano se quedaron solos frente al mar.
Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.
—No puedo creer que finalmente estemos aquí.
—Yo tampoco.
—¿Te acuerdas de todo lo que vivimos?
Maximiliano asintió.
—A veces parece otra vida.
—Para mí también.
Se quedaron en silencio.
Después de un momento, Noor habló.
—¿Crees que nuestros hijos algún día conocerán toda esta historia?
Maximiliano sonrió.
—Cuando sean mayores.
—¿Y qué les diremos?
—La verdad.
Noor lo miró.
—¿Toda?
—Toda.
Ella sonrió.
—Entonces tendrán una historia bastante complicada.
—Pero con un buen final.
Noor negó lentamente.
—No.
Maximiliano la miró sorprendido.
—¿No?
—No tiene final.
Él entendió.
—Porque continúa.
Ella tomó su mano.
—Exactamente.
Años después
El tiempo pasó.
La casa junto al mar se llenó de risas.
Noor y Maximiliano tuvieron una hija.
La llamaron Amira
Era una niña alegre, curiosa y con una imaginación enorme.
Desde pequeña amaba los libros.
Noor estaba convencida de que era algo que había heredado de ella.
Maximiliano decía que era porque había crecido rodeada de historias.
Amira solía entrar al estudio de Noor y preguntar:
—Mamá, ¿por qué escribes tanto?
Noor sonreía.
—Porque algunas historias necesitan ser contadas.
—¿Y la nuestra?
Noor miraba a Maximiliano.
Él sonreía.
—La nuestra todavía se está escribiendo.
Con el paso de los años, Noor continuó escribiendo.
Su libro se convirtió en una de sus obras más importantes.
Muchas personas lo leyeron.
Algunas encontraron esperanza en sus páginas.
Otras comprendieron que podían comenzar nuevamente.
Pero Noor nunca contó públicamente todos los detalles.
Solo ella y Maximiliano conocían las partes más profundas de aquella historia.
Una tarde, años después de su boda, Noor se encontraba sentada en el jardín escribiendo las últimas páginas de un nuevo libro.
Amira jugaba cerca.
Maximiliano apareció detrás de ella con dos tazas de café.
—¿Otra historia de amor?
Noor sonrió.
—Esta vez es diferente.
—¿Por qué?
—Porque habla de dos personas que descubrieron que amar no significa vivir sin heridas.
Maximiliano se sentó a su lado.
—¿Y cómo termina?
Noor cerró el cuaderno.
—Todavía no lo sé.
—¿Cómo que no?
Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Porque nuestra historia todavía continúa.
Maximiliano sonrió.
La tomó de la mano.
A lo lejos comenzó a llover.
Amira corrió hacia ellos.
—¡Mamá! ¡Papá! ¡Está lloviendo!
Noor y Maximiliano se miraron.
—Parece que alguien quiere recordar nuestra primera cita —dijo él.
Noor comenzó a reír.
Amira los observó confundida.
—¿Qué primera cita?
Maximiliano miró a Noor.
—La historia es larga.
—Muy larga —agregó ella.
Amira sonrió.
—Entonces cuéntenmela.
Noor cerró su cuaderno.
Se acomodó junto a su hija y Maximiliano.
Y comenzó a contar.
Les habló de una joven que llegó a una ciudad buscando empezar de nuevo.
De un hombre que parecía incapaz de confiar.
De una lluvia.
De un libro.
De una mirada.
Les habló del amor.
Del miedo.
Del engaño.
Del odio.
De la venganza.
De una separación.
De dos personas que se perdieron y tuvieron que aprender a encontrarse nuevamente.
No ocultó que habían cometido errores.
Tampoco fingió que el camino había sido sencillo.
Pero cuando llegó a la parte en la que finalmente se reencontraron, Amira preguntó:
—¿Y después fueron felices para siempre?
Noor miró a Maximiliano.
Él sonrió.
Noor respondió:
—No exactamente.
Amira frunció el ceño.
—¿Entonces no tuvieron un final feliz?
Noor tomó su mano.
—Sí lo tuvimos.
—¿Entonces?
—El final feliz no fue vivir sin problemas.
Maximiliano continuó:
—Fue aprender a enfrentarlos juntos.
Noor acarició el cabello de su hija.
—Y entender que amar a alguien no significa dejar de amarte a ti misma.
Amira sonrió.
—¿Y todavía se quieren?
Maximiliano miró a Noor.
—Más que antes.
Ella apoyó su cabeza sobre su hombro.
—Muchísimo más.
Amira volvió a jugar.
Noor abrió nuevamente su cuaderno.
Miró las últimas palabras que había escrito.
Después tomó el bolígrafo y añadió una frase:
"El amor verdadero no es aquel que nunca conoce el dolor. Es aquel que, después de conocerlo, decide no convertirse en dolor."
Maximiliano leyó la frase.
—Ahora sí.
—¿Ahora sí qué?
—Ahora tienes tu final.
Noor negó con la cabeza.
—No.
—¿Otra vez?
Ella sonrió.
—No es un final.
—¿Qué es?
Noor miró a su esposo.
Después a su hija.
Finalmente miró hacia el mar.
—Es una nueva página.
Maximiliano tomó su mano.
La lluvia comenzó a caer con más fuerza.
Los tres corrieron hacia la casa entre risas.
Noor se volvió un instante para mirar el jardín.
Pensó en la mujer que había sido años atrás.
La joven que llegó a aquella ciudad con el corazón herido.
La mujer que había tenido miedo de volver a amar.
Nunca habría imaginado que aquella misma lluvia la llevaría hacia el hombre que cambiaría su vida.
Nunca habría imaginado cuánto dolor tendrían que atravesar.
Nunca habría imaginado que el amor también podía significar aprender a perdonar, poner límites, respetarse y volver a empezar.
Habían pasado por el odio.
Habían conocido la traición.
Habían llorado por el desamor.
Habían sentido deseos de vengarse.
Habían tenido miedo de perderse.
Y, sin embargo, habían encontrado el camino de regreso.
No porque el pasado hubiera desaparecido.
Sino porque dejaron de permitir que el pasado decidiera su futuro.
Noor entrelazó sus dedos con los de Maximiliano.
—¿Sabes qué pensé cuando te conocí?
Él sonrió.
—Que yo era un desconocido demasiado atrevido.
Noor comenzó a reír.
—Eso también.
—¿Qué más?
Ella lo miró.
—Que nunca volvería a enamorarme.
Maximiliano la besó en la frente.
—Y yo pensé que solo eras una desconocida que había chocado conmigo.
—Qué equivocados estábamos.
—Los dos.
Se abrazaron mientras Amira los observaba desde la puerta.
—¡Mamá! ¡Papá! ¡Vengan!
Noor sonrió.
—Vamos.
Los tres entraron en la casa.
La puerta se cerró detrás de ellos.
Afuera continuaba lloviendo.
La misma lluvia que había sido testigo del principio.
La misma lluvia que había acompañado sus momentos más difíciles.
Y ahora también estaba allí para acompañar su felicidad.
Porque algunas historias de amor no terminan cuando aparecen los problemas.
Algunas comienzan realmente después de ellos.
Y algunas personas no llegan a nuestra vida para salvarnos.
Llegan para caminar con nosotros mientras aprendemos a salvarnos a nosotros mismos.
Noor y Maximiliano habían aprendido esa lección de la manera más difícil.
Pero finalmente habían encontrado aquello que ambos habían buscado durante tantos años:
Un hogar.
Una familia.
Un amor basado en la confianza.
Y una esperanza que nunca volvió a desaparecer.
No necesitaban un cuento de hadas.
No necesitaban una vida perfecta.
Solo necesitaban seguir eligiéndose.
Una y otra vez.
Cada día.
Cada tormenta.
Cada amanecer.
Porque después de tanto odio, finalmente habían comprendido la verdad que llevaba años esperando ser escrita:
Donde termina el odio, comienza el amor.
Y donde comienza el amor verdadero, nunca es necesario decir adiós.
FIN