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LA IMPOSTORA DE SU PROPIA VIDA

LA IMPOSTORA DE SU PROPIA VIDA

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Dos hermanas gemelas, idénticas en apariencia pero completamente distintas por dentro. La favorita de todos, hermosa y vanidosa, se casó con un hombre millonario y tuvo tres hijos, pero no ama a nadie: maltrata a sus pequeños, engaña a su esposo y solo se queda por su dinero. La otra, siempre ignorada y menospreciada, es dulce, tímida y muy inteligente, y nunca tuvo un lugar propio en el mundo. Hasta que un día la hermana caprichosa decide huir y le ordena que tome su lugar: que viva su vida, que finja ser ella, que soporte lo que ella ya no quiere. Y así comienza la historia de una chica que se convierte en impostora de su propia sangre, descubriendo que la vida que le dieron era mucho más valiosa de lo que nadie jamás supo ver.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5 MENTIRAS QUE SE VUELVEN VERDADES

El sol entraba por las cortinas de seda de la habitación principal cuando Elisa abrió los ojos. Por un instante se quedó inmóvil, escuchando el silencio pesado que llenaba la casa, un silencio que no era paz, sino espera. Se sentó despacio y miró sus manos: no eran las suyas, no eran las manos que durante años habían trabajado en la tienda de ropa barata, ni las que habían limpiado pisos para ayudar a su madre. Eran manos cuidadas, con uñas perfectas y anillos que brillaban apenas con la luz de la mañana.

Se levantó y caminó hacia el espejo grande que cubría toda una pared. Allí estaba ella —o mejor dicho, Valeria— mirándola desde el cristal. El mismo rostro hermoso, los mismos ojos oscuros, la misma sonrisa que parecía hecha para que todos la amaran sin cuestionar nada. Pero Elisa sabía la verdad: detrás de esa cara perfecta no había nada más que frialdad, egoísmo y un vacío que nada podía llenar.

—Soy yo —susurró—. Hoy soy yo. Y no voy a fallar.

Bajó las escaleras con cuidado, recordando cada paso que Valeria le había enseñado: la espalda recta, la mirada al frente, como si el mundo entero estuviera ahí para servirla y no al revés. Cuando llegó al comedor, los tres niños ya estaban sentados a la mesa, desayunando en silencio. Mateo, el mayor, levantó la vista apenas ella entró, pero no sonrió. Sofía miró sus manos, y Lucas, el pequeño, se encogió un poco sobre su silla.

El corazón de Elisa se apretó. Quería correr hacia ellos, abrazarlos, decirles que todo iba a estar bien, pero sabía que no podía. Tenía que ser Valeria, al menos por ahora.

—Buenos días —dijo, tratando de imitar el tono suave pero distante que su hermana usaba siempre.

Los niños solo asintieron. Ninguno respondió.

Eduardo entró en ese momento, vestido con un traje oscuro impecable. Se detuvo al lado de ella y le dio un beso rápido en la frente, sin detenerse.

—¿Dormiste bien? —preguntó, sirviéndose café.

—Sí, muy bien —respondió Elisa, sintiendo cómo le temblaban las manos bajo la mesa.

—Me alegra —dijo él, sin levantar la vista—. Hoy tengo una reunión importante y llegaré tarde. Espero que pases más tiempo con los niños hoy. La última vez que saliste, estuvieron solos todo el día.

Elisa sintió un nudo en la garganta. No sabía qué había hecho Valeria, pero entendió que no era la primera vez que los abandonaba.

—Lo haré —prometió ella—. Me quedaré aquí con ellos.

Eduardo la miró por un instante, como si estuviera buscando algo en sus ojos, pero luego asintió y se marchó.

Cuando la puerta se cerró, Elisa soltó el aire que había estado reteniendo y se giró hacia los niños. Los tres la miraban con desconfianza, como esperando que gritara o se fuera de nuevo.

—¿Quieren que juguemos? —preguntó con voz más suave, olvidando por un momento ser Valeria.

Mateo frunció el ceño.

—¿Jugar? —repitió él, como si no entendiera la palabra—. Tú nunca quieres jugar. Dices que somos molestos.

Las palabras le dolieron más que un golpe. Elisa se acercó despacio, sin sentarse demasiado cerca.

—A veces… a veces las personas cambian de opinión —dijo ella—. Hoy quiero estar con ustedes. De verdad.

Sofía levantó la cabeza, con los ojos brillantes.

—¿De verdad? —susurró la niña.

—De verdad —afirmó Elisa, sonriendo con ternura.

Pasaron la mañana juntos. Elisa ayudó a Lucas a armar sus bloques, escuchó a Sofía contar historias sobre sus muñecas y habló con Mateo de sus tareas escolares. Descubrió que el niño era muy inteligente, pero que siempre tenía miedo de equivocarse. Poco a poco, las caras serias de los niños se fueron suavizando. Por primera vez en mucho tiempo, se rieron.

Pero justo cuando la tarde empezaba a caer, el teléfono de la casa sonó. Elisa lo tomó sin pensar.

—¿Hola? —dijo.

La voz que respondió era la de Valeria, baja y llena de veneno.

—¿Te diviertes, hermana querida? —soltó con burla—. Cuidado. No te hagas demasiadas ilusiones. Esos niños no son tuyos. Esa vida no es tuya. Y si les dices una sola cosa que no debo, si te atreves a ser más amable con ellos que yo… te arruinaré. Te haré desear nunca haber nacido.

—Valeria, por favor —alcanzó a decir Elisa con voz temblorosa—. Ellos te necesitan. Te extrañan.

—No me necesitan a mí —escupió ella—. Necesitan mi dinero y mi apellido. Y tú… tú solo eres mi sombra. No lo olvides.

La llamada se cortó. Elisa se quedó con el teléfono en la mano, temblando de pies a cabeza. Había pensado que podría hacer el bien, que podría protegerlos, pero ahora entendía la verdad: Valeria no iba a dejarla en paz. No iba a soltar nada.

Esa noche, cuando los niños ya dormían, Elisa se sentó junto a la ventana oscura y miró hacia la distancia. Sabía que su hermana vendría. Sabía que la pelea apenas comenzaba. Pero mientras miró hacia la cama donde dormían los tres pequeños, supo una cosa con certeza: por primera vez en su vida, tenía algo que valía la pena defender. Y no iba a dejar que nadie se lo quitara.

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Graciela Calcaterra
Esto cada vez tiene menos sentido,no era que lo había dejado en el aula de la escuela? Y ahora resulta que está en la casa.Coherencia por favor,esto es una burla!
Graciela Calcaterra
Esto cada vez tiene menos sentido,no era que lo había dejado en el aula de la escuela? Y ahora resulta que está en la casa.Coherencia por favor,esto es una burla!
Graciela Calcaterra
Ahora se llama Eduardo no Leonardo,muy confusas está novela, repetís texto,confusa
nezhan: ¡Hola Graciela! Disculpa la confusión 🙏 Tienes toda la razón, cometí errores con el nombre y repeticiones de texto. Ya los corregí de inmediato. Muchas gracias por avisarme, de verdad lo valoro mucho. ¡Gracias por leer!
total 1 replies
Graciela Calcaterra
Tiene 23 años y un hijo de 8 años,lo tuvo a los 15 , entonces que se casó a los 14 años 🤔?
nezhan: ¡Hola! 😊 Muchas gracias por leer y por fijarte en ese detalle. Te lo explico: ella tiene 23 años y su hijo 8, lo que significa que lo tuvo a los 15 años, no que se casara a los 14. Esa confusión se debe a que al leerlo rápido puede parecer que digo que se casó a esa edad, pero en realidad se casó poco después de cumplir los 15, ya que en esa época y en ese entorno era costumbre hacerlo así al quedar embarazada. ¡Gracias por tu pregunta!
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