Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 7
El sol de la tarde se filtraba a través de las cortinas, pintando la habitación con un tono dorado y cálido. Camila estaba sentada en el borde de la cama, acariciando a Yogo, que dormía plácidamente a sus pies. Los últimos días habían sido difíciles, llenos de silencios y distancias. Pero esa mañana, Rafael la había llamado con una urgencia en la voz que la había inquietado.
—Necesito verte
le había dicho
—Tengo algo importante que decirte.
Camila llegó al apartamento con el corazón latiendo rápido. No sabía qué esperar, pero algo en el tono de Rafael le decía que aquel momento sería decisivo.
Rafael estaba en la sala, con una pequeña caja de terciopelo azul en la mano. Camila sintió que la respiración se le cortaba. Había visto esa caja en las películas, había soñado con ella en sus noches de soledad. Pero no podía creer que fuera real.
—Camila
dijo Rafael, arrodillándose frente a ella
—No te quiero perder, se que no estamos en el mejor momento pero, desde el día que te vi en el parque, supe que eras especial. Supe que habías llegado a mi vida para cambiarla para siempre. Y en estos meses, has sido mi luz, mi razón de ser, mi todo.
Camila sintió que las lágrimas comenzaban a brotar ella esperaba todo menos eso.
—Rafa...
—Déjame terminar
dijo él, con voz temblorosa pero firme
—Sé que hemos pasado por momentos difíciles, que ha habido silencios y dudas. Pero quiero que sepas que nunca he dudado de nosotros. Eres la mujer con la que quiero envejecer, la mujer con la que quiero compartir mis sueños, mis miedos, mi vida entera.
Abrió la caja y reveló un anillo de compromiso sencillo pero hermoso, con un diamante que brillaba como una estrella.
—Camila
dijo.
—¿quieres casarte conmigo?
Ella sintió que el corazón le explotaba de felicidad. Todo el miedo, toda la angustia de las últimas semanas, desapareció en ese instante. Solo existía él, solo existía ese momento, solo existía el amor que sentía por aquel hombre.
—Sí
respondió, con la voz quebrada por la emoción
— Sí, Rafael. Quiero casarme contigo.
Él le puso el anillo en el dedo y la besó con una pasión que selló su promesa. Se abrazaron, riendo y llorando al mismo tiempo, mientras Yogo movía la cola con alegría, como si supiera que algo maravilloso acababa de suceder.
Esa noche, celebraron con una cena íntima en el mismo restaurante italiano donde habían compartido tantos momentos especiales. Rafael le habló de sus planes, de la boda que quería, de la casa que construiría para ellos, de los hijos que algún día tendrían. Camila escuchaba, embriagada de felicidad, sintiendo que todos sus sueños se hacían realidad.
—Quiero que sea una boda bonita
dijo Rafael
—No demasiado grande, pero con las personas que amamos. Tu papá, mis amigos... todos.
Al mencionar a sus amigos, Camila sintió un escalofrío. Pensó en Fernando, en sus miradas, en sus comentarios. Pero se obligó a sonreír. No podía arruinar ese momento, no podía dejar que el miedo empañara su felicidad.
—Será perfecta
dijo
—Porque estaremos juntos.
La noticia del compromiso se extendió rápidamente. Don Teo, al saberlo, abrazó a Rafael con una emoción que no había mostrado en años.
—Cuídala, muchacho
dijo, con la voz entrecortada
— Cuídala como yo la he cuidado.
—Lo haré, señor
respondió Rafael
—Se lo prometo.
Los preparativos comenzaron de inmediato. Camila y su amiga Norma, la administradora de la escuela, se encargaron de los detalles, el vestido blanco que siempre había soñado, las flores, el pastel, la música. Norma notó que su amiga estaba radiante, pero también notó algo más, una sombra en sus ojos que aparecía cuando nadie miraba.
—¿Estás bien, Camila?
le preguntó una tarde, mientras elegían las invitaciones.
—Sí
respondió ella, con una sonrisa forzada
—Estoy feliz. Muy feliz.
Pero en el fondo, el miedo seguía allí. Fernando no había dejado de acosarla, y la idea de verlo en la boda, de tener que soportar sus miradas y sus comentarios, la aterraba. Pero no podía decir nada. No podía arruinar la felicidad de Rafael, no podía destruir su amistad con Fernando. O al menos, eso era lo que se repetía a sí misma.
Mientras tanto, en el apartamento de Fernando, la envidia lo consumía como un incendio. Había visto el anillo en el dedo de Camila, había visto la felicidad en sus ojos, y eso lo volvía loco.
—Se va a casar con él
dijo, con los dientes apretados
—Se va a casar con él y yo me voy a quedar mirando.
—Tal vez deberías dejarlo ir
dijo Rubén, con cautela
—Buscar a otra mujer.
—¡No!
gritó Fernando
—Ella es mía. Desde que la vi, supe que era mía. Y Rafael se la va a llevar. Pero no lo permitiré.
Tadeo y Rubén intercambiaron miradas nerviosas. Sabían que Fernando era capaz de cualquier cosa.
—¿Qué vas a hacer?
preguntó Tadeo.
Fernando sonrió, una sonrisa macabra que heló la sangre de sus cómplices.
—El día de la boda
dijo
—La secuestraremos en el camino hacia la iglesia. La llevaremos a un lugar lejos, donde nadie pueda encontrarla. Y entonces, será mía.
Rubén tragó saliva.
—¿Y si nos descubren?
—No lo harán
respondió Fernando
—Yo me encargaré de que todo salga perfecto. Y cuando hayamos terminado ella aborrecera a Rafael para siempre.
———
La noche antes de la boda, Camila no pudo dormir. Estaba acostada en su cama, mirando el techo, con Yogo acurrucado a su lado. El anillo brillaba en su dedo, un recordatorio de que el amor existía, de que la felicidad era posible. Pero también sentía un nudo en el estómago, una premonición de que algo malo iba a pasar.
—¿Estás nerviosa?
preguntó Don Teo, asomando la cabeza por la puerta.
—Un poco
admitió ella.
—Es normal
dijo él, entrando y sentándose en la cama
—El día antes de la boda siempre es así. Pero mañana, cuando veas a Rafael esperándote en el altar, todo el miedo desaparecerá.
Camila sonrió, pero su sonrisa no llegó a sus ojos.
—Gracias, papá.
—Te quiero, hija
dijo Don Teo, besándola en la frente
—Siempre te he querido.
Se fue, dejando a Camila sola con sus pensamientos. Ella miró el anillo, miró a Yogo, y trató de convencerse de que todo estaría bien.